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¿Qué pasó con Mónica?

Publicado por el ene 14, 2014 en Columnas | 1 comment

¿Qué pasó con Mónica?

Milagros Socorro 

La noche de este martes 7 las calles del este de Caracas, por donde transité poco después de la caída del sol, estaban vacías. Oscuras y vacías. Parecía que hubiera caído una lluvia de plomo y los caraqueños se hubieran escondido en los sótanos del valle.

La imaginación del país estaba secuestrada por los minutos finales de una muchacha que en 2004 había desfilado por una pasarela internacional llevando en el pecho el nombre de Venezuela. Entre suspiros y frases entrecortadas para expresar el horror, la ominosa convicción de que un día también nos tocará, que estamos en lista de espera… entre balbuceos, decía, desviamos la mirada y callamos porque estamos raptados por imágenes horribles de lo que pudieron ser esos momentos en la autopista que conduce a Valencia. Cuál sería el pavor de esos muchachos, qué funestas las sombras de la noche, cuán feroces las caras de los criminales, qué abyecta su mirada, qué tembloroso el llanto de la criatura, cuál el temor de una bella muchacha asediada por hienas, cuánta la desesperación de ese hombre en su deseo de proteger a su familia…

Lo que ocurrió con la familia Berry Spear pasó 24.700 veces el año pasado en todo el territorio nacional, según cifras del Observatorio Venezolano de Violencia, que así redondea el número de muertes violentas en nuestro país. Pero pocos crímenes han sacudido al país con el impacto de este.

Se explica, desde luego, porque una de las víctimas es una figura pública y, además, profundamente popular. Se cruzan en ella dos atributos que han hallado residencia en el corazón nacional: la muchacha que ofrece su belleza a la contemplación del país al que representa en el extranjero como una potencia de la gracia; y la actriz de telenovela, el gran entretenimiento de nuestros países.

A esta víctima la conocemos. No cayó en un ajuste de cuentas. No se lo buscó. No andaba en quizás qué andanzas. No puede ser tragada por el monstruo de los números sin rostro. Sus facciones, conocidas y queridas, nos impiden mirar a otro lado. Nos reclaman desde su sonrisa encantadora, desde su juventud malograda por mano criminal.

La sangre de Mónica Spear se ha regado sobre el mapa de la destrucción de las instituciones, lo ha coloreado mostrándonos su perfil y sus dimensiones. Ahora tenemos ante nuestros ojos la prueba de que no se puede estar 15 años demoliendo las instituciones y esperar que no pase nada. Ha pasado. Está pasando. Y lo paga la sociedad al precio más alto que quepa imaginar: nos están matando, están masacrando a nuestros jóvenes y no lo podemos impedir porque los mecanismos previstos para ello fueron desmantelados sistemáticamente.

Se ha justificado la acción criminal al tiempo que se decretaba un nuevo blanco de la represión: el hampa campea por sus fueros mientras se persigue a la disidencia democrática. Se intervinieron las policías regionales y municipales para quitarles competencias, armamento y, en suma, capacidad de respuesta ante la criminalidad creciente. Se diseminó el odio por todos los medios posibles. Se mostró al Presidente de la República golpeándose el puño en señal de atropello al otro, de “arrasarlo y convertirlo en polvo cósmico”. Se entregaron las cárceles al arbitrio de los “pranes”, quienes se han convertido en barones del secuestro, la extorsión y el asesinato. Se pervirtió el poder judicial dejándolo en manos de bandas de enanos morales y francos bandidos. Se desnaturalizó la Fiscalía convirtiéndola en un aparato represor de la disidencia.

En suma, las instituciones fueron desguazadas y alrededor de los pedazos se convocaron fiestas y vítores. Ahora vemos las consecuencias. Y el país lo está viendo con toda claridad (lo que implica que está reconociendo su responsabilidad individual en esta quiebra colectiva).

El martirio de Mónica nos echa en cara, también, la impunidad que corroe a Venezuela. Ante el escándalo del homicidio de la reina de belleza, la policía local ha superado a las más avezadas del mundo al capturar en tiempo récord a sus verdugos. Es evidente que ellos siempre han sabido dónde están las guaridas de los delincuentes, saben quiénes son y dónde se esconden. Saben por dónde pululan y con qué armas nos masacran.

Ha ocurrido mucho, seguirá ocurriendo, con Mónica se pasaron de la raya. Y el 4 de febrero los veremos celebrando un delito.

 

Publicado en El Nacional, el  12 de enero de 2014

 

 

 

Una mujer legendaria

Publicado por el dic 21, 2013 en Columnas | 4 comments

Una mujer legendaria

Milagros Socorro

No hay que subestimar el grado de intimidad que pueden alcanzar dos personas cuando comentan un texto. Es una compenetración, por cierto, que se extiende a todo el grupo, cuando la lectura es colectiva.

La enseñanza me ha dado el privilegio de conocer almas extraordinarias. Y muchos de mi discípulos se sorprenden de la fuerte confianza que nos une y la facilidad con que fluyen sus confidencias, aún cuando haya pasado tiempo sin vernos. Esto se explica porque la relación tuvo sus cimientos en la creatividad, que es la mejor parte de todos nosotros. La más hermosa y, lo más importante, a que solo se desarrolla en un medio donde prive la confianza, sobre todo en las propias posibilidades.

La periodista Vicglamar Torres fue mi alumna en mi curso de Escritura Creativa. Ford Motor Company acaba de descubrir algo que yo supe hace más de una década, cundo la tuve en el aula: Vicglamar es una Mujer Legendaria; y como tal recibió, el

jueves 12 de diciembre, el premio que esta firma concede a cinco mujeres al año.

Se trata del Premio Mujeres Legendarias de Ford, que distingue a figuras hispanas en los Estados Unidos. Vicglamar tiene más de 10 años viviendo en Nueva York, donde trabaja como periodista.

El fabricante de automóviles reconoce el liderazgo en organizaciones de todo orden, incluida la familia. De hecho, Vicglamar fue honrada como “Super Mamá Latina: un modelo de conducta para su familia y la comunidad, que alienta a otros padres en persona o en línea con sus experiencias y conocimientos”.

“La verdad, me siento contenta”, me confesó en una carta donde me comentaba incidencias del premio.

–Yo no tenía ni idea de lo que se trataba. Un colega me mandó un cuestionario y lo llené, sin detenerme en su finalidad. Cuando estás tan ocupada, haces muchas cosas sin saber exactamente paras qué serán. Pues resulta que él y otros panas habñian decidido postularme para esto. Cuando me enteré, me reí. Supe que no era chiste cuando me llamaron de la Fundación Ford para decirme que, entre las 600 postulaciones, la mía había quedado entre las 15 finalistas y que me estaban extendiendo una invitación a Detroit para entrevistarnos personalmente.

–Lo que me alegra de esto –sigue Vicglamar- es que, en realidad, el premiado es mi hijo Gabriel. Al jurado le pareció que no haber aceptado como definitiva que ese niño con su cráneo reconstruido y sus problemas motrices no podría caminar o correr tras una pelota, fue un acto de valentía.

“Consideraron que es inspirador haberlo ayudarlo a que no solo caminara, sino que a los 8 años sea un guapísimo e inteligente atleta; después de que varios especialistas renombrados nos dijeron que no había esperanzas. Y mira que Gabriel visitó, además de los hospitales más importantes del área triestatal, el Boston Children’s Hospital, el de Texas y los de las universidades de Georgetown y Maryland. Solo tres especialistas nos dijeron: “sigan, que sí puede”: el doctor que lo operó, su mentor –un viejito francés que dirige el departamento de Neurocirugía Infantil, en la Universidad de Nueva York- y Mauricio Krivoy, en el Centro Médico de San Bernardino, Caracas.

“Perdona la catarsis. No sé por qué contigo siempre afloran las cosas que tengo atragantadas entre el corazón y la garganta, como la craniosinostosis de mi hijo y sus consecuencias: sus múltiples terapias; su incapacidad para dormir por una época; el riesgo letal que significaba un mínimo golpe; siempre fue una lucha muy íntima, muy a puertas cerradas en el hogar”.

“Casi nunca hablé de eso, lo compartía muy poco. Y, fíjate, un compañero del periódico donde trabajaba entonces –cuando regresé a trabajar, porque durante un tiempo me mantuve con mi hijo todo el tiempo- decidió contarle la historia a Ford. Es una historia que mis colegas vivieron a medias conmigo (porque en Estados Unidos, así seas latino no hablas mucho de tu vida personal), porque veían mis ojeras y sentían cada día esa angustia silenciosa que habita en el desesperado”.

“Así que lo menos que esperaba es que la gente se enterara de la lucha de un par de inmigrantes que, a la vez que trataban de adaptarse a una sociedad ajena y afrontaban los sobresaltos legales que nos toca pasar a los inmigrantes, también libraban una batalla contra unos músculos entumecidos y con cierta distrofia. También eso lo logramos vencer”.

Antes de enviarme esta carta, Vicglamar me había contado buena parte de lo que ella y su esposo bregaron para darle a su hijo una vida normal y saludable. La sola narración de un día cualquiera bastaba para dejarme agotada. Antes de conocer a Gabriel ya sabía detalles tremendos de su historia clínica.

El día que finalmente lo vi por primera vez, fui con su padre a recogerlo en la cancha de futbol. Desde el carro lo vi venir, ágil, igual en todo a los otros niños, excepto por los ojazos de la madre, que heredó íntegramente. Y una cierta complexión moral secreta, que solo tienen los hijos de los héroes.

 

El Carabobeño, 18. 12. 2013

Apuntes sobre la calle

Publicado por el dic 20, 2013 en Columnas | 0 comments

Apuntes sobre la calle

Milagros Socorro

La inmensa y flagrante cadena de abusos perpetrada por el gobierno, antes y durante las elecciones del 8D, está a la vista del mundo. Todo está disponible en Internet, palpitante en su bajeza, denuncia viva ante los ojos de quien quiera verlo. Y, sin embargo, hay quien, incluso haciendo el inventario de las evidentes irregularidades, concluye que la culpa de la tragedia venezolana es de una oposición que no ha querido desalojar al régimen destructor, básicamente por su cobardía y su negativa a mandar a la gente a tomar las calles.

Veamos un análisis típico. Allí se enumera que: 1) el TSJ y todo el sistema judicial fueron transformados por Chávez en un apéndice del PSUV, con oficiales activos del ejército elegidos como jueces, “algo que ni siquiera los peores dictadores latinoamericanos osaron hacer”; 2) todos los medios masivos de comunicación, salvo pocos diarios impresos, han sido estatizados o vendidos a testaferros del gobierno, incluidas 300 estaciones de radio expropiadas en los dos últimos años, “con lo cual durante la campaña para el 8D, la oposición fue prácticamente invisibles en los medios”.

