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La muerte en primera persona

Publicado por el ene 30, 2014 en Columnas | 0 comments

La muerte en primera persona

Milagros Socorro

La impunidad es factor de inseguridad ciudadana y es un tormento que se agrega al suplicio que viven los familiares de las víctimas de la violencia.

En Venezuela, la falta de justicia llega al extremo de que, según Nelson Fréitez, sociólogo y profesor de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, “el 95% de quienes cometen delitos están en la calle. El mensaje que recibe el delincuente es que puede seguir infringiendo la Ley sin ser castigado”.

Esta perspectiva es refrendada por el criminólogo Fermín Mármol, quien afirmó hace unos días, -a propósito del cruel asesinato de la pareja Berry-Spear, que conmocionó al país y nos puso ante los ojos la verdadera situación de anomia que estamos viviendo-, que “las instituciones públicas en Venezuela no cumplen con su labor de prevenir y reprimir el delito; y eso hace que solo se resuelvan ocho de cada 100 asesinatos”.

“La impunidad”, dijo Mármol León, “genera imitación, hace que muchos jóvenes se sumen a las filas de las bandas criminales porque ven el delito rentable y de poco riesgo”.

En suma, el delincuente no tiene razones para no serlo. Sabe que no va a ser castigado y las instituciones solo se movilizan ante casos que resultan demasiado visibles para la opinión pública nacional e internacional.

Al mismo tiempo, los casos son tantos que irremisiblemente van saliendo del debate, se van arrumbando como las cosas viejas. Los crímenes quedan sin mostrar y las victimas van cayendo en el olvido. Es como si nunca hubieran existido.

Esa especie de borramiento paulatino de la causa de la víctima aumenta la angustia y desazón en los deudos, que ven en la falta de justicia una declaración de que el hijo o el hermano muerto no era nadie, no merecía siquiera una investigación policial y la aprehensión de los culpables. “Es como si hubieran matado un perro”, me dijo el padre de un joven asesinado, ante la ausencia de respuesta de las instituciones.

En los Estados Unidos se ha hecho conocido el caso de Bill Comeans, de Columbus, Ohio, asesinado hace 34 años, cuando era un adolescente. Hasta la fecha el crimen no se ha resuelto. Sus familiares ignoran qué pasó, de quién fue la mano criminal que lo estranguló con su propia bufanda el 7 de enero de 1980 y lo dejó tirado a una cuadra de su casa donde su padre lo encontró ya agonizando.

Desesperados por la falta de respuestas, los Comeans decidieron crear una cuenta de Twitter con el nombre de @BillComeans; y por esa vía reclaman justicia a través de mensajes escritos en primera persona, como si fuera el propio Bill quien los enviara desde el más allá.

“Hace 34 años fui asesinado. Tenía 14 años y toda mi vida por delante. En este tiempo mi familia no ha dejado de buscar a mi asesino”.

“Mamá y papá quedaron devastados cuando tú me asesinaste…”.

La primera persona, con su enorme carga expresiva, impacta al lector con una eficiencia mucho mayor que la que logran los despachos de prensa y ya no digamos las estadísticas.

Hace una semana, la cuenta de Twitter VVSincensura @VVperiodistas estuvo publicando una serie de estremecedores mensajes cuyo objetivo era el mismo, devolverle identidad a las víctimas e iluminarlas con el afecto de quienes los amaron. Aquí una breve muestra:

-Mi amigo Leo marcano 08-12-13 Tronconal 3 Barcelona lo mataron de 1 tiro para robarle su celular vía @karenramirz.

-Miguel Carvajal GN Asesinado el 29/12/12.Llegando a un Taladro en El Tigre. Le dieron 2 tiros. Impune vía @AnaJuliaCH10

-En 2008 asesinaron a tiros y dejaron su cuerpo en un barranco al prof Antonio Francés de IESA. Amigo y colega vía @lorenzodavalos

-Mi primo Jose Miguel 16 años Barquisimeto, lo mataron por gusto de un tiro cuando compartia con amigos vía @yaitza_ram

-Mi padrino de promo excelente cirujano Carlos Albertini asesinado 17/09/2009 en San Cristóbal por robarle su anillo de boda vía @helekaryn

-Moisés Canelon asesinado a tiros en Junio 2013 vía Cubiro Edo Lara p/robarle la carga de verduras.Deja 1 niña. Era mi primo vía @yam_i1980

-Argenis Zerpa Araque, asesinado x Sicarios en su propio negocio, Sta Elena de Arenales Edo #Merida vía @AsdruuGarciia

-Mi amigo el Dr. Ricardo Requena volcó su carro y murió al ser perseguido por 2 motorizados para robarlo 2013 vía @hemodinamiaGJLB

-Mi hermano Abog Hector Gutiérrez V.,49, asesinado a 1cuadra de Contraloría, entre 4 hijos huérfanos niño de 4 años vía @Nantronica

-Mi hijo Jean Carlos Humbria , asesinado el 19/ 12/ 2009 para robarle un celular vía @chactualidad

-Mi tio Jaramil Navarro asesinado el 22/02/11 por sicarios que siguen libres al igual que el asesino intelectual vía @Nollyta

–Mi sobrino Erick Alfonzo, lo mataron para robarle el carro al amigo con quien estaba el 17 sep. 2010. Cero detenidos vía @JessicaVBC

La lista es enorme.

 

Publicado en El Carabobeño, el 15 de enero 2014

 

 

Alguien pagará

Publicado por el ene 30, 2014 en Columnas | 0 comments

Alguien pagará

Milagros Socorro

Por la prensa nacional, pero por fuente distinta a la de Petróleos de Venezuela o algún vocero local, nos enteramos de que Pdvsa deberá pagar 1.100 millardos de dólares a las compañías Statoil, de Noruega, y Total, de Francia, para compensarlas por los daños que se les causó con la nacionalización de Sincor, “una de las asociaciones estratégicas de la faja petrolífera del Orinoco para la conversión de crudo pesado en liviano”, explica la nota de Dow Jones Newswires.

Estamos hablando de más de mil millones de dólares que saldrán de las arcas de la nueva Pdvsa, no para ser canalizados hacia la inversión que la empresa necesita con urgencia.

Tampoco para financiar proyectos de desarrollo nacional, infraestructura vial o eléctrica, en fin, algún sector relacionado con la exploración, explotación o comercialización de hidrocarburos. Nada de eso.

Será un montón inverosímil de plata que se destinará a pagar las deudas causadas por alguien que ha cometido un inconmensurable error, que ha perpetrado una chapuza que costará ¡más de mil millones de dólares a la nación! Y ésta no parece ser la única ni la última multa que acarreará el descalabro de la República. Por ahí vienen otras, quizá peores, provenientes de la querella interpuesta por ExxonMobil y Conoco Phillips en tribunales internacionales.

¿Quién le está costando tan caro a Venezuela? ¿Es una persona? ¿Es una camarilla mafiosa? ¿Es un conjunto de prácticas nefastas? ¿Es un entramado de complicidad que permite, auspicia y taparea esta celada contra Venezuela? ¿Qué está pasando? ¿Cómo es que no hay entre nosotros quien detenga este engranaje de desgracias? Alguien está causando el desastre de Venezuela y muchos lo están permitiendo, ya sea con acciones perversas o con omisiones no menos criminales. Ni unos ni otros saldrán incólumes indefinidamente.

Alguien pagará por los desatinos que han llevado a Pdvsa a desprenderse de semejante suma para compensar a empresas extranjeras que fueron tratadas como el Gobierno de Chávez trata a los venezolanos y a las compañías nacionales: con abuso y autoritarismo. 

Alguien pagará por los dispendios que se permite Daniel Ortega en los viajes que hace con su esposa, Rosario Murillo, y sus ocho hijos. Con toda la familia, pues. Y que, según él mismo aclaró, para calmar las protestas en su país, se trata de lujos que no pagan los contribuyentes nicaragüenses sino el pueblo venezolano, el mismo que también financiará las plantas eléctricas que llegarán en febrero al país centroamericano; el mismo que pagó dos veces los 24,8 millones de dólares que Bandes prestó a Nicaragua: en el momento de darles el dinero y, luego, en ocasión de ser honrada la deuda no por los deudores sino por el mismo acreedor que, en vez de cobrar, sacó de un bolsillo (el Fondo de Desarrollo Nacional) para meterlo en el otro (la deuda de Ortega en Bandes). Debo hacer una precisión para que después no culpen al periodismo venezolano de terrorista: Daniel Ortega y su mujer no viajan con todos sus hijos. Hay una que no está incluida en la comitiva. Se trata de Zoilamérica Narváez, hija biológica de la Primera Dama e hija adoptiva del presidente de Nicaragua, quien ha acusado a Ortega de violarla sistemáticamente desde que era una niña pequeña.

Zoilamérica no se cuenta entre los alegres viajeros que van por el mundo a expensas de Venezuela.

Alguien deberá pagar por los miles de científicos, intelectuales y profesionales de alto nivel que han abandonado el país para hacer parte de la riqueza de otros. Hace ocho años, Blancanieves Portocarrero, entonces miembro del Congresillo y luego ministra del Trabajo, afirmó que aquí no había “ningún muchacho bueno o sano que se quisiera ir a Miami”; y concluyó que el que se iba no hacía falta. Desde luego, será el país quien pague por tanta irresponsabilidad y tanta insensibilidad, porque todavía no se sabe de ninguna empresa petrolera del exterior que cancele mensualidades a nuestras universidades para resarcirlas por lo que costó la formación de los trabajadores de Pdvsa aventados hacia el extranjero.

Alguien deberá pagar por el desmedro que ha sufrido el campo y la industria de Venezuela para provecho de las economías de aquellos países donde el Gobierno ha ido a importar lo que ha debido producirse aquí.

Es evidente que los culpables y sus alcahuetas cuentan con la impunidad. Pero pueden jurar que pagarán.

 

Publicado en El Nacional, el 03 de febrero de 2008

 

 

El baño judío

Publicado por el ene 21, 2014 en Columnas | 0 comments

El baño judío

Milagros Socorro

Un día de agosto de este año, alguien cavó en el piso de un caserón en remodelación, en Coro y encontró un tesoro incrustado en la tierra.

Era una mikve o baño judío, que había sido instalado en la antigua casa de la familia Senior, donde funcionaba el Museo Alberto Henríquez, sujeta a trabajos de refacción por la Gobernación de Falcón.

Es poco lo que se ha sabido del precioso hallazgo, pero la solitaria nota de prensa oficial que reportó el descubrimiento dice que se trata de una estructura que data de 1774, año en que la familia Senior adquirió la vivienda.

La mikve es, básicamente, un estanque profundo hasta completar la altura de una persona adulta, dotado de escalones por donde desciende el usuario. En realidad, deberíamos decir la usuaria puesto que la mikve es usada, sobre todo, por las mujeres para su baño ritual de purificación al séptimo después de la menstruación. No puede llenase con agua estancada, sino que debe ser agua corriente.

La escueta gacetilla establece que la mikve de Coro no solo es “la única de su tipo excavada en Venezuela, sino probablemente en el continente americano”. Dice también que únicamente “se han encontrado tres en Europa y ahora esta en el Falcón”. Como no se precisa cuál es la especificidad de la mikve recién encontrada, no entendemos muy bien cuál es su singularidad, puesto que evidentemente hay mikves en todas partes del mundo.

Lo que sí sabemos es que contaba con dispositivos para almacenar agua pura que no fuese tocada ni recolectada por diligencia humana, probablemente agua de lluvia, y que no se filtrara hacia el suelo.