3) Líderes sindicales han sido encarcelados, exiliados o apaleados por hordas chavistas; 4) los directores de campaña de Henrique Capriles son acosados​​, atacados por matones del PSUV, destruidos moralmente sesiones de la AN y torturados por las fuerzas represivas del Estado; 5) los empresarios no se atreven a hacer contribuciones a las campañas por miedo a ser perseguidos o a que sus negocios sean mandados a saquear; 6) las conversaciones privadas de los líderes de oposición son grabadas y divulgadas por altos funcionarios en ruedas de prensa convocadas con ese fin.

7) A Capriles le hicieron atentados impunes en varios lugares del país; y el Gobierno le impidió usar transporte aéreo; 8) el uso de los recursos del Estado para las campañas oficialistas fue grotesco, así como el comportamiento del CNE, ciego ante las infinitas violaciones de la ley.

9) el pueblo opositor debe enfrentarse con fuerzas hostiles de orden legal (policías y fuerzas armadas) e ilegal (turbas de motorizados enviados por el Gobierno); 10) cada vez se descubren más nexos de los gobiernos de Chávez y de Maduro con el narcotráfico y mafias de todo pelaje. Esta semana el ABC, de España, publicó informó de que cuando Maduro era canciller medió para que el FMLN mejorara su acceso al tráfico de drogas, naturalmente usando para ello el territorio de Venezuela.

La mayoría de los observadores admiten este contexto parcialmente o en bloque y, sin embargo, muchos de ellos siguen ese camino para concluir que “los líderes de la oposición continúan comportándose como si Venezuela fuera Suiza y la victoria a través de las urnas fuera una posibilidad real”. Repiten la mentira según la cual la oposición “ha llamado a sus seguidores a no transformar su enojo y frustración en actividad en las calles”.

Y no falta quien reclame que Venezuela no haya seguido el camino de Siria o Egipto, como si esos dos castigados pueblos vivieran hoy algo distinto a una guerra civil o a la apropiación del poder por los militares. Da la impresión de que a Venezuela se le reprocha no haberse sumido en una guerra civil, negando con ello las muy sexi tomas de un huracán de sangre en el Caribe.

La verdad es que la Unidad Democrática está amarrada, por diseño de esa coalición de organizaciones políticas, a los métodos democráticos para enfrentar un gobierno que no lo es. Eso implica, naturalmente, un camino largo, que exige mucha paciencia y estaciones para reflexionar y afinar estrategias.

Venezolano opositor que no esté dispuesto a seguir la tediosa senda democrática, puede irse por la más rápida. El verdadero radical, que no está hablando paja, es como el caballo viejo de Simón Díaz: “no le obedece al freno ni lo paran falsas riendas”. Hasta el momento, no hemos visto ninguno que le eche pichón.

La verdad es que la oposición siempre ha estado en la calle, en esas miles de protestas, huelgas, paros cívicos y tomas pacíficas que diariamente se producen en todos los confines de la república.

La verdad es que la única ocasión en que Capriles disuadió a sus seguidores de salir a la calle fue el 17 de abril de 2013, después de varios días de manifestaciones (por las que el régimen lo tildó de asesino), atendiendo informaciones de aliados que en el interior de los cuerpos represivos según las cuales el régimen estaba listo para reprimir con violencia.

La verdad es que el camino a la democracia de Venezuela no empieza en Miami ni mucho menos en las barras de los conspiradores. Aún así, largo y tortuoso, ya tenemos mucho avanzado. Y seguimos.

 

Publicado en El Nacional, el 15 de diciembre de 2013

 

 

Complaciente

Publicado por el dic 19, 2013 en Columnas | 0 comments

Complaciente

Milagros Socorro

Que la sombra del fracaso se alarga hasta cubrir a Henrique Capriles y Primero Justicia es el lugar común de los análisis de las elecciones municipales del domingo 8. Prácticamente no hay quien no enfatice el yerro que supuso plantear los comicios locales en términos de un referéndum donde los votantes no solo elegirían las autoridades de sus ayuntamientos, sino que volverían sobre los pasos del 14 de abril para remachar su apoyo a Capriles y al Unidad Democrática en grado tal que superara a Maduro, dejándolo desnudo en su ilegitimidad.

Esto no ocurrió. La coalición democrática no logró movilizar a los votantes ni siquiera en cifra similar a la de la víspera. Y ello ha conducido a los observadores no solo a concluir que la propuesta plebiscitaria fracasó, sino que Maduro se zafó de la chapa de la ilegitimidad.

No se toma en cuenta que la falsificación de Maduro no proviene únicamente de la escueta diferencia con que el CNE lo dio como ganador (después de hacerse el desentendido con la inmensa cantidad de irregularidades que viciaron el proceso comicial y el ventajismo del PSUV, casi tan grotesco como el verificado en esta ocasión). El otro factor de bastardía era el lugar de nacimiento de Maduro y su verdadera nacionalidad.

Concuerdo con quienes han dicho que el asunto de la nacionalidad de Maduro no es lo medular, puesto que una persona nacida en otro país y trasladada a este antes de los 5 años es venezolana de nacimiento. Pero ese no el punto. Lo fundamental es el desprecio de Maduro a lo establecido por la Constitución. A la fecha, Maduro no le ha dicho al país la verdad sobre el lugar de su nacimiento, mientras varios voceros del régimen han apuntado a lugares diferentes. Esto sería un asunto baladí si la Constitución nacional no estableciera parámetros muy concretos al respecto. Una precisión que Maduro y su partido desconocen de manera flagrante.

El régimen y su principal líder le han mentido al país y se han burlado de la Constitución, que es quien lo emplaza a ser claro en punto a su origen nacional.

Y la sociedad les ha tolerado esto como si fuera uno más de sus chistes toscos y machistas. De hecho, ningún análisis de los resultados de las elecciones apunta a observar la cantidad de atropellos, delitos y francas crueldades que el electorado premió. Ciertamente, el liderazgo democrático se muestra siempre indulgente con las masas cuyos desvaríos no tiene el coraje de señalar.

Las masas se muestran complacientes, por ejemplo, frente a los constantes vejámenes y amenazas de Diosdado Cabello, convertido, ante el país bobalicón y acobardado en presencia del energúmeno; al molinillo que degradó las instituciones; a la ultrajante presencia de extranjeros en asuntos axiales de la república; al despojo de competencias del que fue objeto el alcalde Antonio Ledezma, elegido por votos de venezolanos; a la imposición de gobiernos paralelos, con enormes presupuestos sin escrutinio. Y, si esto fuera poco, es evidente que, como ha escrito Alfredo Meza, “parte del buen resultado obtenido por el Gobierno obedece a la simpatía con la que se apreció la confiscación y remate de mercancías”.

No hay un solo desglose de estas elecciones que cuestione, aunque sea de pasada,  la banalidad de la ciudadanía, como si fueran menores de edad o tarados sin raciocinio de quienes no cabe esperar un mínimo de responsabilidad.

Días antes del evento comicial, Globovisión transmitió una “entrevista” entre Vladimir Villegas y Nicolás Maduro durante la cual salió al aire un intercambio que no estaba supuesto a ser difundido. Villegas le preguntaba al poderoso si le parecía que la entrevista iba bien; y Maduro lo hizo objeto de la mayor humillación concebible para este gremio al decirle que “estaba muy complaciente”.

Quedó en evidencia que aquello era un timo. Una representación urdida para estafar a las audiencias. Para engañarlas. Nunca hubo tal entrevista (que es el diálogo profesional mediante el cual un periodista interroga a un determinado vocero para recabar información útil a las audiencias) sino un show vergonzante planificado para embaucar a los televidentes en la víspera de unas elecciones.

Estamos, pues, constreñidos por una cadena de anuencias, en la que deben estar entrampados también los empresarios y comerciantes que no se han defendido de las persecuciones del régimen y de la terrible campaña de descalificación de que este los ha hecho objeto.

A no dudarlo, Capriles y PJ pagarán sus errores. Ruego por que los de la sociedad venezolana, que de tanta dispensa ha gozado, no nos cueste sangre, sudor y lágrimas antes de que se hayan deshilachado los afiches con que los perdedores tapizaron a Venezuela.

 

Publicado en El Carabobeño, el 11 de diciembre de 2013

 

 

 

Extraño no, criminal

Publicado por el dic 11, 2013 en Columnas | 1 comment

Extraño no, criminal

Milagros Socorro

Un apagón nacional es un evento terrible. Solo cosas malas pueden derivarse de él. En la industria, si no se ponen en marcha rápidamente las plantas auxiliares, se interrumpen procesos, se pierden insumos, ocurren accidentes, se atrasa la producción. En el comercio, se interrumpe la línea de frío, se dañan equipos, se pierden horas de trabajo. En las oficinas, se borran trabajos que no se habían guardado en las computadoras, se interrumpen las comunicaciones, se dejan de trabajar muchas horas. En las casas, se afecta la atención a enfermos y a niños, se queman electrodomésticos, las audiencias se pierden emisiones de juegos deportivos o de series dramáticas, así como horas de lectura. En las calles, queda la ciudadanía librada a mayor oscuridad, un factor gravísimo en el contexto de la violencia que impera en uno de los países más inseguros del mundo.

En todas partes, queda gente encerrada en ascensores, en vagones de metro, en estacionamientos, en locales cuyas puertas solo abren con sistemas eléctricos.

La vida cotidiana de Venezuela, con inflación, desabastecimiento, colas para casi cualquier actividad (incluida la compra de comida), corrupción desparramada hasta el más mínimo trámite, caos en el tráfico, pésimo transporte colectivo, constantes groserías proferidas por las más altas figuras del gobierno, motorizados corriendo por las aceras (sorteando los carros que ya estén estacionados en ellas), desoladora crisis de la salud… en fin, ya la cotidianidad es suficientemente dura para que, encima, falle la energía eléctrica y cause tantos trastornos.

Quienes tengan la responsabilidad, por acción o por omisión, de los seis apagones generales que hemos padecido en 5 años, han causado enorme daño al país. Lo mismo, naturalmente, que los constantes cortes de energía que castigan diariamente al interior del país, que no provocan, sin embargo, ni un solo comentario de los responsables del servicio y de la seguridad nacional.

En lugar de dar a cuentas al país y ofrecer mecanismos de reparación para los estropicios que admitan resarcimiento, los apagones nacionales ponen en marcha vergonzosos espectáculos que, orquestados entre varias instituciones, con la Presidencia de la República a la cabeza, se coordinan para frivolizar el hecho y desviar toda responsabilidad. Esto ocurrió el lunes 2 diciembre, en ocasión de otro apagón general, cuando Maduro, Diosdado Cabello y Jesse Chacón, entre otros, se turnaron ante los micrófonos para repetir una cartilla, esta vez a gritos y con más insultos y amenazas, porque como ya han hecho ese show varias veces, es preciso aumentarle hierros.

En esta ocasión no culparon a un fenómeno climático (como en su momento hicieron con El Niño); con un aparato productivo confiscado, invadido y perseguido, tampoco atribuyeron la crisis, como hizo Chávez, a sectores pudientes de la población “que derrochaban la energía”; necesitados de sobreactuar su autoridad y capacidad de intimidación, no señalan a las iguanas. Previsiblemente, la culpa es del sabotaje. Y, como se permitieron acusar algunos, sin ahorrarse amenazas, los responsables serían los líderes de la oposición democrática.

Ni un solo nombre. Ni una sola prueba. Ni un solo argumento serio o profesional. Ni un solo señalamiento sustentado en procedimientos legales. Puro espectáculo barato. Solo manipulación para las masas.

Ni un palabra de explicación acerca de lo que han estado haciendo el Ministerio de Energía Eléctrica, creado en octubre de 2009, y el Estado Mayor Eléctrico, instalado hace 8 meses, justamente para que no hubiera saboteo “de las centrales eléctricas durante las elecciones presidenciales del 14 de abril”.

El 26 de noviembre pasado, el departamento de Prensa de Corpoelec difundió una gacetilla para informar de que estaba “estaba activado el plan maestro del Estado Mayor Eléctrico preparado para atender elecciones municipales del 8D”. Cómo es que a pocos días el país entero se queda sin electricidad y el trío Los Panchos, en afinado coro, califica el desastre de “extraño”, como si no ocurriera todos los días en buena parte del país; y culpa a otro fascista, sin rostro, sin identidad y, por tanto, inimputable.

Dejo la conclusión de estas líneas a la periodista Tamoa Calzadilla. No puedo decirlo mejor: “Ante la falta de información, ¿tenemos que conformarnos con que el Gobierno no sabe protegernos del ‘sabotaje’?”

Publicado en El Carabobeño, el 04 de diciembre de 2013

 

 

Una sola persona

Publicado por el dic 11, 2013 en Columnas | 0 comments

Una sola persona

Milagros Socorro

Las elecciones, como todos los eventos sociales, están fuera del control de los individuos como tales, esto es, cuando no están integrados a las masas sino que permanecen en la esfera particular de sus propias visiones e iniciativas.

La determinación de un hombre solo no va a cambiar la historia. Al menos, cuando ese hombre no está en posiciones de poder ni se cuentan entre sus capacidades la de movilizar grandes bloques de acciones, que a su vez se multipliquen en impactantes ondas de influencia.

Pero, paradójicamente, es mucho lo que una persona sola puede hacer.

Lo primero es detenerse a afinar su mirada y establecer cuál es su percepción de las cosas, de lo que es justo y de lo que debe hacerse. No se trata de parar la oreja para percatarse de lo que dicen y hacen los demás. Ya eso se sabe (no hay manera de sustraerse a la ruidosa tendencia generalizada). El asunto es aislar qué es lo que uno considera correcto, pertinente y útil. Hermoso, si prefieres.

La experiencia venezolana de estos quince años nos ha demostrado con qué frialdad se orientan los regímenes autoritarios a manipular los sentimientos primitivos de las sociedades; con cuánta habilidad atizan los resentimientos, ofrecen venganzas y montan el espectáculo de la degradación de unos para el deleite de otros.

Es evidente que el régimen, en su constante exploración de las bajas pulsiones del alma nacional, palpó la avidez consumidora; y no dudó en exacerbarla hasta el punto en que las multitudes se convirtieran en sus cómplices. Se valió para ello de las “rebajas” forzadas, mediante las cuales se obligó a los comerciantes a vender su mercancía a precios hasta 70% menos de su valor real (el que ha sido perfilado por los controles, la inflación y los costos de reposición).

No fue esta, desde luego, la única vileza a la que muchos venezolanos se apuntaron, aprovechando el afán del régimen de satanizar la actividad económica y procurar la demolición del emprendimiento privado. En este espacio nos hemos cansado de increpar a quienes se apresuraron a arruinar a tantos comerciantes, preguntándoles si ya pusieron en venta sus casas, carros motos al 50% de su valor. Nadie ha respondido. No se ha sabido de un solo caso de revolucionarios que hayan sacado a la venta sus dólares a la tasa de cuando Chávez llegó al poder.

Es notoria también la agilidad con que muchos saltan candeladas para hacer negocios que prescinden de las normas y del más mínimo respeto a la integridad de la república. Si el régimen es corrupto (más allá, dicen los entendidos, de toda dimensión conocida antes en Venezuela) es, en buena medida, porque ha encontrado socios en todos los sectores. Todo esto será, a no dudarlo, minuciosamente documentado por la historia, que tarde o temprano pone orden hasta en la pachanga más bulliciosa.

Así mismo, es trillado el historial de ignominia de quienes han tenido en sus manos la responsabilidad de salvaguardar la fama de las instituciones, sobre todo cuando en la buena reputación radica buena parte de su función. Hemos contemplado el espectáculo de sumisión de los representantes de los poderes (el Electoral, por ejemplo) al Ejecutivo.

Eso lo hemos visto todos. No hay nadie que pueda afirmar que no fue obligado a ser testigo de la degradación de las instituciones. Que a algunos les parezca muy bolivariano, es otra cosa. Pero la abyección ha sido sobradamente exhibida.

Ese inmenso mural de oprobio, en el que muchos han puesto su mosaico, es lo que tenemos delante.

Y, sin embargo, todavía nos queda esa rendija de dignidad por la que nos asomamos a nuestras propias percepciones.

El felón actúa siempre en la bajeza. Y puede ser que muchos se le unan. Pero aún así, y sobre todo por eso, no hay que perder de vista el valor de una persona sola.

Cuando votamos estamos solos con nuestra conciencia. Así como estamos solos cuando nos negamos a sumarnos a una mayoría que sabemos equivocada e incluso cruel.

Aún en las situaciones de mayor presión, siempre nos quedará la prorrogativa de concebir nuestros actos en libertad y buena fe. Siempre nos quedará la responsabilidad individual.

Es, por cierto, la fuerza que movió siempre a Nelson Mandela (1918 – 2013), quien, según recordó el presidente Obama, en su sobrio tributo de este jueves, estuvo siempre guiado por sus esperanzas y no por sus miedos.

Mantengamos la esperanza como una llama secreta, dulce e indeclinable.

 

Publicado en El Nacional, el 8 de diciembre de 2013

 

 

Nuevas noticias acerca del carisma

Publicado por el dic 6, 2013 en Columnas | 0 comments

Nuevas noticias acerca del carisma

Milagros Socorro

La primera sorpresa la tuve poco después del intento de golpe de Estado de 1992, cuando una amiga a quien tenía por muy inteligente y criteriosa, manifestó una ferviente admiración por Chávez, a quien ella veía como el remedio para los males de democracia venezolana de entonces. En mi convicción de que las reparaciones a la democracia solo pueden hacerse dentro de sus propios talleres, no podía concebir cómo la felonía podía abonar a la salud de la convivencia democrática y sus instituciones.

Lo siguiente sería una auténtica perplejidad cuando empecé a oír que a aquel hombre ignorante, que se había apresurado a rendirse ante Fidel Castro, cabecilla de la tiranía más larga del continente, y prometía freír cabezas, se le atribuía un inmenso carisma. ¿Carisma? Nunca le vi la gracia. Muy por el contrario, siempre escuché un hombre de escasa formación, resentido, latoso, incoherente, improvisado, de tosco lenguaje verbal y gestual y, si fuera poco, de un machismo bochornoso… Es evidente que el carisma está en los ojos que ven. Y yo no vi nunca más que un militar golpista, muy desinformado de los asuntos de Venezuela y terriblemente irresponsable.

Cuando llegó Maduro al poder no faltó quien asegurara que el autoproclamado hijo de Chávez toparía con grandes dificultades, derivadas del hecho que carecía de las dotes expresivas del llamado “galáctico”. Que no convocaría, corrieron a decir los repetidores de especies populares. Pero llegó el día en que Maduro llamó a las masas a acudir a los almacenes cuyos propietarios estaban obligados a vender la existencia por mucho menos de su valor real; y hete aquí que las muchedumbres se movilizaron al instante.

Pero, ¿cómo? ¿No se había admitido como gran verdad que el estilo Maduro era del tipo mampleto y que su discurso no electrizaría a las multitudes, que permanecerían indiferentes a sus emplazamientos? La realidad es que cuando ofreció mercancía a precios irreales en un contexto de inflación y devaluación, las muchedumbres lo acataron como hipnotizadas.

Eso responde la pregunta que muchos nos hemos hecho: ¿por qué no hay un carismático hondureño? ¿qué pasa, que jamás surge el carismático haitiano? ¿Por qué, si Evo Morales es también un caudal inagotable de disparates y despropósitos, también cantante y piropeador, no aparece como carismático sino como un payasito más? Ahora tenemos la respuesta. Es muy simple. El carisma es de quien tiene algo para repartir. Lo que galvaniza no es el verbo sino la expectativa de que algo le va a tocar al seducido.

Y si esa distribución se cumple mediante el expediente de pisotear el derecho de otros, no importa. La turba habrá seguido el mandato irresistible del líder, habrán comprado todo a precios de ruina para el vendedor; habrán saqueado cuando el impulso primitivo fue más fuerte que las responsabilidades individuales; y en la mañana, con la resaca, sentirán un vago sentimiento de vergüenza y se levantarán a reclamar que ellos no son saqueadores.

Lo cierto es que esas mismas personas que fueron convocadas por Maduro para adquirir productos por 50 y hasta 70% menos de su precio verdadero, se negarían con toda firmeza a vender sus propias casas, carros, motos, abastos, computadoras o máquinas de coser por el monto fijado por Maduro. Y resulta que todas esas cosas han visto multiplicar su valor en el mercado. Las masas convocadas por quien tiene el poder de distribuir convierte lo de otro en ganga, pero retiene lo suyo al precio en bolívares que la crisis económica ha multiplicado. Es una operación inmoral, que el líder carismático puso en marcha.

Ya Nietzche dejó muy claro que el autoritarismo se pone muchas máscaras para disimular sus impulsos destructivos hacia los otros: amor, igualdad, patriotismo, justicia social… Eso es lo que hemos visto en los últimos días en Venezuela.

Dejémoslo en palabras de Nietzche: “Predicadores de la igualdad, lo que les hace pedir a gritos igualdad no es más que el delirio tiránico de vuestra impotencia; y, de esta forma, vuestra tiránica concupiscencia se disfraza de virtud. Vanidad amargada y envidia reprimida, vanidad y envidia que quizá heredaron de vuestros padres, surgen en ustedes como llamas y quimeras de venganza… Yo les aconsejo, amigos míos, que desconfíen de quienes se sienten tan inclinados a castigar. Son gente de mal corazón y de mala ralea, a sus ojos se asoman el verdugo y el sabueso. Desconfíen de los que se pasan toda la vida hablando de su justicia. No es sólo miel lo que falta en sus palmas; y, si se consideran los ‘buenos y justos’, no olvidéis que, para ser fariseos, únicamente les falta el poder”.