Ya hacia el final del despacho periodístico se comenta, casi al pasar, que en el sondeo “se encontró también cerámica indígena que data de entre 300 y 1000 años después de Cristo, cerámica colonial, un centavo de 1876, piezas dentales de seres humanos, restos culturales y óseos, entre otros”. Esto revela que la casa Senior fue levantada sobre un asentamiento indígena prehispánico.

El descubrimiento se produce en los tiempos en que la comunidad judía venezolana ha mermado en número, por un conjunto de motivos entre los que destaca el antisemitismo del régimen que ha gobernado en Venezuela en los últimos 15 años. Un período, además, en el que los controles de la economía y la persecución a los sectores privados han ahuyentado a todo el que pueda irse.

Pero ese no es el punto. Lo fundamental es comprender qué nos dice el hallazgo del balneario donde iban las mujeres judías, radicadas o nacidas en Coro ya en el siglo XVIII, para hacer su inmersión mensual de dos o tres horas. Qué nos dice ese tajo en la tierra donde reposan los huesos de los indígenas que habitaron ese lugar mucho antes. Qué nos dice esa coincidencia en la tierra que nos ha recibido a todos, que nos ha alimentado, nos ha aliviado, nos ha dado una nacionalidad, un paisaje, un clima y una luz que marca nuestros recuerdos con una determinada tonalidad y tibieza.

Algo tiene que significar el hecho de que estén juntos, confundidos, amarrados, los restos de la cultura material de los judíos de Venezuela y de los más antiguos habitantes del territorio.

Si los sonidos se conservaran, así como perduran las edificaciones, las monedas y los fragmentos de mayólica, podríamos escuchar los oraciones de las mujeres que se enjabonaban morosamente en la mikve de Coro, trenzadas con los cantos de las mujeres que siglos antes completaban esas ceremonias de higiene que, según ha documentado Pedro Cunill Grau, eran igual de minuciosas en las comunidades indígenas que sedujeron a los europeos por el dulce aroma que emanaba de sus cuerpos.

Ni el tiempo ni las jerarquías de los hombres las han desunido. Ninguna partición ha logrado separarlas. Es como si la tierra donde alguna vez hemos desenredado el cabello, limado durezas y frotado la piel hasta enrojecerla, nos mantuviera juntos por los siglos.

A los pocos meses ver la luz el baño judío y las osamentas indígenas, aparecidos en un puñado de metros cuadrados en el occidente de Venezuela, se produce un primer intento de diálogo entre fuerzas conscientes de que estamos condenados a la mutua cooperación, al entendimiento y la coincidencia en el terreno del respeto.

Finalmente, cuando vengan los arqueólogos con sus palas y sus pinceles encontrarán los rastros de las lágrimas de todos, algunos platos, quizá unos cuadernos garrapateados con el castellano de Venezuela. Y no seremos más que una veta donde todos habremos sido regados por agua de lluvia de nuestro cielo.

 

Publicado en El Nacional, el 22 de diciembre de 2013

 

 

La mirada del cameraman

Publicado por el ene 20, 2014 en Columnas | 1 comment

La mirada del cameraman

Milagros Socorro

De pronto, da la impresión de que la cámara se desliza con el ritmo de la piedad. Se detiene en unos pobres muchachos, que emplean un domingo de sus vidas en acudir a la Asamblea Nacional para gritar mientras hablen los diputados de oposición, esto es, para caracterizar la canalla.

En la primera sesión de 2014, la diputada María Corina Machado hace una intervención muy concisa, muy pertinente y de una valentía verdaderamente asombrosa, dado que allí, muy cerca, en los palcos y galerías se encuentra en gran número lo que el diputado Luis Barragán ha denominado “el relleno parlamentario”: una pobre gente “exclusivamente administrados y manipulados por el oficialismo”, como dice Barragán, que están allí para “gritar, amenazar y vituperar al diputado opositor con la venia y el regocijo de la dirección de debates”.

La grabación en video de este domingo 5 de enero lo muestra en todo detalle. La diputada Machado afirma: “Estamos constatando cómo se pretende aniquilar la democracia y demoler la república. Hemos visto cómo se está designando esta directiva y esta secretaría, que nos han negado el derecho de palabra, apagando la voz de un pueblo al que quieren callar”.

El lente capta los palcos y galerías. Los asistentes están tranquilos. Algunos lucen, incluso, absortos en la exposición de la parlamentaria, que exhibe una notable capacidad expresiva y pulcra dicción.

Machado testifica con voz firme y sin excesos histriónicos los atropellos de la secretaría de la Asamblea contra el derecho de expresión de los diputados democráticos y el derecho a la información de la sociedad, vulnerado por la prohibición de entrada de los medios al hemiciclo, así como el uso del canal de televisión de la AN “para atacar la dignidad humana de los diputados” de oposición.

La visita sigue callada, expectante. La cámara los recoge con lentitud para mostrarnos su humildad.

“Esta directiva completamente cómplice del gobierno más corrupto de la historia de Venezuela”, dice Machado. Y entonces empiezan los gritos. Es como si esa gente de tan precaria condición no soportara escuchar la más mínima mención al latrocinio que se produce ante sus ojos y con su venia.

“Cientos de planteamientos, cientos de denuncias hemos formulado”, sigue la diputada Machado sin alterarse, con el tono de quien está cumpliendo con su deber y no habrá morralla que le impida hacerlo. “Y ni uno solo ha sido investigado ni sancionado”.

La bulla aumenta.

“la indolencia que hemos visto…”.

El cameraman se demora en unos muchachos de estampa proletaria que sobreactúan su diversión.

“…ante denuncias como la de la Refinería de Amuay. El horror de las fronteras, donde la guerrilla está asesinando a niños venezolanos y que aquí se han negado a investigar. El año pasado, cada 20 minutos asesinaron a un compatriota venezolano y aquí se han negado a atender los planteamientos que hemos hecho para discutir y corregir esta situación. Lo mismo con la humillación de la escasez y la inflación. Es una Asamblea absolutamente sumisa al poder, que ha entregado una Ley Habilitante…”.

En este punto, los militantes del alboroto se exacerban. Empiezan a gritar: “Chávez vive…” como si reconocieran que el muerto se prolonga en los crímenes que Machado señala. El cameraman se concentra en ellos, a quienes vemos mientras la diputada persiste en sus graves acusaciones. Los gritones son la ilustración viva de aquella frase de Bolívar: instrumento ciego de su propia destrucción.

Diosdado Cabello se suma a los chillidos y aplausos. El camarógrafo parece tener presente lo que dijera Herman Escarrá en 2009:”… las acciones tumultuarias que permanentemente observamos y los atentados contra la libertad de expresión”. O lo que pronosticara el mismo Escarrá en 2007, sobre la Reserva: “…al final su movilización será frente a la resistencia, frente a la disidencia ciudadana en Venezuela, frente a la oposición en Venezuela”.

La intervención de María Corina Machado, lección de responsabilidad y coraje, tuvo lugar menos de 48 horas antes del asesinato de Mónica Spear, que ha conmocionado al país. Y cuando aludió a las muertes por violencia, el relleno parlamentario, con Diosdado Cabello a la cabeza, intentó acallarla.

Cómo no mirarlos con lástima. Cómo no observarlos con la desolada dilación que les dedicó el anónimo cameraman.

 

Publicado en El Carabobeño, el 8 de enero de 2014

 

 

Qué será terrible, dicen

Publicado por el ene 16, 2014 en Columnas | 0 comments

Qué será terrible, dicen

Milagros Socorro

 Cada vez más frecuentes en Venezuela son las campañas de recaudación de fondos para costear la enfermedad de un intelectual, profesor universitario, trabajador de todas las horas, cuyos pares en cualquier otro país (no tiene que ser del mundo desarrollado, quedémonos en México, Colombia, Chile o Brasil) disfrutan de una situación holgada, cónsona con el alto nivel de sus habilidades, lo prolongado y persistente de sus años de servicio y lo destacado de su figuración.

Otro día llega un mensaje de texto donde se avisa de que una historiadora rifa unos tapetes tejidos en soles de Maracaibo, una primorosa técnica observada por poquísimas cultoras. Se trata de un objeto extraordinario, una delicada urdimbre destinada a almas sensibles que pueden solazarse en el encaje que filtra la luz e intenta imitarla. Alguien ha tenido que desprenderse de ellos para juntar un dinerito… después de décadas de trabajo incansable, que hoy se diluyen como la luminosidad filtrada por el fino bolillo.

Muchas veces las solicitudes no encuentran respuesta porque el apelado no está en capacidad de ayudar a otros, ni siquiera en una mínima medida, porque su propio salario y medios están tan menguados que se ha visto obligado a sobrevivir gracias a la prestidigitación de las tarjetas de crédito.

Nuestros salarios se han evaporado. Son innumerables los recortes que hemos debido hacer para acomodarnos a la actual economía venezolana, que parece estar diseñada para castigar a la clase media y torturar con especial saña a los profesionales universitarios, reos de no ser buhoneros (no todavía).

Si la navidad de 2013 nos ha ofrecido el impactante paisaje de unas calles desiertas al anochecer, incluso los viernes y fines de semana, incluso los días de quincena, incluso las grandes ciudades… sobre todo Caracas. El año nuevo que avizoramos no traerá sino penurias y recrudecimiento de los males que ya han caído sobre nosotros en los últimos años, como son la escasez, la horrible devaluación, las colas para adquirir productos de primera necesidad, los equipos y electrodomésticos arrumbados porque no hay repuestos, la opresión que supone llevar una vida cotidiana completamente invadida por un Estado que todo lo controla, todo lo dificulta y todo lo empeora.

Llagamos al fin del año 2013 asediados por avisos terribles. Que la siguiente tarea del régimen será completar el arrase de los servicios privados de salud (después de haber destrozado el aparato público). Que no quedará un solo medio de comunicación fuera del poder de los voraces boliburgueses (lo que terminará de demoler el mercado laboral para los periodistas, hoy herido de muerte). Que las tiendas castigadas con la orden de “no dejar nada en los anaqueles”, no podrán reponer sus inventarios, o se tardarán en hacerlo, o no lo harán del todo. Que las líneas aéreas se irán de Venezuela, con lo que no solo quedará muy limitada nuestra posibilidad de salir del territorio, sino que nuestros familiares que marcharon a la emigración no podrán venir. Que la inflación seguirá aumentando, al tiempo que la oferta seguirá cayendo con el consecuente énfasis de la escasez y la aparición de mercados negros. Que cada vez habrá menos bienes importados y, si tomamos en cuenta que absolutamente todo debe adquirirse en mercados extranjeros, la perspectiva es más que sombría.

Que Venezuela sigue el camino de Zimbabue, dice José Guerra, porque se están aplicando las mismas políticas que convirtieron a ese pobre país en el epítome del desastre económico; básicamente, imprimir dinero sin respaldo para financiar el déficit fiscal, como se viene haciendo aquí, pero también perseguir a los productores locales y arrebatarles sus propiedades para transferirlas al Estado, que en todos los casos las arruina.

Que vamos a tener un primer trimestre en 2014 bastante malo en inventarios de productos, escasez e inflación, dice Jorge Roig, presidente de la Fedecámaras, quien se caracteriza por su sobriedad y por su talante positivo. Que Venezuela va directo a la hiperinflación, dice la prensa española. Que el gobierno nos está llevando por un camino muy viejo y conocido, que va a dar al barranco del desastre económico, del que por lo general, toma décadas recuperarse: el camino de la hiperinflación, dice la revista Forbes México.

Este es el espíritu de fin de año. Venezolano que albergue alguna esperanza es un tonto o es un subversivo.