 

Publicado en El Carabobeño, el 20 d noviembre de 2013

 

 

La pregunta pospuesta

Publicado por el dic 5, 2013 en Columnas | 0 comments

La pregunta pospuesta

Milagros Socorro

La conferencia de Marco Negrón comienza con una afirmación categórica: “El mundo de hoy es totalmente urbanizado. Independientemente de que todavía haya gente que vive en pueblos, todos tienen acceso a la tecnología y están interconectados en redes”.

Con su brillante intervención comienza el Taller para periodistas “Actualización en cultura, urbanismo y ciudad”, organizado por la Cátedra Permanente de Imágenes Urbanas, este viernes 22 de noviembre. Marco Negrón tiene mucha información e ideas propias, es hombre de estudio, ha enseñado largamente en la universidad; y, en fin, puede decirse de él que ha dedicado su vida a la docencia y a la decencia.

Las conferencias son muy apretadas. Los organizadores han querido impartir lo más posible, de manera que queda suprimido el espacio para las preguntas; uno, por cierto, al que somos tan dados los reporteros que componemos la audiencia. Me quedan, pues, en el tintero estas divagaciones que hubiera querido contrastar con la pericia de Marco Negrón.

Me pregunto qué nos hace urbanos. ¿Será el número de personas conviviendo en un mismo tejido arquitectónico? ¿Será la cantidad de servicios disponibles, tales como transporte público, bibliotecas, teatros, salas de cine y cafés? ¿O será una determinada sensibilidad: hay mentalidad pueblerina y citadina?

Expongo mi caso: crecí en Machiques, confín del Zulia, el pie de la Sierra de Perijá. Era un pueblo con pocos habitantes, pero no es que distaran kilómetros entre una casa y otra; al contrario, era una trama poco densa (dos pisos a lo más, pero apretada). No recuerdo que hubiera transporte colectivo (de seguro, no lo usé jamás); las obras de teatro a las que asistí mientras crecía, eran actos de fin de curso; no había biblioteca (ahora sí, dos). Recuerdo claramente cuando instalaron la telefonía (puede decirse que crecí sin teléfono) y la señal de televisión era, digamos, caprichosa. Había tendido eléctrico, eso sí. Y, lo más importante, nací en la democracia de Venezuela, lo que implicaba la certeza de participar de la modernidad, una manifestación de la cual era la escolarización masiva de las niñas, incluso en aquel lindero de la república. Viajábamos al exterior y estábamos al día en materia de reproducción de sonidos, dada la pasión de mi padre por la música popular.

Frente a nuestra casa solía pasar un caballero yucpa, vestido únicamente con un guayuco y tocado con un penacho de plumas, dos pasos atrás iba su pequeña mujer, apenas tapada con una manta desvaída. Esto es prueba de diversidad cultural, una de las marcas de las ciudades. Pero nosotros éramos pueblerinos por dos cosas: nos conocíamos casi todos y todavía había fantasmas, un terco rebaño que no se había dejado amedrentar por la luz eléctrica.

Marco Negrón dice que ahora todo el mundo es urbano. Pero yo no lo soy. Me gusta vivir en grandes ciudades, pero solo porque mis fantasmas pueblerinos me siguen asustando y he notado que a su vez se acoquinan con los carros y con el estruendo de las risotadas. Tengo un acendrado hábito de leer y merodeo por librerías y bibliotecas, por la misma razón (porque al caer la tarde siento rondar los fantasmas de la Sierra y corro a refugiarme en la lectura, en los cines y en los teatros).

Lo otro es que los fantasmas se heredan. Cuando mi padre era niño vivía en una casa en Machiques, que tenía todavía las características de selva lluviosa. Todas las noches caía un chaparrón. Y dado que los baños estaban separados de la casa, los niños tenían un cuero de becerro para usar como paraguas cuando corrían al baño en la noche. Mi padre me contó que lo más pavoroso era pasar raudo entre los espantos, gorditos y rozagantes con aquella mezcla de oscuridad, ráfagas de agua y truenos.

Es posible que este mundo urbanizado sea, secretamente, la sumatoria de muchos pueblitos (o almas pueblerinas), que al viajar en el metro evocamos paseos en camionetas por parajes desiertos donde cuelgan lianas y helechos, y donde la luz hace un encaje al filtrarse por las ramas de árboles centenarios. De seguro escuchamos salsa porque creemos fervientemente en la leyenda que escuchamos en un funeral (casero), según la cual la muerte de la madre es anunciada por un perro espectral que ladra en la noche con un aullido desgarrado.

Cuántos suspiros de nostalgia no ahogará la multitud de las ciudades (porque daríamos un tesoro con tal de volver a percibir entre los párpados entrecerrados la luz azulada que la Sierra ha tamizado y, mientras avanzamos bordeando un potrero, sin señales de tránsito ni cinturones de seguridad, mi padre canta a todo gañote: “Tabaquera, tabaquera. Tabaquera, dónde está mi tabaco”).

 

Publicado en El Carabobeño, 27 de noviembre de 2013

 

 

El verdadero error supremo

Publicado por el dic 1, 2013 en Columnas | 0 comments

El verdadero error supremo

Milagros Socorro

Sorna, indignación y una especie de generalizado sentimiento de superioridad ha despertado el anuncio de Maduro en relación con el Viceministerio de la Suprema Felicidad del Pueblo Venezolano, o algo así.

Y es natural que así sea. Ya desde el nombre del nuevo mamotreto burocrático, con esa retórica estúpida y evidentemente inspirada en el anciano mundo soviético, mueve a la risa. Indigna, porque se sabe que el nuevo tinglado será cocina para grandes guisos; sumidero por donde se irán inmensas sumas que el devaluado país necesita para tantas obras y reparaciones; mampara propagandística para un régimen sustentado en la mentira y la opacidad. Y despierta una suerte de satisfacción íntima, porque todo el mundo se siente menos idiota que Maduro y definitivamente menos cursi (lo que implica una mejor formación y ese pudor que viene con la educación); todo el mundo se cree capaz de albergar mejores ideas, de establecer un sistema de prioridades mucho más realista y, definitivamente, poseedor de una seriedad y una conexión de realidad que le impedirían concebir esa idea de jeva, que es un despacho tal.

Todo esto se sustenta en el hecho de que, para muchos observadores, la felicidad es algo que no puede decretarse, entre otras cosas, porque no significa lo mismo para todos; porque está sujeta a incontables imponderables; porque, paradójicamente, cuanto más quiere apresarse más elusiva se vuelve; porque depende de un delicado equilibrio que varía con las épocas (lo que ayer te hacía feliz, hoy te deja indiferente y mañana podría incluso irritarte); y porque reviste una condición imprescindible: solo se da en libertad.

Lo sorprendente es que esas personas, que están tan correctamente persuadidas de que la felicidad solo puede existir en ausencia de controles, aceptan con la mayor sumisión la tesis según la cual la felicidad de los pueblos tiene, como condición primordial, la vigilancia de la economía. Los mismos que se ríen ante la mención de que la felicidad puede ser planificada por un gobierno, admiten mansamente que la producción, el mercado y los precios pueden ser diseñados por un gobierno. Esos que califican a Maduro de demagogo y populista, tienen décadas diciendo que el gobierno es responsable de las necesidades de la sociedad y, por tanto, de él deben derivar empleo, producción de bienes y servicios y, en suma, un marco de regulaciones que constriña toda actividad económica.

Es más fácil hacer feliz a una comunidad (dispersando una sustancia de efecto tal en el acueducto, por ejemplo), que traer prosperidad y oportunidades mediante controles a la economía, que, finalmente, se rige por las condiciones que antes expusimos sobre la felicidad. Y, sin embargo, todos los partidos políticos, todos los discursos de todos los candidatos, en el pasado y en el presente, se cimientan en la promesa absurda de mejorar la economía… poniéndole algún tipo de torniquete.

Venezuela nunca ha tenido una economía libre. Jamás ha habido un verdadero capitalismo en Venezuela. La verdad es que todas las generaciones han procurado regímenes de controles económicos en diversos grados. Y siempre, pero siempre, han resultado negativos. Los logros económicos que el país tuvo en el pasado se debieron al enorme impulso que supone el petróleo, no hay duda; pero, a lo que voy, a que la economía supo colarse por los intersticios de las diversas formas de estrangulación de las libertades. Es decir, a pesar de la planificación.

Ahora, cuando los controles han llegado a dimensiones solo comparables con el desastre que han acarreado, los venezolanos deberíamos tener suficiente constatación de que los controles no traen más que pobreza, desabastecimiento, devaluación, desempleo, corrupción, desigualdad y falta de oportunidades.

Deberíamos, pues, reírnos a carcajadas, indignarnos y mirar por encima del hombro a quien sugiriera que la producción y la economía se estimulan poniéndoles alcabalas. Una concepción tan disparatada como la ocurrencia de hacer feliz a un colectivo desde una oficina con un nombre sacado del costurero de Kim Il-sun.

Pero lo cierto es que los mismos que se burlan de Maduro, por su dislate de imponer la felicidad a palos, aceptan sin mayor examen la propuesta de Henrique Capriles Radonski, por ejemplo, que suspende los alicates políticos, pero prolonga los económicos. Y donde diga “Hugo Chávez”, él rebautizará “Simón Bolívar”. Como si fuera concebible algo auspicioso a partir de una misión social.

Si me quedara algún ánimo libre de angustia, me reiría de todo eso.

 

Publicado en El Nacional, el 03 de noviembre de 2013

 

 

El pueblo según Dietrich

Publicado por el nov 30, 2013 en Columnas | 1 comment

El pueblo según Dietrich

Milagros Socorro

Heinz Dietirich rescataría algún respeto y credibilidad si empezara por explicar cómo era su contrato de asesoría con Chávez. En qué consistían sus servicios. Cuáles fueron sus recomendaciones. Cuánta es su responsabilidad en el diseño del socialismo del siglo XXI. Qué medidas fueron tomadas a la luz de sus consejos. Qué parte de la realidad venezolana es de su cosecha. Qué porción de la tragedia venezolana puede atribuírsele. Cuántos de los castigos que estamos padeciendo día a día fueron concebidos por él en su tranquilo gabinete de mentor de tiranos. Y, desde luego, algo contribuiría al esclarecimiento de su papel la revelación del monto de sus honorarios, así como la moneda en que le eran cancelados (esto, a partir del hecho de que los salarios de los apátridas venezolanos son en bolívares, exclusivamente). Una vez aclarado todo esto, sería conveniente establecer hasta qué día, exactamente, le llegaron las mesadas; si hubo correspondencia con la dupla Maduro/Cabello para que ellos le prolongaran la manguangua; y si Wilmer Castro Soteldo ya ha pedido las tarifas para apuntarse al servicio (sospecha a la que ha dado pie el propio consultor, al referirse a este militar como la excepción “honesta y que tiene méritos en la conducción de ese proceso”, y el indicado “para que hable con los dos que gobiernan y les advierta que están conduciendo el Titanic”).