 

Publicado en El Nacional, el 29 de diciembre de 2013

 

 

 

Delito, ruindad o simple bajeza

Publicado por el ene 15, 2014 en Columnas | 0 comments

Delito, ruindad o simple bajeza

Milagros Socorro

Ya se sabe que, a la fecha, mientras no haya cambios en la ley para perseguir opositores, salir del país con cargo a la propia hacienda, no es delito. Pero hay acciones que aún no siendo delito merecen ser debatidas en la arena pública, sobre todo en aquellos casos donde se atenta contra la honestidad, la buena fe o la mera coherencia que deben observar las figuras públicas.

Esto no se aplica a los viajes al extranjero cuando no violentan ninguna limitación legal, cuando no supone el incumplimiento del calendario laboral y, muy especialmente, cuando no conllevan el uso de recursos públicos. Pero sí obsta para conductas que, no siendo ilegales, comportan cierta irregularidad o falta a la ética. Por ejemplo, si Lorenzo Mendoza, presidente de Empresas Polar, se ausenta un año de su despacho, eso es asunto exclusivamente de él. Su falta produciría curiosidad, pero no activaría ningún dispositivo de la incumbencia pública. En cambio, si nos enteráramos de que en la casa de Lorenzo Mendoza no se consume Harina P.A.N., sino un producto fabricado por otra casa, eso sí sería problema de todo el país, que solo consume otra marca cuando enteramente no tiene otro remedio. Si las arepas de la mesa de los Mendoza se hicieran con insumo distinto al que ellos hacen, eso no sería delito, pero sí causa de seria inquietud para un colectivo que sería presa inmediata del recelo, cuando no del pánico.

Es lo que ocurre con los propagandistas del sistema educativo de la revolución cuyos hijos asisten a la escuela privada y los rapsodas de la salud estatal cuyas familias se atienden en clínicas. ¿Es delito? No. Es falta de coherencia (y no poca burla a los pobres que sí tienen que padecer el fallido sistema público).

Lorenzo Mendoza es, por cierto, uno de los mencionados en la lista de la ministra Delcy Rodríguez. Está clarísimo que los ires y venires de este caballero no atañen a nadie más que a él, insospechable de emplear en sus paseos los fondos de la república. Muy bien. Y lo mismo se aplica a los otros ciudadanos incluidos en la comunicación de la funcionaria cuya iniciativa sí constituye no un delito sino varios, establecidos en la Constitución.

La acción criminal de la ministra Rodríguez ha sido claramente explicitada por especialistas que en estos días se dedicaron a mostrarle al país las normas y artículos violentados por ella, de manera que no redundaremos en eso aquí. Nos limitaremos a merodear por los bordes del episodio protagonizado por Delcy Rodríguez, donde no solo hay crimen al admitir que se espía a los opositores sin orden judicial (fechoría de la que Maduro se ha jactado en varias ocasiones); al vulnerar el derecho constitucional de esas personas a la privacidad y exponerlas al escarnio público; y corrupción administrativa, al usar recursos públicos para un proyecto político, sino que también hay procederes que, siendo delito, inflige desmedro a la vida venezolana.

El lenguaje usado por la funcionaria en su Twitter, por ejemplo, no es delito, pero es una ruindad. Ese: “No te pierdas la lista de los destinos en el extranjero…” revela la pobreza expresiva de la funcionaria, su desprecio a las exigencias del cargo y, lo peor, su subestimación a las audiencias a las que se dirige con una familiaridad impropia de la situación, puesto que ella no es comadre de la ciudadanía, ella es su empleada, su servidora. No puede, por tanto, usar el tono del chismorreo; y, lo que es más lesivo, no debería dar por hecho que su audiencia es blanco mensajes llenos de resentimiento y envidia. ¿Es delito? Quizá no. Pero de seguro es una bajeza.

Los delitos cometidos por Delcy Rodríguez en sus comunicaciones del 1º de enero son graves, pero no tanto como la idea que evidencia tener de las masas venezolanas que, tal como se deduce de su discurso, percibe como rebaños de borregos a los que se moviliza con recados de primitiva manipulación, gente vil que vive rumiando sus celos y rencores. Y a quienes les oculta, por cierto, los muchos viajes que con aviones del Estado se hacen a Los Roques, por mencionar la ruta más flagrante.

Lo que ha quedado claro es que Delcy Rodríguez no está capacitada para ejercer ese cargo. Y no es delito que lo haya aceptado, pero sí muy indigno, ya que desde Maduro, quien la nombró, hasta Ernesto Villegas, a quien sustituyó, se militaron a atribuirle un único mérito: el de ser hija de su padre y hermana de su hermano.

 

Publicado en El Nacional, el 05 de enero de 2014

 

 

“Vine a ver a la reina”

Publicado por el ene 14, 2014 en Columnas | 2 comments

“Vine a ver a la reina”

Milagros Socorro

Los dos ataúdes fueron puestos muy cerca uno del otro. A una distancia que apenas permite el paso de una persona a la vez. El esposo de Mónica Spear, Thomas Berry, se ve guapo y más joven de lo que era (39 años), parece un Romeo adormecido por efecto de un narcótico. Es rubio y delgado; aún así, inmóvil, luce atlético y como listo para emprender una larga y exigente aventura.

Los periodistas de Espectáculos dicen que Thomas Berry, hijo de un profesor de Matemáticas de la Universidad Simón Bolívar, era dueño de una agencia de turismo de aventuras. Ha emprendido su viaje a la eternidad con una camisa de algodón de colores claros y lleva un curioso color de cuentas redondas, rematado al frente por una semilla redonda y negra, del tamaño de una moneda de 25 centavos de dólar. Es lo que en Venezuela llamamos una “pepa de zamuro”, una especie de talismán para que nos libre de todo mal.

A su lado, en el ataúd, está Miss Venezuela 2004. La hermosa muchacha yace como dormida (es lo que todo el mundo comenta). Su belleza intacta. La han maquillado como para salir a escena. Tiene los labios muy rojos y las mejillas sonrosadas. Parece que se hubiera recostado un rato antes de salir a una fiesta o a grabar una escena de una telenovela. Nada indica que su juventud, talento y prometedor porvenir ha sido malogrado por la violencia.

Para su cita con la inmortalidad la han arreglado con colores muy vivos, en tonos de rosas y rojos. Lleva una flor de tela fucsia en la cabeza, muy cerca de la frente. El adorno vibra en contraste con el cabello oscuro de la muchacha muerta.

Tiene un top rosado con rayas púrpura muy ceñido al pecho y al estrecho talle; y, encima le han puesto una chaquetilla ligera como para protegerla de la fresca brisa que hacía hoy en Caracas.

En la funeraria del Cementerio del Este, todavía adornada con flores de navidad, centenares de personas humildes hacen fila para inclinarse sobre los vidrios de los ataúdes y expresar el dolor que han producido sus asesinatos.

Las familias de los dos jóvenes han sido muy generosos. Han permitido que los admiradores de la estrella asesinada entren a la capilla velatoria y se acerquen a ellos. Incluso, pospusieron la hora del entierro (prevista para las 11 de la mañana y fijada luego para las 2 de la tarde) de manera que nadie se quedara sin entrar.

Y la gente no paraba de llegar. Con flores. Con lágrimas. Con comentarios de admiración hacia Mónica Spear y de condena a la espantosa situación de inseguridad ciudadana que se vive en Venezuela, donde el año pasado el hampa cobró 25 mil vidas, y que en esta ocasión segó la vida de una muchacha conocida y respetada por su trabajo como actriz y por su conducta ciudadana.

Los Spear son cristianos evangélicos. El servicio religioso se hizo a puertas cerradas y con muchos cantos que se escuchaban desde afuera.

Es espléndido el día del entierro de la muchacha que en 2004 representara a Venezuela en el concurso de Miss Universe (donde estuvo a punto de alzarse con la corona, puesto que quedó de cuarta finalista). Hace un sol precioso y el cielo está despejado. Sin nubes. La temperatura es agradable. Pero no hay risas. La gente llega en grandes grupos que rápidamente se alinea en la cola para entrar a la capilla.

Entre los asistentes se escuchan testimonios estremecedores. A mi lado está Angela Ruiz, de 65 años. Se la ve angustiada y llorosa. Me dice que está allí porque todas las semanas va al cementerio a llevarle flores a su hija, también asesinada hace 7 meses.

“Hoy vine, como todos los viernes, a visitar a mi hija. Y me quedé para dejarle esta flor a la reina”.

La hija de Angela tenía 39 años cuando la mataron en un atraco a un supermercado, en mayo de 2013. Se llamaba Marcia, como Marcia Piazza, Miss Venezuela 1969.

“Quiero darle el pésame a la mamá de Mónica, porque sé lo que está sufriendo. Sé que ella como estoy yo. Destrozada. Sin consuelo”, dice Angela sin contener las lágrimas.

Ya en el interior de la funeraria, pero fuera de la capilla, hay un grupo de periodistas. Se ven igual de consternados. Una reportera me cuenta que Mónica había terminado su  contrato con Telemundo y que después de grabar la telenovela “Pasión prohibida” estaba pasando unos meses en Caracas, donde asistía a clases de baile flamenco y desde donde salía con frecuencia en viajes al interior del país (que están documentados en su cuenta de twitter @MonicaSpear).

Al parecer, estaba considerando seriamente actuar en una película cuyo guión había leído con interés.

La gente menciona en susurros a Maya, la hija de la pareja asesinada, que viajaba con ellos en el automóvil cuando fueron sorprendidos por los criminales. La figura de la pequeña, envuelta en sombras y alcanzada por una bala que se incrustó en su muslo, arranca suspiros a los venezolanos. Se la nombra con un respeto reverencial. Le llueven bendiciones.

Pasado el mediodía, todavía hay gente en cola esperando para dar un tributo de cariño a quien, mientras estudiaba Arte Dramático trabajara por horas haciendo de princesa en los parques de Universal Studio en Florida.

Pero ya es hora de llevarla a donde reposará por siempre. Cuando los féretros salen de la capilla, la multitud que espera silenciosa prorrumpe en aplausos y gritos roncos de llanto: ¡Viva Mónica!

 

Publicado en Mamás Latinas, el 10 de enero de 2013

 

 

 

 

 

 

¿Qué pasó con Mónica?

Publicado por el ene 14, 2014 en Columnas | 1 comment

¿Qué pasó con Mónica?

Milagros Socorro 

La noche de este martes 7 las calles del este de Caracas, por donde transité poco después de la caída del sol, estaban vacías. Oscuras y vacías. Parecía que hubiera caído una lluvia de plomo y los caraqueños se hubieran escondido en los sótanos del valle.

La imaginación del país estaba secuestrada por los minutos finales de una muchacha que en 2004 había desfilado por una pasarela internacional llevando en el pecho el nombre de Venezuela. Entre suspiros y frases entrecortadas para expresar el horror, la ominosa convicción de que un día también nos tocará, que estamos en lista de espera… entre balbuceos, decía, desviamos la mirada y callamos porque estamos raptados por imágenes horribles de lo que pudieron ser esos momentos en la autopista que conduce a Valencia. Cuál sería el pavor de esos muchachos, qué funestas las sombras de la noche, cuán feroces las caras de los criminales, qué abyecta su mirada, qué tembloroso el llanto de la criatura, cuál el temor de una bella muchacha asediada por hienas, cuánta la desesperación de ese hombre en su deseo de proteger a su familia…

Lo que ocurrió con la familia Berry Spear pasó 24.700 veces el año pasado en todo el territorio nacional, según cifras del Observatorio Venezolano de Violencia, que así redondea el número de muertes violentas en nuestro país. Pero pocos crímenes han sacudido al país con el impacto de este.

Se explica, desde luego, porque una de las víctimas es una figura pública y, además, profundamente popular. Se cruzan en ella dos atributos que han hallado residencia en el corazón nacional: la muchacha que ofrece su belleza a la contemplación del país al que representa en el extranjero como una potencia de la gracia; y la actriz de telenovela, el gran entretenimiento de nuestros países.

A esta víctima la conocemos. No cayó en un ajuste de cuentas. No se lo buscó. No andaba en quizás qué andanzas. No puede ser tragada por el monstruo de los números sin rostro. Sus facciones, conocidas y queridas, nos impiden mirar a otro lado. Nos reclaman desde su sonrisa encantadora, desde su juventud malograda por mano criminal.

La sangre de Mónica Spear se ha regado sobre el mapa de la destrucción de las instituciones, lo ha coloreado mostrándonos su perfil y sus dimensiones. Ahora tenemos ante nuestros ojos la prueba de que no se puede estar 15 años demoliendo las instituciones y esperar que no pase nada. Ha pasado. Está pasando. Y lo paga la sociedad al precio más alto que quepa imaginar: nos están matando, están masacrando a nuestros jóvenes y no lo podemos impedir porque los mecanismos previstos para ello fueron desmantelados sistemáticamente.

Se ha justificado la acción criminal al tiempo que se decretaba un nuevo blanco de la represión: el hampa campea por sus fueros mientras se persigue a la disidencia democrática. Se intervinieron las policías regionales y municipales para quitarles competencias, armamento y, en suma, capacidad de respuesta ante la criminalidad creciente. Se diseminó el odio por todos los medios posibles. Se mostró al Presidente de la República golpeándose el puño en señal de atropello al otro, de “arrasarlo y convertirlo en polvo cósmico”. Se entregaron las cárceles al arbitrio de los “pranes”, quienes se han convertido en barones del secuestro, la extorsión y el asesinato. Se pervirtió el poder judicial dejándolo en manos de bandas de enanos morales y francos bandidos. Se desnaturalizó la Fiscalía convirtiéndola en un aparato represor de la disidencia.

En suma, las instituciones fueron desguazadas y alrededor de los pedazos se convocaron fiestas y vítores. Ahora vemos las consecuencias. Y el país lo está viendo con toda claridad (lo que implica que está reconociendo su responsabilidad individual en esta quiebra colectiva).

El martirio de Mónica nos echa en cara, también, la impunidad que corroe a Venezuela. Ante el escándalo del homicidio de la reina de belleza, la policía local ha superado a las más avezadas del mundo al capturar en tiempo récord a sus verdugos. Es evidente que ellos siempre han sabido dónde están las guaridas de los delincuentes, saben quiénes son y dónde se esconden. Saben por dónde pululan y con qué armas nos masacran.

Ha ocurrido mucho, seguirá ocurriendo, con Mónica se pasaron de la raya. Y el 4 de febrero los veremos celebrando un delito.

 

Publicado en El Nacional, el  12 de enero de 2014

 

 

 

Una mujer legendaria

Publicado por el dic 21, 2013 en Columnas | 4 comments

Una mujer legendaria

Milagros Socorro

No hay que subestimar el grado de intimidad que pueden alcanzar dos personas cuando comentan un texto. Es una compenetración, por cierto, que se extiende a todo el grupo, cuando la lectura es colectiva.

La enseñanza me ha dado el privilegio de conocer almas extraordinarias. Y muchos de mi discípulos se sorprenden de la fuerte confianza que nos une y la facilidad con que fluyen sus confidencias, aún cuando haya pasado tiempo sin vernos. Esto se explica porque la relación tuvo sus cimientos en la creatividad, que es la mejor parte de todos nosotros. La más hermosa y, lo más importante, a que solo se desarrolla en un medio donde prive la confianza, sobre todo en las propias posibilidades.

La periodista Vicglamar Torres fue mi alumna en mi curso de Escritura Creativa. Ford Motor Company acaba de descubrir algo que yo supe hace más de una década, cundo la tuve en el aula: Vicglamar es una Mujer Legendaria; y como tal recibió, el

jueves 12 de diciembre, el premio que esta firma concede a cinco mujeres al año.

Se trata del Premio Mujeres Legendarias de Ford, que distingue a figuras hispanas en los Estados Unidos. Vicglamar tiene más de 10 años viviendo en Nueva York, donde trabaja como periodista.

El fabricante de automóviles reconoce el liderazgo en organizaciones de todo orden, incluida la familia. De hecho, Vicglamar fue honrada como “Super Mamá Latina: un modelo de conducta para su familia y la comunidad, que alienta a otros padres en persona o en línea con sus experiencias y conocimientos”.

“La verdad, me siento contenta”, me confesó en una carta donde me comentaba incidencias del premio.

–Yo no tenía ni idea de lo que se trataba. Un colega me mandó un cuestionario y lo llené, sin detenerme en su finalidad. Cuando estás tan ocupada, haces muchas cosas sin saber exactamente paras qué serán. Pues resulta que él y otros panas habñian decidido postularme para esto. Cuando me enteré, me reí. Supe que no era chiste cuando me llamaron de la Fundación Ford para decirme que, entre las 600 postulaciones, la mía había quedado entre las 15 finalistas y que me estaban extendiendo una invitación a Detroit para entrevistarnos personalmente.

–Lo que me alegra de esto –sigue Vicglamar- es que, en realidad, el premiado es mi hijo Gabriel. Al jurado le pareció que no haber aceptado como definitiva que ese niño con su cráneo reconstruido y sus problemas motrices no podría caminar o correr tras una pelota, fue un acto de valentía.

“Consideraron que es inspirador haberlo ayudarlo a que no solo caminara, sino que a los 8 años sea un guapísimo e inteligente atleta; después de que varios especialistas renombrados nos dijeron que no había esperanzas. Y mira que Gabriel visitó, además de los hospitales más importantes del área triestatal, el Boston Children’s Hospital, el de Texas y los de las universidades de Georgetown y Maryland. Solo tres especialistas nos dijeron: “sigan, que sí puede”: el doctor que lo operó, su mentor –un viejito francés que dirige el departamento de Neurocirugía Infantil, en la Universidad de Nueva York- y Mauricio Krivoy, en el Centro Médico de San Bernardino, Caracas.

“Perdona la catarsis. No sé por qué contigo siempre afloran las cosas que tengo atragantadas entre el corazón y la garganta, como la craniosinostosis de mi hijo y sus consecuencias: sus múltiples terapias; su incapacidad para dormir por una época; el riesgo letal que significaba un mínimo golpe; siempre fue una lucha muy íntima, muy a puertas cerradas en el hogar”.

“Casi nunca hablé de eso, lo compartía muy poco. Y, fíjate, un compañero del periódico donde trabajaba entonces –cuando regresé a trabajar, porque durante un tiempo me mantuve con mi hijo todo el tiempo- decidió contarle la historia a Ford. Es una historia que mis colegas vivieron a medias conmigo (porque en Estados Unidos, así seas latino no hablas mucho de tu vida personal), porque veían mis ojeras y sentían cada día esa angustia silenciosa que habita en el desesperado”.

“Así que lo menos que esperaba es que la gente se enterara de la lucha de un par de inmigrantes que, a la vez que trataban de adaptarse a una sociedad ajena y afrontaban los sobresaltos legales que nos toca pasar a los inmigrantes, también libraban una batalla contra unos músculos entumecidos y con cierta distrofia. También eso lo logramos vencer”.

Antes de enviarme esta carta, Vicglamar me había contado buena parte de lo que ella y su esposo bregaron para darle a su hijo una vida normal y saludable. La sola narración de un día cualquiera bastaba para dejarme agotada. Antes de conocer a Gabriel ya sabía detalles tremendos de su historia clínica.

El día que finalmente lo vi por primera vez, fui con su padre a recogerlo en la cancha de futbol. Desde el carro lo vi venir, ágil, igual en todo a los otros niños, excepto por los ojazos de la madre, que heredó íntegramente. Y una cierta complexión moral secreta, que solo tienen los hijos de los héroes.

 

El Carabobeño, 18. 12. 2013

Apuntes sobre la calle

Publicado por el dic 20, 2013 en Columnas | 0 comments

Apuntes sobre la calle

Milagros Socorro

La inmensa y flagrante cadena de abusos perpetrada por el gobierno, antes y durante las elecciones del 8D, está a la vista del mundo. Todo está disponible en Internet, palpitante en su bajeza, denuncia viva ante los ojos de quien quiera verlo. Y, sin embargo, hay quien, incluso haciendo el inventario de las evidentes irregularidades, concluye que la culpa de la tragedia venezolana es de una oposición que no ha querido desalojar al régimen destructor, básicamente por su cobardía y su negativa a mandar a la gente a tomar las calles.

Veamos un análisis típico. Allí se enumera que: 1) el TSJ y todo el sistema judicial fueron transformados por Chávez en un apéndice del PSUV, con oficiales activos del ejército elegidos como jueces, “algo que ni siquiera los peores dictadores latinoamericanos osaron hacer”; 2) todos los medios masivos de comunicación, salvo pocos diarios impresos, han sido estatizados o vendidos a testaferros del gobierno, incluidas 300 estaciones de radio expropiadas en los dos últimos años, “con lo cual durante la campaña para el 8D, la oposición fue prácticamente invisibles en los medios”.

3) Líderes sindicales han sido encarcelados, exiliados o apaleados por hordas chavistas; 4) los directores de campaña de Henrique Capriles son acosados​​, atacados por matones del PSUV, destruidos moralmente sesiones de la AN y torturados por las fuerzas represivas del Estado; 5) los empresarios no se atreven a hacer contribuciones a las campañas por miedo a ser perseguidos o a que sus negocios sean mandados a saquear; 6) las conversaciones privadas de los líderes de oposición son grabadas y divulgadas por altos funcionarios en ruedas de prensa convocadas con ese fin.

7) A Capriles le hicieron atentados impunes en varios lugares del país; y el Gobierno le impidió usar transporte aéreo; 8) el uso de los recursos del Estado para las campañas oficialistas fue grotesco, así como el comportamiento del CNE, ciego ante las infinitas violaciones de la ley.

9) el pueblo opositor debe enfrentarse con fuerzas hostiles de orden legal (policías y fuerzas armadas) e ilegal (turbas de motorizados enviados por el Gobierno); 10) cada vez se descubren más nexos de los gobiernos de Chávez y de Maduro con el narcotráfico y mafias de todo pelaje. Esta semana el ABC, de España, publicó informó de que cuando Maduro era canciller medió para que el FMLN mejorara su acceso al tráfico de drogas, naturalmente usando para ello el territorio de Venezuela.

La mayoría de los observadores admiten este contexto parcialmente o en bloque y, sin embargo, muchos de ellos siguen ese camino para concluir que “los líderes de la oposición continúan comportándose como si Venezuela fuera Suiza y la victoria a través de las urnas fuera una posibilidad real”. Repiten la mentira según la cual la oposición “ha llamado a sus seguidores a no transformar su enojo y frustración en actividad en las calles”.

Y no falta quien reclame que Venezuela no haya seguido el camino de Siria o Egipto, como si esos dos castigados pueblos vivieran hoy algo distinto a una guerra civil o a la apropiación del poder por los militares. Da la impresión de que a Venezuela se le reprocha no haberse sumido en una guerra civil, negando con ello las muy sexi tomas de un huracán de sangre en el Caribe.

La verdad es que la Unidad Democrática está amarrada, por diseño de esa coalición de organizaciones políticas, a los métodos democráticos para enfrentar un gobierno que no lo es. Eso implica, naturalmente, un camino largo, que exige mucha paciencia y estaciones para reflexionar y afinar estrategias.

Venezolano opositor que no esté dispuesto a seguir la tediosa senda democrática, puede irse por la más rápida. El verdadero radical, que no está hablando paja, es como el caballo viejo de Simón Díaz: “no le obedece al freno ni lo paran falsas riendas”. Hasta el momento, no hemos visto ninguno que le eche pichón.