Como tantos otros tributarios a la debacle venezolana, Heinz Dieterich está tratando ahora de poner su marca en lejía, a ver si salva algún prestigio del paisaje lunar al que ha sido reducido el pobre país de cuyo botín se apresuró a triscar. Como tantos otros, no tiene el coraje y la honestidad de reconocer que se equivocó; que él forma parte de esa izquierda que se pasó la vida denostando de los militares para terminar arrodillado ante el culto a Chávez, finalmente un sátrapa militarista más, que carecía de la más mínima formación y tenía un profundo desprecio por la institucionalidad y las leyes; que el supuesto carisma que los hechizó no era más que un síntoma en la psiquis de los seducidos (y la prueba es que mucha gente jamás percibió ningún atractivo mágico en Chávez y que no vio en él más que un sargentón primitivo, sin sentido del ridículo e irresponsable hasta extremos galácticos).

En vez de eso, Dieterich opta por una operación que también hemos visto muchas veces: culpar a otros. Jamás a los poderosos, a los jerarcas del régimen, muchos menos al propio Chávez, a quien sigue siendo ventajoso adular. Dieterich culpa a los medios de comunicación, al sector privado que todavía sigue produciendo algunos bienes y servicios y, sobre todo, culpa a la gente.

En artículo reciente y en entrevista con CNN, Dieterich se rinde ante lo obvio (y largamente advertido por los adversarios de Chávez): Venezuela “tiene graves y urgentes problemas económicos”. Más aún, dice que “Si el gobierno de Maduro/Cabello no toma medidas inteligentes y drásticas de manera inmediata en lo económico y político, tiene los meses contados”. Y una línea más allá augura que ese cuadro de penurias configura “evidentes escenarios de la eventual caída”, el primero de los cuales sería el de “movilizaciones callejeras”, que Dieterich afirma, en primer lugar, que serían “dirigidas por Washington y la derecha”. Esto significa que el pueblo víctima de ese colapso, como él mismo lo llama, solo se movilizaría si lo dirigen factores externos a él y con fines aviesos.

Esto es lo más ofensivo de los últimos pronunciamientos de Dieterich, la mezquindad con que se refiere a las masas venezolanas oprimidas por la tiranía que él asesoró y depauperadas por unas directrices que también tienen su impronta. Todo lo demás es sabana para su oportunismo, que consiste en señalar a Maduro de todas las faltas de Chávez (cursilería, conducción equivocada, falta de conexión con la realidad, ineficiencia, estímulo al clientelismo, negativa a rectificar, auspicio a los distintos tipos de cambio, creación de monopolios absurdos, terquedad en un modelo que conduce a la hiperinflación y a la fuga de capitales, asfixia al pueblo y a las clases medias…), sin admitir que todo eso estaba anunciado desde el primer y, lo que es más vil, sin reconocer su parte de culpa en la hechura de ese abismo al que hemos sido arrojados los venezolanos

 

Publicado en El Nacional, el 20 de octubre de 2013

 

 

Que no quede nada

Publicado por el nov 16, 2013 en Columnas | 0 comments

Que no quede nada

Milagros Socorro

Lo peligroso de Maduro no es que no sepa lo que está haciendo –lo sabe muy bien, sino que carece de la consistencia necesaria en quien manipula las masas. Un día arenga a las masas para que se constituyan y ocupen una tienda “hasta que no quede nada en los anaqueles”; y al otro día aparece asustado ante las consecuencias de su propia iniciativa y, lo que es peor, intentando desplazar las culpas.

En la tarde del viernes 8 de noviembre, Maduro ordenó por televisión que se pusieran “precios justos” en una red de electrodomésticos, a la que señaló de sobrefacturación hasta el 1000%. Después de que le subió temperatura a la acusación, remató con una orden de claro acento de manipulación de masas:

“Que no quede nada en los anaqueles”. Y, efectivamente, de inmediato se formaron multitudes delante de las tiendas mencionadas y de otros del ramo. ¿Maduro pronunció las palabras “robar” o “saquear” en su soflama? No, pero la masa que rápidamente se formó sí que las interpretó. Y es el caso que al día siguiente la sucursal de Valencia de la tienda aludida por Maduro fue invadida por centenares de personas, que rompieron las vidrieras para irrumpir en el local y llevarse la mercancía. Los videos que han circulado en Internet son explícitos del festín de latrocinio y de la absoluta impunidad conque actuaban los ladrones.

En estos días (los robos se prolongaron, por lo menos, hasta el lunes, cuando los rateros hicieron lo mismo Ciudad Ojeda, Zulia; los comerciantes de Puerto Ordaz tuvieron que cerrar sus locales por la amenaza de saqueo; y una farmacia en Mérida sufrió el ataque de antisociales), las masas se han ido configurando, tal como ocurrió en 1989, cuando los desórdenes fueron tomando cuerpo a partir del 27 de febrero y ya en los días siguientes se produjo lo que el padre Pedro Trigo ha llamado “robos en cadena totalmente repudiables”.

En el momento en que escribo (martes en la mañana) el riesgo está lejos de conjurarse. Se han desatado fuerzas muy difíciles de recoger y de imprevisible deriva. En un contexto, además, de gran crispación, crisis económica, inflación y desabastecimiento. Pero, insisto, el mayor peligro lo constituye la endeblez de carácter Maduro, que después de activar a las muchedumbres, manipulando su emocionalidad y estimulando la irracionalidad propia de las masas con ese alegato que de que no queda nada en los anaqueles, está tratando de escurrir el bulto culpando a los medios de comunicación y a la oposición (esto, naturalmente, con la complicidad de la fiscal Luisa Ortega Díaz).

Maduro no tardará en volver a azuzar a las masas. Lamentablemente, se ha lanzado por un corralón que no le deja más salida. Y las multitudes volverán a comportarse como les es propio: suspendiendo la personalidad individual para suplantarla por una mente colectiva que, por lo general, se orienta a la destrucción.

Tal como estableció Gustave Le Bon, en su “Psicología de las Masas”, en 1895: “La peculiaridad más sobresaliente que presenta una masa psicológica es la siguiente: sean quienes fueren los individuos que la componen, más allá de semejanzas o diferencias en los modos de vida, las ocupaciones, los caracteres o la inteligencia de estos individuos, el hecho de que han sido transformados en una masa los pone en posesión de una especie de mente colectiva que los hace sentir, pensar y actuar de una manera bastante distinta de la que cada individuo sentiría, pensaría y actuaría si estuviese aislado. Hay ciertas ideas y sentimientos que no surgen, o no se traducen en acción, excepto cuando los individuos forman una masa”.

Desde esta perspectiva, es posible que la responsabilidad individual queda borrada en la masa, poco dada a razones, pero rápida en actuar; lo que sí es perfectamente discernible es la incumbencia de Maduro, quien, como tantos otros mandatarios, pulsó unas determinadas emociones y echó a andar unas masas que ya han dado muestras de escapar a su control.

Si repite la operación de espolear a las multitudes, luego calificar sus previsibles tropelías de percances (para desestimar su impacto), después actuar nuevamente como psicólogo perverso y otra vez hacerse el desentendido; es decir, si incita la fiera para burlarla, si hace de aprendiz de brujo y se pone a jugar con el poder que acaba descubrir, las consecuencias pueden ser terribles. Para absolutamente todos.

 

Publicado en El Carabobeño, el 13 de noviembre de 2013

 

 

 

Arte Popular

Publicado por el nov 8, 2013 en Columnas | 0 comments

Arte Popular

Milagros Socorro

La semana pasada estuve en el American Folk Art Museum (Museo del arte popular de los Estados Unidos), dedicado al arte tradicional de ese país, así como a la obra de artistas internacionales autodidactas. Está en Nueva York. Y por esta época tiene una exposición de quilts (colchas de retazos).

Entre las piezas de la exposición permanente del museo, fundado en 1961, destaca una inmensa veleta hecha en cobre moldeado, en 1890, que representa al legendario Tammany, cacique de los indios Delaware. Esta obra, de autor desconocido, está siempre en el salón principal del museo. Y, a su lado, el curador puso una fotografía donde puede verse al indio de cobre pintado en color crema, instalado en lo alto de una torre neoyorquina donde indicaba la dirección de los vientos. Es, de hecho, la veleta más grande en la historia de los Estados Unidos. Una obra muy bella e impresionante.

Estábamos, pues, haciendo maromas para tomar una fotografía donde aparecieran el indio monumental y el marido. “Muévete un poquito más a la derecha”. “Ponte como de perfil, para que se vea la imagen del edificio donde estaba…”. Como no había ningún otro espectador a aquel momento, no había necesidad de hablar en susurros.

De pronto, vimos acercarse al vigilante del museo. Qué norma estaríamos infringiendo. La cámara se me congeló en las manos como esas orquídeas que vienen en cajitas de plástico transparente.

–¿Venezolanos, verdad?

–Ay, carajo –pensé- reprendidos por inciviles y, encima, arrastrando el gentilicio.

–Ssssí –balbuceamos.

–Ah –dijo triunfante el vigilante, un hombre altísimo, que se bamboleaba como una palmera-. Lo supe porque hablan igualito a Oscar d’León.

Ese mismo día había leído una nota de prensa que aludía a la molestia que había producido la participación del gran sonero en la Feria Internacional de Turismo de Venezuela (Fitven), uno de los eventos más ostentosos del régimen (y tan mentiroso y fallido como los otros); que en esta ocasión estaba bajo la responsabilidad del ministro de Turismo, Andrés Izarra, conocido por las carcajadas con que glosó las cifras de muerte por violencia en Venezuela, al ser entrevistado por CNN. Un personaje poco respetable y un evento propagandístico en nada vinculado con la realidad (de un país que los turistas evitan por peligroso e inestable).

Me había sorprendido la innecesaria grosería con que el habitualmente encantador D’León había respondido los señalamientos. Escribió en su cuenta en Twitter: “Los que me han criticado mi participación en el FITVEN 2013 en Mérida. Les agradezco que no me sigan”. “Siempre apoyaré las cosas buenas que se hagan en mi país. Vengan de donde vengan. Critica menos y trabaja más por nuestro país”. “He llegado a donde he llegado por mi talento y mi equipo. Tus críticas me tienen sin cuidado. Todo el que solo sabe criticar es un infeliz”.

No se detuvo el genial músico a preguntarse si quienes desaprobaron su actuación (que fue percibirda como un apoyo al régimen autoritario y corrupto que ha destrozado la economía de Venezuela y degradado su institucionalidad) se limitan a criticar y no hacen nada por el país.

Olvidó el gran artista el desvelo y ternura con que el país siguió las incidencias del accidente que hace poco tuvo en Miami. Desestimó el hecho de que toda carrera pública está sometida al escrutinio, así como por décadas ha flotado en la aclamación colectiva.

El guardia del museo es dominicano. Nació en el barrio Consuelo, de Santo Domingo. Se llama Bienvenido Medina. Tiene 59 años, 24 de ellos en los Estados Unidos. El año que viene completará un cuarto de siglo en el museo, de manera que está cercano a la jubilación. Al pedirle que señale el que considera el mejor quilt de la muestra, va directo a una pieza del siglo XIX. Sabe mucho de arte popular.