La verdad es que la oposición siempre ha estado en la calle, en esas miles de protestas, huelgas, paros cívicos y tomas pacíficas que diariamente se producen en todos los confines de la república.

La verdad es que la única ocasión en que Capriles disuadió a sus seguidores de salir a la calle fue el 17 de abril de 2013, después de varios días de manifestaciones (por las que el régimen lo tildó de asesino), atendiendo informaciones de aliados que en el interior de los cuerpos represivos según las cuales el régimen estaba listo para reprimir con violencia.

La verdad es que el camino a la democracia de Venezuela no empieza en Miami ni mucho menos en las barras de los conspiradores. Aún así, largo y tortuoso, ya tenemos mucho avanzado. Y seguimos.

 

Publicado en El Nacional, el 15 de diciembre de 2013

 

 

Complaciente

Publicado por el dic 19, 2013 en Columnas | 0 comments

Complaciente

Milagros Socorro

Que la sombra del fracaso se alarga hasta cubrir a Henrique Capriles y Primero Justicia es el lugar común de los análisis de las elecciones municipales del domingo 8. Prácticamente no hay quien no enfatice el yerro que supuso plantear los comicios locales en términos de un referéndum donde los votantes no solo elegirían las autoridades de sus ayuntamientos, sino que volverían sobre los pasos del 14 de abril para remachar su apoyo a Capriles y al Unidad Democrática en grado tal que superara a Maduro, dejándolo desnudo en su ilegitimidad.

Esto no ocurrió. La coalición democrática no logró movilizar a los votantes ni siquiera en cifra similar a la de la víspera. Y ello ha conducido a los observadores no solo a concluir que la propuesta plebiscitaria fracasó, sino que Maduro se zafó de la chapa de la ilegitimidad.

No se toma en cuenta que la falsificación de Maduro no proviene únicamente de la escueta diferencia con que el CNE lo dio como ganador (después de hacerse el desentendido con la inmensa cantidad de irregularidades que viciaron el proceso comicial y el ventajismo del PSUV, casi tan grotesco como el verificado en esta ocasión). El otro factor de bastardía era el lugar de nacimiento de Maduro y su verdadera nacionalidad.

Concuerdo con quienes han dicho que el asunto de la nacionalidad de Maduro no es lo medular, puesto que una persona nacida en otro país y trasladada a este antes de los 5 años es venezolana de nacimiento. Pero ese no el punto. Lo fundamental es el desprecio de Maduro a lo establecido por la Constitución. A la fecha, Maduro no le ha dicho al país la verdad sobre el lugar de su nacimiento, mientras varios voceros del régimen han apuntado a lugares diferentes. Esto sería un asunto baladí si la Constitución nacional no estableciera parámetros muy concretos al respecto. Una precisión que Maduro y su partido desconocen de manera flagrante.

El régimen y su principal líder le han mentido al país y se han burlado de la Constitución, que es quien lo emplaza a ser claro en punto a su origen nacional.

Y la sociedad les ha tolerado esto como si fuera uno más de sus chistes toscos y machistas. De hecho, ningún análisis de los resultados de las elecciones apunta a observar la cantidad de atropellos, delitos y francas crueldades que el electorado premió. Ciertamente, el liderazgo democrático se muestra siempre indulgente con las masas cuyos desvaríos no tiene el coraje de señalar.

Las masas se muestran complacientes, por ejemplo, frente a los constantes vejámenes y amenazas de Diosdado Cabello, convertido, ante el país bobalicón y acobardado en presencia del energúmeno; al molinillo que degradó las instituciones; a la ultrajante presencia de extranjeros en asuntos axiales de la república; al despojo de competencias del que fue objeto el alcalde Antonio Ledezma, elegido por votos de venezolanos; a la imposición de gobiernos paralelos, con enormes presupuestos sin escrutinio. Y, si esto fuera poco, es evidente que, como ha escrito Alfredo Meza, “parte del buen resultado obtenido por el Gobierno obedece a la simpatía con la que se apreció la confiscación y remate de mercancías”.

No hay un solo desglose de estas elecciones que cuestione, aunque sea de pasada,  la banalidad de la ciudadanía, como si fueran menores de edad o tarados sin raciocinio de quienes no cabe esperar un mínimo de responsabilidad.

Días antes del evento comicial, Globovisión transmitió una “entrevista” entre Vladimir Villegas y Nicolás Maduro durante la cual salió al aire un intercambio que no estaba supuesto a ser difundido. Villegas le preguntaba al poderoso si le parecía que la entrevista iba bien; y Maduro lo hizo objeto de la mayor humillación concebible para este gremio al decirle que “estaba muy complaciente”.

Quedó en evidencia que aquello era un timo. Una representación urdida para estafar a las audiencias. Para engañarlas. Nunca hubo tal entrevista (que es el diálogo profesional mediante el cual un periodista interroga a un determinado vocero para recabar información útil a las audiencias) sino un show vergonzante planificado para embaucar a los televidentes en la víspera de unas elecciones.

Estamos, pues, constreñidos por una cadena de anuencias, en la que deben estar entrampados también los empresarios y comerciantes que no se han defendido de las persecuciones del régimen y de la terrible campaña de descalificación de que este los ha hecho objeto.

A no dudarlo, Capriles y PJ pagarán sus errores. Ruego por que los de la sociedad venezolana, que de tanta dispensa ha gozado, no nos cueste sangre, sudor y lágrimas antes de que se hayan deshilachado los afiches con que los perdedores tapizaron a Venezuela.

 

Publicado en El Carabobeño, el 11 de diciembre de 2013

 

 

 

Extraño no, criminal

Publicado por el dic 11, 2013 en Columnas | 1 comment

Extraño no, criminal

Milagros Socorro

Un apagón nacional es un evento terrible. Solo cosas malas pueden derivarse de él. En la industria, si no se ponen en marcha rápidamente las plantas auxiliares, se interrumpen procesos, se pierden insumos, ocurren accidentes, se atrasa la producción. En el comercio, se interrumpe la línea de frío, se dañan equipos, se pierden horas de trabajo. En las oficinas, se borran trabajos que no se habían guardado en las computadoras, se interrumpen las comunicaciones, se dejan de trabajar muchas horas. En las casas, se afecta la atención a enfermos y a niños, se queman electrodomésticos, las audiencias se pierden emisiones de juegos deportivos o de series dramáticas, así como horas de lectura. En las calles, queda la ciudadanía librada a mayor oscuridad, un factor gravísimo en el contexto de la violencia que impera en uno de los países más inseguros del mundo.

En todas partes, queda gente encerrada en ascensores, en vagones de metro, en estacionamientos, en locales cuyas puertas solo abren con sistemas eléctricos.

La vida cotidiana de Venezuela, con inflación, desabastecimiento, colas para casi cualquier actividad (incluida la compra de comida), corrupción desparramada hasta el más mínimo trámite, caos en el tráfico, pésimo transporte colectivo, constantes groserías proferidas por las más altas figuras del gobierno, motorizados corriendo por las aceras (sorteando los carros que ya estén estacionados en ellas), desoladora crisis de la salud… en fin, ya la cotidianidad es suficientemente dura para que, encima, falle la energía eléctrica y cause tantos trastornos.

Quienes tengan la responsabilidad, por acción o por omisión, de los seis apagones generales que hemos padecido en 5 años, han causado enorme daño al país. Lo mismo, naturalmente, que los constantes cortes de energía que castigan diariamente al interior del país, que no provocan, sin embargo, ni un solo comentario de los responsables del servicio y de la seguridad nacional.

En lugar de dar a cuentas al país y ofrecer mecanismos de reparación para los estropicios que admitan resarcimiento, los apagones nacionales ponen en marcha vergonzosos espectáculos que, orquestados entre varias instituciones, con la Presidencia de la República a la cabeza, se coordinan para frivolizar el hecho y desviar toda responsabilidad. Esto ocurrió el lunes 2 diciembre, en ocasión de otro apagón general, cuando Maduro, Diosdado Cabello y Jesse Chacón, entre otros, se turnaron ante los micrófonos para repetir una cartilla, esta vez a gritos y con más insultos y amenazas, porque como ya han hecho ese show varias veces, es preciso aumentarle hierros.

En esta ocasión no culparon a un fenómeno climático (como en su momento hicieron con El Niño); con un aparato productivo confiscado, invadido y perseguido, tampoco atribuyeron la crisis, como hizo Chávez, a sectores pudientes de la población “que derrochaban la energía”; necesitados de sobreactuar su autoridad y capacidad de intimidación, no señalan a las iguanas. Previsiblemente, la culpa es del sabotaje. Y, como se permitieron acusar algunos, sin ahorrarse amenazas, los responsables serían los líderes de la oposición democrática.

Ni un solo nombre. Ni una sola prueba. Ni un solo argumento serio o profesional. Ni un solo señalamiento sustentado en procedimientos legales. Puro espectáculo barato. Solo manipulación para las masas.

Ni un palabra de explicación acerca de lo que han estado haciendo el Ministerio de Energía Eléctrica, creado en octubre de 2009, y el Estado Mayor Eléctrico, instalado hace 8 meses, justamente para que no hubiera saboteo “de las centrales eléctricas durante las elecciones presidenciales del 14 de abril”.

El 26 de noviembre pasado, el departamento de Prensa de Corpoelec difundió una gacetilla para informar de que estaba “estaba activado el plan maestro del Estado Mayor Eléctrico preparado para atender elecciones municipales del 8D”. Cómo es que a pocos días el país entero se queda sin electricidad y el trío Los Panchos, en afinado coro, califica el desastre de “extraño”, como si no ocurriera todos los días en buena parte del país; y culpa a otro fascista, sin rostro, sin identidad y, por tanto, inimputable.

Dejo la conclusión de estas líneas a la periodista Tamoa Calzadilla. No puedo decirlo mejor: “Ante la falta de información, ¿tenemos que conformarnos con que el Gobierno no sabe protegernos del ‘sabotaje’?”

Publicado en El Carabobeño, el 04 de diciembre de 2013

 

 

Una sola persona

Publicado por el dic 11, 2013 en Columnas | 1 comment

Una sola persona

Milagros Socorro

Las elecciones, como todos los eventos sociales, están fuera del control de los individuos como tales, esto es, cuando no están integrados a las masas sino que permanecen en la esfera particular de sus propias visiones e iniciativas.

La determinación de un hombre solo no va a cambiar la historia. Al menos, cuando ese hombre no está en posiciones de poder ni se cuentan entre sus capacidades la de movilizar grandes bloques de acciones, que a su vez se multipliquen en impactantes ondas de influencia.

Pero, paradójicamente, es mucho lo que una persona sola puede hacer.

Lo primero es detenerse a afinar su mirada y establecer cuál es su percepción de las cosas, de lo que es justo y de lo que debe hacerse. No se trata de parar la oreja para percatarse de lo que dicen y hacen los demás. Ya eso se sabe (no hay manera de sustraerse a la ruidosa tendencia generalizada). El asunto es aislar qué es lo que uno considera correcto, pertinente y útil. Hermoso, si prefieres.

La experiencia venezolana de estos quince años nos ha demostrado con qué frialdad se orientan los regímenes autoritarios a manipular los sentimientos primitivos de las sociedades; con cuánta habilidad atizan los resentimientos, ofrecen venganzas y montan el espectáculo de la degradación de unos para el deleite de otros.

Es evidente que el régimen, en su constante exploración de las bajas pulsiones del alma nacional, palpó la avidez consumidora; y no dudó en exacerbarla hasta el punto en que las multitudes se convirtieran en sus cómplices. Se valió para ello de las “rebajas” forzadas, mediante las cuales se obligó a los comerciantes a vender su mercancía a precios hasta 70% menos de su valor real (el que ha sido perfilado por los controles, la inflación y los costos de reposición).

No fue esta, desde luego, la única vileza a la que muchos venezolanos se apuntaron, aprovechando el afán del régimen de satanizar la actividad económica y procurar la demolición del emprendimiento privado. En este espacio nos hemos cansado de increpar a quienes se apresuraron a arruinar a tantos comerciantes, preguntándoles si ya pusieron en venta sus casas, carros motos al 50% de su valor. Nadie ha respondido. No se ha sabido de un solo caso de revolucionarios que hayan sacado a la venta sus dólares a la tasa de cuando Chávez llegó al poder.

Es notoria también la agilidad con que muchos saltan candeladas para hacer negocios que prescinden de las normas y del más mínimo respeto a la integridad de la república. Si el régimen es corrupto (más allá, dicen los entendidos, de toda dimensión conocida antes en Venezuela) es, en buena medida, porque ha encontrado socios en todos los sectores. Todo esto será, a no dudarlo, minuciosamente documentado por la historia, que tarde o temprano pone orden hasta en la pachanga más bulliciosa.

Así mismo, es trillado el historial de ignominia de quienes han tenido en sus manos la responsabilidad de salvaguardar la fama de las instituciones, sobre todo cuando en la buena reputación radica buena parte de su función. Hemos contemplado el espectáculo de sumisión de los representantes de los poderes (el Electoral, por ejemplo) al Ejecutivo.

Eso lo hemos visto todos. No hay nadie que pueda afirmar que no fue obligado a ser testigo de la degradación de las instituciones. Que a algunos les parezca muy bolivariano, es otra cosa. Pero la abyección ha sido sobradamente exhibida.

Ese inmenso mural de oprobio, en el que muchos han puesto su mosaico, es lo que tenemos delante.

Y, sin embargo, todavía nos queda esa rendija de dignidad por la que nos asomamos a nuestras propias percepciones.

El felón actúa siempre en la bajeza. Y puede ser que muchos se le unan. Pero aún así, y sobre todo por eso, no hay que perder de vista el valor de una persona sola.

Cuando votamos estamos solos con nuestra conciencia. Así como estamos solos cuando nos negamos a sumarnos a una mayoría que sabemos equivocada e incluso cruel.

Aún en las situaciones de mayor presión, siempre nos quedará la prorrogativa de concebir nuestros actos en libertad y buena fe. Siempre nos quedará la responsabilidad individual.

Es, por cierto, la fuerza que movió siempre a Nelson Mandela (1918 – 2013), quien, según recordó el presidente Obama, en su sobrio tributo de este jueves, estuvo siempre guiado por sus esperanzas y no por sus miedos.

Mantengamos la esperanza como una llama secreta, dulce e indeclinable.

 

Publicado en El Nacional, el 8 de diciembre de 2013

 

 

Nuevas noticias acerca del carisma

Publicado por el dic 6, 2013 en Columnas | 0 comments

Nuevas noticias acerca del carisma

Milagros Socorro

La primera sorpresa la tuve poco después del intento de golpe de Estado de 1992, cuando una amiga a quien tenía por muy inteligente y criteriosa, manifestó una ferviente admiración por Chávez, a quien ella veía como el remedio para los males de democracia venezolana de entonces. En mi convicción de que las reparaciones a la democracia solo pueden hacerse dentro de sus propios talleres, no podía concebir cómo la felonía podía abonar a la salud de la convivencia democrática y sus instituciones.

Lo siguiente sería una auténtica perplejidad cuando empecé a oír que a aquel hombre ignorante, que se había apresurado a rendirse ante Fidel Castro, cabecilla de la tiranía más larga del continente, y prometía freír cabezas, se le atribuía un inmenso carisma. ¿Carisma? Nunca le vi la gracia. Muy por el contrario, siempre escuché un hombre de escasa formación, resentido, latoso, incoherente, improvisado, de tosco lenguaje verbal y gestual y, si fuera poco, de un machismo bochornoso… Es evidente que el carisma está en los ojos que ven. Y yo no vi nunca más que un militar golpista, muy desinformado de los asuntos de Venezuela y terriblemente irresponsable.

Cuando llegó Maduro al poder no faltó quien asegurara que el autoproclamado hijo de Chávez toparía con grandes dificultades, derivadas del hecho que carecía de las dotes expresivas del llamado “galáctico”. Que no convocaría, corrieron a decir los repetidores de especies populares. Pero llegó el día en que Maduro llamó a las masas a acudir a los almacenes cuyos propietarios estaban obligados a vender la existencia por mucho menos de su valor real; y hete aquí que las muchedumbres se movilizaron al instante.

Pero, ¿cómo? ¿No se había admitido como gran verdad que el estilo Maduro era del tipo mampleto y que su discurso no electrizaría a las multitudes, que permanecerían indiferentes a sus emplazamientos? La realidad es que cuando ofreció mercancía a precios irreales en un contexto de inflación y devaluación, las muchedumbres lo acataron como hipnotizadas.

Eso responde la pregunta que muchos nos hemos hecho: ¿por qué no hay un carismático hondureño? ¿qué pasa, que jamás surge el carismático haitiano? ¿Por qué, si Evo Morales es también un caudal inagotable de disparates y despropósitos, también cantante y piropeador, no aparece como carismático sino como un payasito más? Ahora tenemos la respuesta. Es muy simple. El carisma es de quien tiene algo para repartir. Lo que galvaniza no es el verbo sino la expectativa de que algo le va a tocar al seducido.

Y si esa distribución se cumple mediante el expediente de pisotear el derecho de otros, no importa. La turba habrá seguido el mandato irresistible del líder, habrán comprado todo a precios de ruina para el vendedor; habrán saqueado cuando el impulso primitivo fue más fuerte que las responsabilidades individuales; y en la mañana, con la resaca, sentirán un vago sentimiento de vergüenza y se levantarán a reclamar que ellos no son saqueadores.

Lo cierto es que esas mismas personas que fueron convocadas por Maduro para adquirir productos por 50 y hasta 70% menos de su precio verdadero, se negarían con toda firmeza a vender sus propias casas, carros, motos, abastos, computadoras o máquinas de coser por el monto fijado por Maduro. Y resulta que todas esas cosas han visto multiplicar su valor en el mercado. Las masas convocadas por quien tiene el poder de distribuir convierte lo de otro en ganga, pero retiene lo suyo al precio en bolívares que la crisis económica ha multiplicado. Es una operación inmoral, que el líder carismático puso en marcha.

Ya Nietzche dejó muy claro que el autoritarismo se pone muchas máscaras para disimular sus impulsos destructivos hacia los otros: amor, igualdad, patriotismo, justicia social… Eso es lo que hemos visto en los últimos días en Venezuela.

Dejémoslo en palabras de Nietzche: “Predicadores de la igualdad, lo que les hace pedir a gritos igualdad no es más que el delirio tiránico de vuestra impotencia; y, de esta forma, vuestra tiránica concupiscencia se disfraza de virtud. Vanidad amargada y envidia reprimida, vanidad y envidia que quizá heredaron de vuestros padres, surgen en ustedes como llamas y quimeras de venganza… Yo les aconsejo, amigos míos, que desconfíen de quienes se sienten tan inclinados a castigar. Son gente de mal corazón y de mala ralea, a sus ojos se asoman el verdugo y el sabueso. Desconfíen de los que se pasan toda la vida hablando de su justicia. No es sólo miel lo que falta en sus palmas; y, si se consideran los ‘buenos y justos’, no olvidéis que, para ser fariseos, únicamente les falta el poder”.

 

Publicado en El Carabobeño, el 20 d noviembre de 2013

 

 

La pregunta pospuesta

Publicado por el dic 5, 2013 en Columnas | 1 comment

La pregunta pospuesta

Milagros Socorro

La conferencia de Marco Negrón comienza con una afirmación categórica: “El mundo de hoy es totalmente urbanizado. Independientemente de que todavía haya gente que vive en pueblos, todos tienen acceso a la tecnología y están interconectados en redes”.

Con su brillante intervención comienza el Taller para periodistas “Actualización en cultura, urbanismo y ciudad”, organizado por la Cátedra Permanente de Imágenes Urbanas, este viernes 22 de noviembre. Marco Negrón tiene mucha información e ideas propias, es hombre de estudio, ha enseñado largamente en la universidad; y, en fin, puede decirse de él que ha dedicado su vida a la docencia y a la decencia.

Las conferencias son muy apretadas. Los organizadores han querido impartir lo más posible, de manera que queda suprimido el espacio para las preguntas; uno, por cierto, al que somos tan dados los reporteros que componemos la audiencia. Me quedan, pues, en el tintero estas divagaciones que hubiera querido contrastar con la pericia de Marco Negrón.

Me pregunto qué nos hace urbanos. ¿Será el número de personas conviviendo en un mismo tejido arquitectónico? ¿Será la cantidad de servicios disponibles, tales como transporte público, bibliotecas, teatros, salas de cine y cafés? ¿O será una determinada sensibilidad: hay mentalidad pueblerina y citadina?

Expongo mi caso: crecí en Machiques, confín del Zulia, el pie de la Sierra de Perijá. Era un pueblo con pocos habitantes, pero no es que distaran kilómetros entre una casa y otra; al contrario, era una trama poco densa (dos pisos a lo más, pero apretada). No recuerdo que hubiera transporte colectivo (de seguro, no lo usé jamás); las obras de teatro a las que asistí mientras crecía, eran actos de fin de curso; no había biblioteca (ahora sí, dos). Recuerdo claramente cuando instalaron la telefonía (puede decirse que crecí sin teléfono) y la señal de televisión era, digamos, caprichosa. Había tendido eléctrico, eso sí. Y, lo más importante, nací en la democracia de Venezuela, lo que implicaba la certeza de participar de la modernidad, una manifestación de la cual era la escolarización masiva de las niñas, incluso en aquel lindero de la república. Viajábamos al exterior y estábamos al día en materia de reproducción de sonidos, dada la pasión de mi padre por la música popular.

Frente a nuestra casa solía pasar un caballero yucpa, vestido únicamente con un guayuco y tocado con un penacho de plumas, dos pasos atrás iba su pequeña mujer, apenas tapada con una manta desvaída. Esto es prueba de diversidad cultural, una de las marcas de las ciudades. Pero nosotros éramos pueblerinos por dos cosas: nos conocíamos casi todos y todavía había fantasmas, un terco rebaño que no se había dejado amedrentar por la luz eléctrica.

Marco Negrón dice que ahora todo el mundo es urbano. Pero yo no lo soy. Me gusta vivir en grandes ciudades, pero solo porque mis fantasmas pueblerinos me siguen asustando y he notado que a su vez se acoquinan con los carros y con el estruendo de las risotadas. Tengo un acendrado hábito de leer y merodeo por librerías y bibliotecas, por la misma razón (porque al caer la tarde siento rondar los fantasmas de la Sierra y corro a refugiarme en la lectura, en los cines y en los teatros).

Lo otro es que los fantasmas se heredan. Cuando mi padre era niño vivía en una casa en Machiques, que tenía todavía las características de selva lluviosa. Todas las noches caía un chaparrón. Y dado que los baños estaban separados de la casa, los niños tenían un cuero de becerro para usar como paraguas cuando corrían al baño en la noche. Mi padre me contó que lo más pavoroso era pasar raudo entre los espantos, gorditos y rozagantes con aquella mezcla de oscuridad, ráfagas de agua y truenos.