–Mi artista favorito es Oscar D’León -dice con voz muy ronca y muy suave, tersada quizá por los años de celador de museo-. Favorito entre todos, incluidos los dominicanos. En realidad, Oscar D’Leon parece dominicano.

–Pero es venezolano –me encuentro puntualizando, entre agradecida y firme.

Voy a despedirme de Bienvenido y lo abrazo. Su reconocimiento al de Antímano me ha emocionado.

Pienso que eso es lo que importa, el cariño que Oscar D’León ha atraído al país y que nosotros estamos disfrutando en ese momento.

Decido no pensar más en las severas críticas que, según me han contado, él mismo hace, en privado, al régimen que tanto daño le ha hecho a Venezuela.

 

Publicado en El Carabobeño, el 06 de noviembre de 2013

 

 

Fantasía con Benjamín Scharifker

Publicado por el nov 7, 2013 en Columnas | 0 comments

Fantasía con Benjamín Scharifker

Milagros Socorro

La periodista Cecilia Caione, -quien ha amasado el mayor capital que se puede reunir en este oficio: la credibilidad-, publicó hace días una noticia estrafalaria, según la cual el rector de la Universidad Metropolitana, Benjamín Scharifker, será interpelado por la comisión que investiga el financiamiento internacional a organizaciones no gubernamentales y grupos políticos, en la Asamblea Nacional.

–La decisión –publicó Cecilia, en Últimas Noticias- la tomaron los integrantes de la instancia, luego de recibir al analista social Erick Rodríguez, quien señaló que en la Universidad Metropolitana se adoctrina a los jóvenes como parte del denominado plan de Libertad y Democracia.

Esta iniciativa del tal Erick Rodríguez se fundamenta, cabe pensar, en la suposición de que su audiencia se horrorizará cuando lean las palabras Libertad y Democracia. ¡Y además, juntas! “Libertad / Democracia / universidad / privada“. Esta sucesión, pensará el “analista social“, debe ser fulminante para el pueblo, que huirá de la seguidilla como los campesinos búlgaros de la vacuna.

Parte, asimismo, el ocurrente Rodríguez, de que los estudiantes de la Metropolitana son una partida de pazguatos, que se dejan marear con “muelas“, como dicen los jefes cubanos del PSUV, de adoctrinamiento en el tiempo que deberían dedicar a su formación profesional. Una suplantación muy grave en el caso de la Universidad Metropolitana, cuya matrícula pagan las familias de clase media (los ricos se van al extranjero) con sacrificio; y la convicción de que es la mejor inversión que pueden hacer para sus hijos y la única herencia que pueden dejarles en este empobrecido país.

Pero hay alguien, un tal William Fariñas, presidente de la citada comisión, a quien no le pareció suficiente aquella seguidilla de horrores y, al aceptar la comparecencia del rector Scharifker, añadió de su cosecha: “Quien no dudo en afirmar que está asociado al Mossad”.

Lo más sencillo sería contactar al profesor Scharifker, una personalidad muy conocida en Venezuela, puesto que antes de ser la principal autoridad de la Metropolitana, lo fue de la Universidad Simón Bolívar, cargo, por cierto, al que se accede por votación. Es de imaginarse que cualquier periodista puede obtener una entrevista con el académico, pero he preferido quedarme en la arena de las fantasías. Y aquí estoy, preguntándome cómo habrá sido el interrogatorio, si es que ya se produjo; y en qué términos quedó redactada la orden de presentarse ante el parlamento.

–¿Es usted socio del Mossad? –le preguntará el colega de Pedro Carreño, acercándose a Scharifker con aire amenazador.

–El Mo-mo-mo-ssad no es una em-pre-pre-sa –responderá Scharifker chorreado…. de la risa. Pero siempre con tono didáctico.

–¿Impone usted los programas de estudio de las distintas cátedras, como hace el partido con la Universidad Bolivariana y en la Rafael María Baralt, cuya principal materia es la vida del galáctico?

–No –dirá Scharifker con sencillez, tras decidir no exponer a aquel dinosaurio a la noción de libertad de cátedra.

–¿Usted critica a la revolución, a Chávez, a Maduro, a los militares, a Fidel Castro, a su hermanito…?

–A todos, sí –interrumpirá el rector Scharifker-. En todas partes. En prensa, radio, televisión, plaza pública, e-mail, Twitter, Facebook y cada vez que alguien me busque la lengua. Y me río a gritos de bobadas como el ministerio de la suprema felicidad, que se parece mucho al ministerio del supremo Amor, descrito por Orwell en su novela “1984“, donde parodia los totalitarismos del siglo XX. Por cierto, me he cansado de denunciar la práctica dictatorial, muy propia de ustedes, de inventar organismos para convertir en secretos las secretos informaciones de interés público; así como para acusar de agentes secretos a quienes cumplen con su deber formar estudiantes en valores democráticos, como pretenden hacer conmigo.

Cuando el colega de Darío Vivas insista en interrogarlo sobre su relación con el Mossad, es mi fantasía, el profesor Scharifker se quedará callado, previendo que en algún momento se enterarán de qué es, en realidad, el Mossad.

Y cuando los colegas de Tascón se enteren de la eficacia de esta agencia y de las mil maneras que tienen para capturar limpiamente a los perseguidores de judíos (puesto que su política es cobrarse, ojo por ojo, las afrentas), de seguro sentirán un frío en la nuca.

 

Publicado en El Carabobeño, el 30 de octubre de 2013

 

 

Mordaza también en Internet

Publicado por el oct 28, 2013 en Columnas | 0 comments

Mordaza también en Internet

Milagros Socorro

Lo que expondremos a continuación es conocido por el lector venezolano. Todos lo hemos vivido. Es posible que los datos, las fechas, los detalles, se nos hayan desdibujado en la memoria. Es normal. Es humano. Nadie podría vivir con el osario de las mil canalladas a cuestas. Pero es necesario contribuir a difundir la documentación de las violaciones a las libertades en Venezuela, sobre todo para cerrar las puertas de escape a los alcahuetas de dictadores, quienes no podrán alegar que ignoraban lo que ha estado sucediendo en Venezuela frente a sus ojos.

Pero si están ciegos, si tienen –como se dice en el Zulia- unos lentes de cuero de cochino con los pelos pa’dentro, y no ven lo que tienen enfrente, vamos a hacérselo más visible. De esa manera, los presidentes y todo el liderazgo político de “los países amigos“, -esos que cuando estaban perseguidos por sus gorilas recibieron el apoyo de Venezuela- vean lo que cohonestan al hacerse los locos frente a la tiranía chavista.

En las últimas semanas han circulado varios análisis acerca de la estrangulación de los medios de comunicación en Venezuela, cada vez más cercados, más castigados por las vías económica y judicial. Y a cada vuelta de tuerca solemos pesar que, por lo menos, nos queda Internet, las redes sociales, esa espita que ingenuamente creemos de imposible cancelación. No es así.

Hace un par de semanas se dio a conocer el informe de la organización Freedom House, que ofrece un panorama mundial de la libertad de expresión en el entorno digital. Por tercer año consecutivo, los valores de Venezuela descienden en ese baremo. Tal como informa el blog Periodismo en línea: “El primer informe, correspondiente a 2011, le otorga un puntaje de 46/100; el siguiente, de 2012, lo coloca en la posición número 48; y el de este año (que analiza el lapso que va del primero de mayo de 2012 hasta el 30 de abril de 2013) le otorga 53 puntos, vale decir, cinco más que el anterior“. Conviene hacer notar que el aumento de puntos equivale a más escaños en la tabla del control.

—Mediante una metodología compleja –sigue Periodismo en línea-, que examina y evalúa 100 indicadores distribuidos en tres áreas: límites para el acceso; límites en el contenido; y violaciones a los derechos de los usuarios; el informe da cuenta pormenorizada de los asuntos más sensibles relacionados con la libertad de expresión en Internet y, sobre todo, de las causas que originan las restricciones.

“La investigación expone la asociación entre la falta de institucionalidad (la inexistencia de contrapesos entre los poderes públicos), el control del operador principal (CANTV) y del ente regulador (CONATEL), así como el control en la asignación y repartición de divisas para la empresas privadas de telecomunicaciones a través de Cadivi“.

Si esto pareciera muy vago e inasible, el informe documenta de forma minuciosa (con 129 referencias a pie de página) los hechos que sustentan los indicadores. De forma que están inventariados los continuos y cada vez mayores obstáculos que enfrentamos los venezolanos para ejercer la libertad en la red, en un contexto signado por la hegemonía comunicacional del gobierno.

Ahí está narrado un episodio, que, como bien subraya Periodismo en línea, destaca por su gravedad: “la caída masiva de Internet el 14 de abril del 2013, cuando se celebraron las últimas  elecciones presidenciales, evento solo registrado en países como Egipto y Siria. Como se recordará, la noche de ese domingo, cuando se esperaban los resultados de los comicios, el Vicepresidente de la República, Jorge Arreaza, reconoció que el gobierno le había ‘bajado el suiche‘ a la red con argumentos muy poco transparentes“.

Además, Freedom House valora –negativamente- la pobreza de la velocidad de acceso; la poca disponibilidad de conexiones de banda ancha (iguales o superiores a 4Mbps); y el costo de un plan de este tipo (como el de ABA de Cantv), que no está disponible en todo el país y cuyo costo es casi un cuarto del salario mínimo.

No se les escapa el acoso a periodistas, humoristas, artistas y líderes de opinión, así como también la vulneración y bloqueo de páginas informativas; y la divulgación de conversaciones privadas, sin que las víctimas tengan un organismo independiente donde acudir.

Bueno, este es el país que ha configurado la banda militarista. A esto llaman “democracia“ las celestinas de América Latina, al tiempo que sacan tajadas del botín venezolano.

 

Publicado en El Nacional, el 27 de octubre de 2013

 

 

 

El informe de Rangel

Publicado por el oct 24, 2013 en Columnas | 0 comments

El informe de Rangel

Milagros Socorro 

Analice usted la reseña de la última edición del programa de José Vicente Rangel en Televén. Léala con detenimiento e intente sacar dos ideas básicas.

La noticia es que, supuestamente, hay un “informe de inteligencia” y que Rangel tiene una copia. Esto dista mucho de ser nuevo. Cada ciertas semanas, desde hace décadas, José Vicente Rangel actualiza su rutina del “dateado castrense”; y enarbola unos papeles dizque salidos de unas oficinas cuya sede nadie puede precisar, pero donde se sabe que trabajan altos funcionarios, militares de gran poder y algunos oficinistas cuya labor consiste en estar en el ajo. Los misteriosos documentos se cuelan a medianoche, como princesas en dirección a un baile, y caen en sus manos. En las de nadie más.