Es posible que este mundo urbanizado sea, secretamente, la sumatoria de muchos pueblitos (o almas pueblerinas), que al viajar en el metro evocamos paseos en camionetas por parajes desiertos donde cuelgan lianas y helechos, y donde la luz hace un encaje al filtrarse por las ramas de árboles centenarios. De seguro escuchamos salsa porque creemos fervientemente en la leyenda que escuchamos en un funeral (casero), según la cual la muerte de la madre es anunciada por un perro espectral que ladra en la noche con un aullido desgarrado.

Cuántos suspiros de nostalgia no ahogará la multitud de las ciudades (porque daríamos un tesoro con tal de volver a percibir entre los párpados entrecerrados la luz azulada que la Sierra ha tamizado y, mientras avanzamos bordeando un potrero, sin señales de tránsito ni cinturones de seguridad, mi padre canta a todo gañote: “Tabaquera, tabaquera. Tabaquera, dónde está mi tabaco”).

 

Publicado en El Carabobeño, 27 de noviembre de 2013

 

 

El verdadero error supremo

Publicado por el dic 1, 2013 en Columnas | 0 comments

El verdadero error supremo

Milagros Socorro

Sorna, indignación y una especie de generalizado sentimiento de superioridad ha despertado el anuncio de Maduro en relación con el Viceministerio de la Suprema Felicidad del Pueblo Venezolano, o algo así.

Y es natural que así sea. Ya desde el nombre del nuevo mamotreto burocrático, con esa retórica estúpida y evidentemente inspirada en el anciano mundo soviético, mueve a la risa. Indigna, porque se sabe que el nuevo tinglado será cocina para grandes guisos; sumidero por donde se irán inmensas sumas que el devaluado país necesita para tantas obras y reparaciones; mampara propagandística para un régimen sustentado en la mentira y la opacidad. Y despierta una suerte de satisfacción íntima, porque todo el mundo se siente menos idiota que Maduro y definitivamente menos cursi (lo que implica una mejor formación y ese pudor que viene con la educación); todo el mundo se cree capaz de albergar mejores ideas, de establecer un sistema de prioridades mucho más realista y, definitivamente, poseedor de una seriedad y una conexión de realidad que le impedirían concebir esa idea de jeva, que es un despacho tal.

Todo esto se sustenta en el hecho de que, para muchos observadores, la felicidad es algo que no puede decretarse, entre otras cosas, porque no significa lo mismo para todos; porque está sujeta a incontables imponderables; porque, paradójicamente, cuanto más quiere apresarse más elusiva se vuelve; porque depende de un delicado equilibrio que varía con las épocas (lo que ayer te hacía feliz, hoy te deja indiferente y mañana podría incluso irritarte); y porque reviste una condición imprescindible: solo se da en libertad.

Lo sorprendente es que esas personas, que están tan correctamente persuadidas de que la felicidad solo puede existir en ausencia de controles, aceptan con la mayor sumisión la tesis según la cual la felicidad de los pueblos tiene, como condición primordial, la vigilancia de la economía. Los mismos que se ríen ante la mención de que la felicidad puede ser planificada por un gobierno, admiten mansamente que la producción, el mercado y los precios pueden ser diseñados por un gobierno. Esos que califican a Maduro de demagogo y populista, tienen décadas diciendo que el gobierno es responsable de las necesidades de la sociedad y, por tanto, de él deben derivar empleo, producción de bienes y servicios y, en suma, un marco de regulaciones que constriña toda actividad económica.

Es más fácil hacer feliz a una comunidad (dispersando una sustancia de efecto tal en el acueducto, por ejemplo), que traer prosperidad y oportunidades mediante controles a la economía, que, finalmente, se rige por las condiciones que antes expusimos sobre la felicidad. Y, sin embargo, todos los partidos políticos, todos los discursos de todos los candidatos, en el pasado y en el presente, se cimientan en la promesa absurda de mejorar la economía… poniéndole algún tipo de torniquete.

Venezuela nunca ha tenido una economía libre. Jamás ha habido un verdadero capitalismo en Venezuela. La verdad es que todas las generaciones han procurado regímenes de controles económicos en diversos grados. Y siempre, pero siempre, han resultado negativos. Los logros económicos que el país tuvo en el pasado se debieron al enorme impulso que supone el petróleo, no hay duda; pero, a lo que voy, a que la economía supo colarse por los intersticios de las diversas formas de estrangulación de las libertades. Es decir, a pesar de la planificación.

Ahora, cuando los controles han llegado a dimensiones solo comparables con el desastre que han acarreado, los venezolanos deberíamos tener suficiente constatación de que los controles no traen más que pobreza, desabastecimiento, devaluación, desempleo, corrupción, desigualdad y falta de oportunidades.

Deberíamos, pues, reírnos a carcajadas, indignarnos y mirar por encima del hombro a quien sugiriera que la producción y la economía se estimulan poniéndoles alcabalas. Una concepción tan disparatada como la ocurrencia de hacer feliz a un colectivo desde una oficina con un nombre sacado del costurero de Kim Il-sun.

Pero lo cierto es que los mismos que se burlan de Maduro, por su dislate de imponer la felicidad a palos, aceptan sin mayor examen la propuesta de Henrique Capriles Radonski, por ejemplo, que suspende los alicates políticos, pero prolonga los económicos. Y donde diga “Hugo Chávez”, él rebautizará “Simón Bolívar”. Como si fuera concebible algo auspicioso a partir de una misión social.

Si me quedara algún ánimo libre de angustia, me reiría de todo eso.

 

Publicado en El Nacional, el 03 de noviembre de 2013

 

 

El pueblo según Dietrich

Publicado por el nov 30, 2013 en Columnas | 3 comments

El pueblo según Dietrich

Milagros Socorro

Heinz Dietirich rescataría algún respeto y credibilidad si empezara por explicar cómo era su contrato de asesoría con Chávez. En qué consistían sus servicios. Cuáles fueron sus recomendaciones. Cuánta es su responsabilidad en el diseño del socialismo del siglo XXI. Qué medidas fueron tomadas a la luz de sus consejos. Qué parte de la realidad venezolana es de su cosecha. Qué porción de la tragedia venezolana puede atribuírsele. Cuántos de los castigos que estamos padeciendo día a día fueron concebidos por él en su tranquilo gabinete de mentor de tiranos. Y, desde luego, algo contribuiría al esclarecimiento de su papel la revelación del monto de sus honorarios, así como la moneda en que le eran cancelados (esto, a partir del hecho de que los salarios de los apátridas venezolanos son en bolívares, exclusivamente). Una vez aclarado todo esto, sería conveniente establecer hasta qué día, exactamente, le llegaron las mesadas; si hubo correspondencia con la dupla Maduro/Cabello para que ellos le prolongaran la manguangua; y si Wilmer Castro Soteldo ya ha pedido las tarifas para apuntarse al servicio (sospecha a la que ha dado pie el propio consultor, al referirse a este militar como la excepción “honesta y que tiene méritos en la conducción de ese proceso”, y el indicado “para que hable con los dos que gobiernan y les advierta que están conduciendo el Titanic”).

Como tantos otros tributarios a la debacle venezolana, Heinz Dieterich está tratando ahora de poner su marca en lejía, a ver si salva algún prestigio del paisaje lunar al que ha sido reducido el pobre país de cuyo botín se apresuró a triscar. Como tantos otros, no tiene el coraje y la honestidad de reconocer que se equivocó; que él forma parte de esa izquierda que se pasó la vida denostando de los militares para terminar arrodillado ante el culto a Chávez, finalmente un sátrapa militarista más, que carecía de la más mínima formación y tenía un profundo desprecio por la institucionalidad y las leyes; que el supuesto carisma que los hechizó no era más que un síntoma en la psiquis de los seducidos (y la prueba es que mucha gente jamás percibió ningún atractivo mágico en Chávez y que no vio en él más que un sargentón primitivo, sin sentido del ridículo e irresponsable hasta extremos galácticos).

En vez de eso, Dieterich opta por una operación que también hemos visto muchas veces: culpar a otros. Jamás a los poderosos, a los jerarcas del régimen, muchos menos al propio Chávez, a quien sigue siendo ventajoso adular. Dieterich culpa a los medios de comunicación, al sector privado que todavía sigue produciendo algunos bienes y servicios y, sobre todo, culpa a la gente.

En artículo reciente y en entrevista con CNN, Dieterich se rinde ante lo obvio (y largamente advertido por los adversarios de Chávez): Venezuela “tiene graves y urgentes problemas económicos”. Más aún, dice que “Si el gobierno de Maduro/Cabello no toma medidas inteligentes y drásticas de manera inmediata en lo económico y político, tiene los meses contados”. Y una línea más allá augura que ese cuadro de penurias configura “evidentes escenarios de la eventual caída”, el primero de los cuales sería el de “movilizaciones callejeras”, que Dieterich afirma, en primer lugar, que serían “dirigidas por Washington y la derecha”. Esto significa que el pueblo víctima de ese colapso, como él mismo lo llama, solo se movilizaría si lo dirigen factores externos a él y con fines aviesos.

Esto es lo más ofensivo de los últimos pronunciamientos de Dieterich, la mezquindad con que se refiere a las masas venezolanas oprimidas por la tiranía que él asesoró y depauperadas por unas directrices que también tienen su impronta. Todo lo demás es sabana para su oportunismo, que consiste en señalar a Maduro de todas las faltas de Chávez (cursilería, conducción equivocada, falta de conexión con la realidad, ineficiencia, estímulo al clientelismo, negativa a rectificar, auspicio a los distintos tipos de cambio, creación de monopolios absurdos, terquedad en un modelo que conduce a la hiperinflación y a la fuga de capitales, asfixia al pueblo y a las clases medias…), sin admitir que todo eso estaba anunciado desde el primer y, lo que es más vil, sin reconocer su parte de culpa en la hechura de ese abismo al que hemos sido arrojados los venezolanos

 

Publicado en El Nacional, el 20 de octubre de 2013

 

 

Que no quede nada

Publicado por el nov 16, 2013 en Columnas | 0 comments

Que no quede nada

Milagros Socorro

Lo peligroso de Maduro no es que no sepa lo que está haciendo –lo sabe muy bien, sino que carece de la consistencia necesaria en quien manipula las masas. Un día arenga a las masas para que se constituyan y ocupen una tienda “hasta que no quede nada en los anaqueles”; y al otro día aparece asustado ante las consecuencias de su propia iniciativa y, lo que es peor, intentando desplazar las culpas.

En la tarde del viernes 8 de noviembre, Maduro ordenó por televisión que se pusieran “precios justos” en una red de electrodomésticos, a la que señaló de sobrefacturación hasta el 1000%. Después de que le subió temperatura a la acusación, remató con una orden de claro acento de manipulación de masas:

“Que no quede nada en los anaqueles”. Y, efectivamente, de inmediato se formaron multitudes delante de las tiendas mencionadas y de otros del ramo. ¿Maduro pronunció las palabras “robar” o “saquear” en su soflama? No, pero la masa que rápidamente se formó sí que las interpretó. Y es el caso que al día siguiente la sucursal de Valencia de la tienda aludida por Maduro fue invadida por centenares de personas, que rompieron las vidrieras para irrumpir en el local y llevarse la mercancía. Los videos que han circulado en Internet son explícitos del festín de latrocinio y de la absoluta impunidad conque actuaban los ladrones.

En estos días (los robos se prolongaron, por lo menos, hasta el lunes, cuando los rateros hicieron lo mismo Ciudad Ojeda, Zulia; los comerciantes de Puerto Ordaz tuvieron que cerrar sus locales por la amenaza de saqueo; y una farmacia en Mérida sufrió el ataque de antisociales), las masas se han ido configurando, tal como ocurrió en 1989, cuando los desórdenes fueron tomando cuerpo a partir del 27 de febrero y ya en los días siguientes se produjo lo que el padre Pedro Trigo ha llamado “robos en cadena totalmente repudiables”.