En esta ocasión, el informe fue elaborado “en un importante organismo de seguridad y defensa venezolano”. Cuál será. Eso no lo revela Rangel. Ah, pero es que en estos casos la fuente es fundamental para atribuirle alguna credibilidad, porque no es lo mismo que un diagnóstico emane de una autoridad médica que del botánico de Quinta Creso. Si el organismo es importante y el informe crucial, por qué no se revela el origen… Eso queda respondido cuando se hace el análisis de las afirmaciones de Rangel.

En este punto debemos detenernos para recordar que los equipos de inteligencia proceden planteándose, en una primera instancia de estudio de una determinada coyuntura, todos los escenarios imaginables, incuso los más excéntricos y hasta estrafalarios. Una vez formulado ese inventario en el que aparecen situaciones rebuscadas y hasta absurdas, el bosque de posibilidades se va reduciendo en la medida en que cada una de esas ocurrencias son sometidas a examen: esto, quien lo haría, dónde, cuándo, con qué medios, con qué objetivo. Y, mientras, se va recopilando información que apoye las hipótesis o las eche por tierra.

El supuesto informe que le llegó a Rangel tiene cara de ser un apunte de una de esas tormentas de ideas que constituyen la cotidianidad de un equipo de inteligencia. Es esa parte donde Rangel se permite echar más leña al fuego, esto es, aumentar las tensiones en un país crispado por el deterioro de las instituciones y la dura vida cotidiana de la ciudadanía, asegurando que “alguien”, no dice quién, tiene una “agenda terrorista” que contempla “asesinatos selectivos de altos funcionarios, ministros y mandos militares”; que habrá “atentados en cines, Metro, automercados, Metrocable, Cabletren, tren al Tuy, Corpoelec y Pdvsa”. En fin, es una declaración tan irresponsable, tan vaga, tan estrambótica, que no apunta a ser creíble. Es un relleno. Una elucubración frívola y de muy mala fe, puesto que en la misma enumeración de crímenes incluye las “protestas focalizadas”, como si las protestas fueran un horror comparable a desatar el terror en los cines y en el transporte subterráneo y no un derecho consagrado en la Constitución.

Pero, insisto, el listado de la “agenda terrorista” es como el aserrín que se pone en las cajas de cristalería, mero colchón para soportar lo verdaderamente importante. Y lo vital es que el supuesto informe hecho por militares no hace sino echarle paja a Maduro cuyo “ejercicio del poder, sobre todo en el área económica” podría generar “anomia social”, es decir, el tan cacareado estallido.

El informe que cayó en manos de José Vicente Rangel, y de ningún otro periodista, también trata a Maduro de ilegitimo, pero no por el episodio de abril (cuando declaró su disposición a recontar los votos de un resultado muy cerrado y plagado de irregularidades del CNE, para negarse en cuestión de horas), sino una “ilegitimidad en el desempeño de gobierno”. No nos detendremos a desmenuzar ese disparate.

El punto es que Rangel se ha sacado de la manga un informe de autoría ignara, donde se habla de “guerra sicológica”, de “disonancia cognitiva del venezolano”, (a quien los jerarcas consideran tan idiota que puede ser engañado por cualquier que le venga a decir que hay desabastecimiento mientras con sus propios ojos ve los anaqueles repletos). Pero lo fundamental es que allí se culpa a Maduro de todos los males, se alude abiertamente a su ineficiencia y se esboza claramente la vinculación entre la incapacidad del ilegítimo y una eventual explosión de descontento que dé al traste con el régimen.

No hay que ser muy malicioso para sospechar que ese informe nunca existió. Y lo que está en marcha es el intento de usar a Maduro como chivo expiatorio del desastre que Chávez dejó. Y al que Rangel tanto contribuyó. Y tanto provecho sacó.

 

Publicado en El Carabobeño, el 23 de octubre de 2013

 

 

El cuento del cuartel

Publicado por el oct 21, 2013 en Columnas | 0 comments

El cuento del cuartel

Milagros Socorro

Crecimos escuchando una zoquetada según la cual Simón Bolívar habría dicho que Ecuador sería un convento, Colombia una universidad y Venezuela un cuartel. Ignoro si es veraz la cita, pero no creo, francamente, que Bolívar hubiera expresado semejante idiotez, puesto que aún si pensara que el triste destino de Quito sería la capitalidad de un claustro, y que Bogotá devendría un inmenso rectorado, es cuesta arriba concebir que el Libertador tuviera tan pobre opinión de su país natal (donde, por cierto, dispuso en su testamento que reposaran sus restos mortales y a cuya Universidad Central legó algunas de sus posesiones).

El niño Simón había sido alumno de Andrés Bello y de Simón Rodríguez, de quienes no puede decirse precisamente que fueran figuras cuarteleras y que, muy por el contrario, contribuyeron para que la Caracas de fines del siglo XVIII y principios del XIX, fuera tenida entre las ciudades más cultas del imperio español. El propio Simón José Antonio de la Santísima Trinidad destacó en su tiempo por su formación intelectual y su extraordinaria escritura, dones que no adquirió en tierra distinta a Venezuela.

Sin embargo, como tantas otras cosas, la denigrante afirmación no ha sido sometida a examen y ha circulado por décadas, reforzando dos terribles tendencias: la baja autoestima venezolana y el embeleco de que nuestro destino está amarrado al militarismo.

Pregunte usted a cualquier venezolano cuál es su consideración del habla local. De seguro, más de la mitad le dirá que nosotros nos expresamos malísimo y que, en cambio, Colombia… Eso se repite sin ningún análisis y, tengo para mí, sin ninguna justificación. Pero el hecho es que, mientras nosotros tenemos vergüenza del castellano de Venezuela e ignoramos a nuestros escritores con una tenacidad que quizás ningún país de la tierra iguales, los vecinos están a tal punto orgullosos del de ellos, que Colombia se ha propuesto como alternativa para la enseñanza del español a extranjeros.

No es una fantasía. El 31 de julio pasado se presentó muy formalmente el programa Spanish in Colombia, “una estrategia de promoción que se gesta desde el Gobierno” y ha sido formulada por el Instituto Caro y Cuervo. El propósito es proyectar a Colombia como “el lugar ideal para aprender español”. De hecho, el lema es “Aprenda el mejor español del mundo” y ya han desplegado un plan de participación en ferias universitarias de Brasil, Jamaica y la costa este de los Estados Unidos. La iniciativa involucra una red de universidades y tiene el apoyo de los ministerios de Relaciones Exteriores, Educación y Cultura, pero lo más importante es que se sustenta en la convicción de que Colombia tiene en su habla un tesoro y que ese patrimonio puede generarles riqueza y reconocimiento.

Asimismo, en el caso tradicional de la ciudad de Panamá, un ejemplo precioso de arquitectura y urbanismo caribeños, por cierto, puede verse anuncios que ofrecen “Spanish school”. Y es en ese país centroamericano donde se celebrará el VI Congreso Internacional de la Lengua Española, en abril de 2014. Los anteriores tuvieron lugar, entre 1997 y 2010, en Zacatecas, México; Valladolid, España; Rosario, Argentina; Cartagena de Indias; y Valparaíso, Chile. De paso, entre los escritores que se han anunciado como conferencistas en Panamá 2014 no hay uno solo venezolano.

Debe incluirse, pues, entre las mil tareas de la reconstrucción nacional, la de la valoración del castellano de Venezuela. Hijos, como somos, de Andrés Bello, quien se fajó en la confección de una gramática que sirviera de partitura para el castellano de América y garantizara su unidad, estamos en perfecta capacidad para ser vector de nuestra lengua para las próximas generaciones y para los extranjeros que quieran aprenderla.

Venezuela no es un cuartel ni está condenado a serlo. La persistente oposición que ha encontrado el régimen autoritario y corrupto instaurado por el golpista del 92 es muestra de la profunda vocación democrática y civil que palpita en nuestra cultura, lo mismo que el rico léxico venezolano.

Sería necio entrar en una competencia para ver quién ostenta la posición ideal para la divulgación del español en ámbitos diversos. No digo que Venezuela sea el mejor lugar. Lo que sí afirmo con toda certeza es que ninguno es superior a Venezuela. Por la ubicación geográfica, por el legado de nuestros mayores y por la alta expresión de nuestros poetas, novelistas, dramaturgos y periodistas, Venezuela es una Spanish school secreta, que también florecerá cuando se fracture la lápida que nos oprime.

 

Publicado en El Carabobeño, octubre 2013

 

Mientras leen los discursos

Publicado por el oct 15, 2013 en Columnas | 0 comments

Mientras leen los discursos

Milagros Socorro

Por fin el gobierno tiene la primera fotografía de un agente ¿de la CIA? saboteando la producción de alimentos en Venezuela: disfrazado de humilde peón, el pérfido infiltrado gira una válvula y un río de leche se derrama sin contención.

Es posible que, en el momento en que Maduro leía el discurso que le mandaron a dar, un chorro de leche borbotara por la salida de vaciado del tanque de enfriamiento de la hacienda El Capitán, en Machiques, confín fronterizo del Zulia, para desparramarse en el piso. Leche fresca en febril carrera para convertirse en fango. Alimento producido en Venezuela, que nunca llegará a los estantes de los supermercados ni a los labios del escolar.

A la fecha de escribir estas líneas (jueves 10), se han perdido unos 60.000 litros de leche en El Capitán, por el mismo designio: vaciar con rumbo extraviado el tanque rebosante. No olvidar que, pase lo que pase, las vacas no se pueden dejar de ordeñar. De manera que si alguien impide el flujo del producto hacia los lactuarios, como está ocurriendo en esa finca, la leche se sigue acumulando en la tina de acero inoxidable; y si, al verse colmado el depósito, es imposible arrimar el avío a las plantas, pues no queda otra opción que botarlo. Y eso es lo que ha ocurrido varias veces, desde el lunes 23 de septiembre, cuando un grupo de indígenas de la nación yucpa (Sierra de Perijá), invadió El Capitán e impidió el ingreso de los trabajadores y la salida de la leche.

No es, desde luego, el comienzo de los problemas en El Capitán, finca modelo, entre las más productivas del país desde su fundación en 1886 por el tatarabuelo de Diego García, el propietario actual; pionera en técnicas reproductivas, así como en desarrollo de infraestructura rural e instalaciones confortables para los trabajadores y para su faena (allí se hicieron las primeras vaqueras techadas con piso de cemento en el Zulia y baños de inmersión para el ganado). Mediante la técnica de transferencia de embriones allí se logró, desde 1980, una selecta ganadería de doble propósito. De manera que en 1998 producía más de 3 millones de leche al año y aportaba 500 novillos gordos al mercado cárnico nacional. En la actualidad, la producción de leche ha descendido a una cuarta parte. Y no hay carne ni novillas para el incremento de otros rebaños cuyos dueños venían de todo el país a comprarlas, porque El Capitán fue incluida entre las 49 fincas expropiadas en 2010; y el gobierno le fue confiscando pedazos hasta despojarla de 2.100 hectáreas, que quedaron dentro de la llamada Zona de Demarcación, de lo que fueran 3.261,6 hectáreas de la hacienda. El área expropiada fue entregada a los yucpas, quienes todavía dicen que no es suficiente. De paso, los dueños no han sido indemnizados por el despojo.