En el momento en que escribo (martes en la mañana) el riesgo está lejos de conjurarse. Se han desatado fuerzas muy difíciles de recoger y de imprevisible deriva. En un contexto, además, de gran crispación, crisis económica, inflación y desabastecimiento. Pero, insisto, el mayor peligro lo constituye la endeblez de carácter Maduro, que después de activar a las muchedumbres, manipulando su emocionalidad y estimulando la irracionalidad propia de las masas con ese alegato que de que no queda nada en los anaqueles, está tratando de escurrir el bulto culpando a los medios de comunicación y a la oposición (esto, naturalmente, con la complicidad de la fiscal Luisa Ortega Díaz).

Maduro no tardará en volver a azuzar a las masas. Lamentablemente, se ha lanzado por un corralón que no le deja más salida. Y las multitudes volverán a comportarse como les es propio: suspendiendo la personalidad individual para suplantarla por una mente colectiva que, por lo general, se orienta a la destrucción.

Tal como estableció Gustave Le Bon, en su “Psicología de las Masas”, en 1895: “La peculiaridad más sobresaliente que presenta una masa psicológica es la siguiente: sean quienes fueren los individuos que la componen, más allá de semejanzas o diferencias en los modos de vida, las ocupaciones, los caracteres o la inteligencia de estos individuos, el hecho de que han sido transformados en una masa los pone en posesión de una especie de mente colectiva que los hace sentir, pensar y actuar de una manera bastante distinta de la que cada individuo sentiría, pensaría y actuaría si estuviese aislado. Hay ciertas ideas y sentimientos que no surgen, o no se traducen en acción, excepto cuando los individuos forman una masa”.

Desde esta perspectiva, es posible que la responsabilidad individual queda borrada en la masa, poco dada a razones, pero rápida en actuar; lo que sí es perfectamente discernible es la incumbencia de Maduro, quien, como tantos otros mandatarios, pulsó unas determinadas emociones y echó a andar unas masas que ya han dado muestras de escapar a su control.

Si repite la operación de espolear a las multitudes, luego calificar sus previsibles tropelías de percances (para desestimar su impacto), después actuar nuevamente como psicólogo perverso y otra vez hacerse el desentendido; es decir, si incita la fiera para burlarla, si hace de aprendiz de brujo y se pone a jugar con el poder que acaba descubrir, las consecuencias pueden ser terribles. Para absolutamente todos.

 

Publicado en El Carabobeño, el 13 de noviembre de 2013

 

 

 

Arte Popular

Publicado por el nov 8, 2013 en Columnas | 0 comments

Arte Popular

Milagros Socorro

La semana pasada estuve en el American Folk Art Museum (Museo del arte popular de los Estados Unidos), dedicado al arte tradicional de ese país, así como a la obra de artistas internacionales autodidactas. Está en Nueva York. Y por esta época tiene una exposición de quilts (colchas de retazos).

Entre las piezas de la exposición permanente del museo, fundado en 1961, destaca una inmensa veleta hecha en cobre moldeado, en 1890, que representa al legendario Tammany, cacique de los indios Delaware. Esta obra, de autor desconocido, está siempre en el salón principal del museo. Y, a su lado, el curador puso una fotografía donde puede verse al indio de cobre pintado en color crema, instalado en lo alto de una torre neoyorquina donde indicaba la dirección de los vientos. Es, de hecho, la veleta más grande en la historia de los Estados Unidos. Una obra muy bella e impresionante.

Estábamos, pues, haciendo maromas para tomar una fotografía donde aparecieran el indio monumental y el marido. “Muévete un poquito más a la derecha”. “Ponte como de perfil, para que se vea la imagen del edificio donde estaba…”. Como no había ningún otro espectador a aquel momento, no había necesidad de hablar en susurros.

De pronto, vimos acercarse al vigilante del museo. Qué norma estaríamos infringiendo. La cámara se me congeló en las manos como esas orquídeas que vienen en cajitas de plástico transparente.

–¿Venezolanos, verdad?

–Ay, carajo –pensé- reprendidos por inciviles y, encima, arrastrando el gentilicio.

–Ssssí –balbuceamos.

–Ah –dijo triunfante el vigilante, un hombre altísimo, que se bamboleaba como una palmera-. Lo supe porque hablan igualito a Oscar d’León.

Ese mismo día había leído una nota de prensa que aludía a la molestia que había producido la participación del gran sonero en la Feria Internacional de Turismo de Venezuela (Fitven), uno de los eventos más ostentosos del régimen (y tan mentiroso y fallido como los otros); que en esta ocasión estaba bajo la responsabilidad del ministro de Turismo, Andrés Izarra, conocido por las carcajadas con que glosó las cifras de muerte por violencia en Venezuela, al ser entrevistado por CNN. Un personaje poco respetable y un evento propagandístico en nada vinculado con la realidad (de un país que los turistas evitan por peligroso e inestable).

Me había sorprendido la innecesaria grosería con que el habitualmente encantador D’León había respondido los señalamientos. Escribió en su cuenta en Twitter: “Los que me han criticado mi participación en el FITVEN 2013 en Mérida. Les agradezco que no me sigan”. “Siempre apoyaré las cosas buenas que se hagan en mi país. Vengan de donde vengan. Critica menos y trabaja más por nuestro país”. “He llegado a donde he llegado por mi talento y mi equipo. Tus críticas me tienen sin cuidado. Todo el que solo sabe criticar es un infeliz”.

No se detuvo el genial músico a preguntarse si quienes desaprobaron su actuación (que fue percibirda como un apoyo al régimen autoritario y corrupto que ha destrozado la economía de Venezuela y degradado su institucionalidad) se limitan a criticar y no hacen nada por el país.

Olvidó el gran artista el desvelo y ternura con que el país siguió las incidencias del accidente que hace poco tuvo en Miami. Desestimó el hecho de que toda carrera pública está sometida al escrutinio, así como por décadas ha flotado en la aclamación colectiva.

El guardia del museo es dominicano. Nació en el barrio Consuelo, de Santo Domingo. Se llama Bienvenido Medina. Tiene 59 años, 24 de ellos en los Estados Unidos. El año que viene completará un cuarto de siglo en el museo, de manera que está cercano a la jubilación. Al pedirle que señale el que considera el mejor quilt de la muestra, va directo a una pieza del siglo XIX. Sabe mucho de arte popular.

–Mi artista favorito es Oscar D’León -dice con voz muy ronca y muy suave, tersada quizá por los años de celador de museo-. Favorito entre todos, incluidos los dominicanos. En realidad, Oscar D’Leon parece dominicano.

–Pero es venezolano –me encuentro puntualizando, entre agradecida y firme.

Voy a despedirme de Bienvenido y lo abrazo. Su reconocimiento al de Antímano me ha emocionado.

Pienso que eso es lo que importa, el cariño que Oscar D’León ha atraído al país y que nosotros estamos disfrutando en ese momento.

Decido no pensar más en las severas críticas que, según me han contado, él mismo hace, en privado, al régimen que tanto daño le ha hecho a Venezuela.

 

Publicado en El Carabobeño, el 06 de noviembre de 2013

 

 

Fantasía con Benjamín Scharifker

Publicado por el nov 7, 2013 en Columnas | 0 comments

Fantasía con Benjamín Scharifker

Milagros Socorro

La periodista Cecilia Caione, -quien ha amasado el mayor capital que se puede reunir en este oficio: la credibilidad-, publicó hace días una noticia estrafalaria, según la cual el rector de la Universidad Metropolitana, Benjamín Scharifker, será interpelado por la comisión que investiga el financiamiento internacional a organizaciones no gubernamentales y grupos políticos, en la Asamblea Nacional.

–La decisión –publicó Cecilia, en Últimas Noticias- la tomaron los integrantes de la instancia, luego de recibir al analista social Erick Rodríguez, quien señaló que en la Universidad Metropolitana se adoctrina a los jóvenes como parte del denominado plan de Libertad y Democracia.

Esta iniciativa del tal Erick Rodríguez se fundamenta, cabe pensar, en la suposición de que su audiencia se horrorizará cuando lean las palabras Libertad y Democracia. ¡Y además, juntas! “Libertad / Democracia / universidad / privada“. Esta sucesión, pensará el “analista social“, debe ser fulminante para el pueblo, que huirá de la seguidilla como los campesinos búlgaros de la vacuna.

Parte, asimismo, el ocurrente Rodríguez, de que los estudiantes de la Metropolitana son una partida de pazguatos, que se dejan marear con “muelas“, como dicen los jefes cubanos del PSUV, de adoctrinamiento en el tiempo que deberían dedicar a su formación profesional. Una suplantación muy grave en el caso de la Universidad Metropolitana, cuya matrícula pagan las familias de clase media (los ricos se van al extranjero) con sacrificio; y la convicción de que es la mejor inversión que pueden hacer para sus hijos y la única herencia que pueden dejarles en este empobrecido país.

Pero hay alguien, un tal William Fariñas, presidente de la citada comisión, a quien no le pareció suficiente aquella seguidilla de horrores y, al aceptar la comparecencia del rector Scharifker, añadió de su cosecha: “Quien no dudo en afirmar que está asociado al Mossad”.

Lo más sencillo sería contactar al profesor Scharifker, una personalidad muy conocida en Venezuela, puesto que antes de ser la principal autoridad de la Metropolitana, lo fue de la Universidad Simón Bolívar, cargo, por cierto, al que se accede por votación. Es de imaginarse que cualquier periodista puede obtener una entrevista con el académico, pero he preferido quedarme en la arena de las fantasías. Y aquí estoy, preguntándome cómo habrá sido el interrogatorio, si es que ya se produjo; y en qué términos quedó redactada la orden de presentarse ante el parlamento.

–¿Es usted socio del Mossad? –le preguntará el colega de Pedro Carreño, acercándose a Scharifker con aire amenazador.

–El Mo-mo-mo-ssad no es una em-pre-pre-sa –responderá Scharifker chorreado…. de la risa. Pero siempre con tono didáctico.

–¿Impone usted los programas de estudio de las distintas cátedras, como hace el partido con la Universidad Bolivariana y en la Rafael María Baralt, cuya principal materia es la vida del galáctico?

–No –dirá Scharifker con sencillez, tras decidir no exponer a aquel dinosaurio a la noción de libertad de cátedra.

–¿Usted critica a la revolución, a Chávez, a Maduro, a los militares, a Fidel Castro, a su hermanito…?

–A todos, sí –interrumpirá el rector Scharifker-. En todas partes. En prensa, radio, televisión, plaza pública, e-mail, Twitter, Facebook y cada vez que alguien me busque la lengua. Y me río a gritos de bobadas como el ministerio de la suprema felicidad, que se parece mucho al ministerio del supremo Amor, descrito por Orwell en su novela “1984“, donde parodia los totalitarismos del siglo XX. Por cierto, me he cansado de denunciar la práctica dictatorial, muy propia de ustedes, de inventar organismos para convertir en secretos las secretos informaciones de interés público; así como para acusar de agentes secretos a quienes cumplen con su deber formar estudiantes en valores democráticos, como pretenden hacer conmigo.

Cuando el colega de Darío Vivas insista en interrogarlo sobre su relación con el Mossad, es mi fantasía, el profesor Scharifker se quedará callado, previendo que en algún momento se enterarán de qué es, en realidad, el Mossad.

Y cuando los colegas de Tascón se enteren de la eficacia de esta agencia y de las mil maneras que tienen para capturar limpiamente a los perseguidores de judíos (puesto que su política es cobrarse, ojo por ojo, las afrentas), de seguro sentirán un frío en la nuca.

 

Publicado en El Carabobeño, el 30 de octubre de 2013