Otra imagen se suma a la del espía al servicio de la guerra económica. Es la de un camión 350 que se abre paso en la línea de yucpas plantados para impedir todo tránsito en El Capitán. El vehículo tiene paso libre porque va a recoger madera talada en la finca. Para eso la invadieron.

Mientras, el gobernador del Zulia, Francisco Arias Cárdenas, el presidente del Instituto Nacional de Tierras, William Gudiño, y la representante de los pueblos indígenas, Nohelí Pocaterra, balbucean excusas. Un galimatías que apunta a establecer que las 1.200 hectáreas de lo queda de El Capitán no pueden ser tomadas, pues no están en la demarcación, así que “los yucpas deben entrar en razón”.

Como en todo, el régimen creó un monstruo que ha echado a andar sin control. Los yucpas arrasaron las tierras que les entregaron. No siembran. No crían. Matan el ganado, serruchan los árboles, tumban monte para hacer barbacoas. Y así hasta que no queda nada. Chávez mintió, otra vez, en agosto de 2008, cuando dijo: “Los indios yucpa durante mucho tiempo han estado produciendo ganado, carne y leche, y fueron echados de ahí (…) hace 30 años, a plomo limpio los echaron de ahí, con apoyo de policía, Fuerza Armada, ahora aquí hay una revolución. La Fuerza Armada, los cuerpos de inteligencia, el gobierno, todo, apoyando a los indios (Aplausos)”.

La verdad es que han usado a los indígenas como fuerza de choque contra los productores nacionales. Estrictamente por demagogia y esa infatigable siembra de odio. El resultado es un país hambriento, unos potreros yermos y unos indígenas siempre pospuestos, que han terminado aliados a los bandoleros que trasiegan esa tierra de nadie que son las fronteras de Venezuela.

Publicado en El Nacional, el 13 de octubre de 2013

 

Montaje

Publicado por el oct 14, 2013 en Columnas | 0 comments

Montaje

Milagros Socorro

Con demasiada frecuencia, el régimen ha respondido a denuncias de la prensa, de la oposición democrática y de sus propios, escasos y timoratos, atisbos de crítica interna, aduciendo que se trata de montajes. Digo “demasiada” en el sentido que siempre ha tenido el término en castellano (y no en el que en los últimos años se le ha dado en Venezuela, donde la inflación se ha extendido al punto de rebasar la moneda y alcanzar también la lengua; con lo que no basta decir que algo es feo o bonito, porque como las palabras también han sucumbido a la devaluación, es preciso subir el monto y decir “demasiado bien”, “demasiado sano”, “demasiado democrático”, como si en algunos casos eso fuera posible). El punto es que, efectivamente, el régimen ha abusado de la estratagema de zafarse de las imputaciones culpando al denunciante y acusándolo de haber adulterado la realidad con imágenes o sonidos de laboratorio.

Es lo que acaban de hacer, en respuesta al reportaje de David González, “La soya perdida del Abreu e Lima”, sobre el rendimiento de la empresa socialista José Inácio Abreu e Lima, responsable de campos de siembra de soya y una infraestructura para su procesamiento en Anzoátegui, que fue publicado el domingo 6 de octubre en el cuerpo Siete Días, de El Nacional. La nota periodística incluía fotografías de Raúl Romero, que Alí Peña, presidente del Instituto de Desarrollo Rural del Ministerio de Agricultura y Tierras, calificó de montaje. Pero resulta que un vertedero de semillas y fertilizantes en descomposición puede ser visto por cualquiera que pase por la vía pública en el perímetro de la empresa en la carretera El Tigre–Pariaguán.

De manera que la tesis del montaje no solo es una grave ofensa para los periodistas, trabajadores cuya principal herramienta es la verdad, asalariados cuyo único patrimonio es la credibilidad que obtengan al someter su labor al escrutinio público; es también una agresión al ciudadano, que en un régimen autoritario, como el que oprime a Venezuela, es forzado a negar la evidencia que tiene delante de sus ojos y secundar las mentiras que el poder segrega sin parar. Usted está viendo con sus propios ojos los anaqueles de los abastos vacíos, usted pierde su tiempo en colas, usted se ha indignado un millón de veces al presenciar el espectáculo de la corrupción, usted ve su salario desleírse como el chorro de cloro en el balde de agua, usted es testigo del desmadre que los improvisados funcionarios desatan en las “empresas socialistas” (la historia y la experiencia nos han demostrado que esto es un oxímoron). Pero a usted le niegan su derecho a enfrentarse contra esos atropellos, porque según los voceros del régimen, todo eso es un montaje y usted un alucinado.

Esta es una práctica inaugurada por Chávez desde su llegada al poder: acusar a quienes le enrostraron sus crímenes y abusos de ser autores de montajes; pero también la de montar (superponer, acoplar) retazos de verdad sobre un gran embuste o jirones de mentiras sobre la realidad. Y una mayoría pactó con eso. En buena medida porque Chávez era, para muchísima gente, el brazo vengativo que venía a destruir a otros.

No habiendo tenido un solo instante de simpatía por Chávez y sus bandidos, mantuve siempre distancia para observar a quienes se fueron escorando hacia su movimiento. Los pocos chavistas o simpatizantes del golpista que tuve cerca eran, sin excepción, resentidos sin coraje para enfrentar a quienes consideraban culpables de su fracaso o destalentados sin voluntad para trabajar lo que fuera necesario para desarrollar una obra de cierto valor. Todos estaban esperando un avatar mágico que viniera a castigar a otros, a los supuestos culpables de su mediocridad y derrota.

Ya hemos visto lo que ocurrió: el país de todos ha sido degradado, la moneda no vale nada, las instituciones son pasto de la villanía, la república es rehén de la canalla cubana, la población en su conjunto está castigada por una inseguridad que el creciente narcotráfico atiza, la corrupción se multiplica en nuevas formas que los controles posibilitan y auspician. El horror se montó sobre la fantasía de ver al otro humillado por Chávez.

Cuántos están ahora arruinados por la espada que debía arrasar el cercado del vecino.

Cuántos faltan por convencerse de que el futuro de Venezuela no se puede montar sobre los hombros de un delirante que desprecia la legalidad, sino estrictamente sobre las leyes, la rendición de cuentas y los consensos.

 

Publicado en El Carabobeño, el 09 de octubre de 2013

 

Un viaje desastroso

Publicado por el oct 6, 2013 en Columnas | 0 comments

Un viaje desastroso

Milagros Socorro

 

La imagen que expresa la situación de Nicolás Maduro es la de un prisionero en un avión cubano. Preso de Cuba. Rehén de la destartalada dictadura de dos ancianos expertos en detectar jumentos propicios para echarles encima una silla de montar y llevarlos al trotecillo por la vereda de sus apetencias.

Ese bochornoso episodio de Maduro y su enorme comitiva encerrados por más de cinco horas en un avión, en un aeropuerto de Canadá, porque las autoridades de este país (que muchas veces le han parado las patas a la tiranía cubana) se rehusaban a vender gasolina a una aeronave con bandera de la satrapía antillana, lo retrata en su insignificancia, en su condición de secuestrado cuyos actos más mínimos están sujetos a la voluntad de sus captores.

Ya el viaje había comenzado con un lance baratón, que consistió en formar una alharaca porque, supuestamente, los Estados Unidos habían impedido el paso por sus cielos del avión donde viajaba Maduro con rumbo a China y que, además, habían negado algunas visas a miembros de la concurrida comitiva. Mientras Maduro amenazaba con “medidas drásticas”, que, por cierto, todavía no ha anunciado, y Jaua desplegaba las acostumbradas pataletas que suelen acometerle antes de deshacerse en zalemas con Kerry u otro jerarca norteamericano, un empleado menor envió un papelito diciendo que no había habido tal interdicción y que a nadie le habían negado ninguna visa. En el medio, según declaraciones del propio Jaua, al pobre Calixto Ortega, agregado comercial de Venezuela en Washington, le quedó el dedo romo marcando el teléfono para contactar alguna autoridad del Departamento de Estado, pero nadie le respondió. En suma, quisieron hacer el show del líder del tercer mundo a quien el imperio se afana por obstaculizar; y lo que lograron fue un e-mail, del pasante del quinto asistente del subsecretario de Asuntos Menores que decía algo así como: “mijo, tómate un tilito y ponte pa’llá, que aquí estamos ocupados”.

Así fueron la ida y el regreso. La primera, un ridículo de poca monta (pero sazonado con una amenaza que debe cumplir); y el segundo, un incidente extraño, que lo muestra detenido en avión ajeno, supuestamente involucrado en la labor de infiltrar en los Estados agentes cubanos (desde luego, con pasaporte venezolano) sin permiso de entrada a ese país; una especie de tráfico de personas, sin duda ordenado por Cuba, mangoneado por los cubanos, tratado como un traqueto por los canadienses, humillado por el universo que siempre se ceba en los débiles y pusilánimes. El capítulo concitó poca atención no solo porque se parecía mucho al del pobre Evo, que fue más candente, sino porque el raiting estaba acaparado por el viaje de Rafael Isea en un línea aérea insólita: la DEA.

De resultas, pues, que el miércoles, quinto día de su gira, se devolvió, con nueva remesa de pujidos (puesto que, según aseguró, le habían dicho que Roger Noriega y Otto Reich le tenían preparado “dos provocaciones graves” durante su visita a la sede de la ONU en Nueva York; y él tenía que su “integridad física” y su vida). La comparecencia en la Asamblea General de Naciones Unidas había quedado suspendida. Pero antes de echar mano al embeleco del atentado, había dicho que regresaba porque tenía “una intensa agenda de calle”. Si esto era así, por qué pidió permiso a la Asamblea Nacional para salir del país (requisito que se observa solo cuando el extrañamiento supera los cinco días).

De vuelta a la dura realidad venezolana, el aparato de propaganda del régimen intentó presentar como un éxito el paseo de Maduro y su troupe de 97 personas, que incluyó los hijos y nietos de la pareja, así como dos amigas de Cilia Flores, todos los cuales recibieron de la república los pasajes, el hotel y un estipendio diario de 500 dólares. Los grandes logros de Maduro, -que, como se sabe, es un lince- frente a los chinos –conocidos por cogidos a lazo- fue el de constituir empresas para que los asiáticos exploten el Campo Junín 1 de la Faja Petrolífera del Orinoco (FPO); para que le metan mano a la mina de oro Las Cristinas, al sur del estado Bolívar; y, por si están desorientados con respecto a las riquezas minerales de Venezuela, para que hagan

El mapa minero de nuestro país. Maduro les entregó a los chinos petróleo, oro, la cartografía para que sepan bien dónde hay más; y, a cambio, tal como dijo este viernes, recibiremos 300.000 aparatos de aire acondicionado y otros aparaticos más, que en cosa de 12 meses serán chatarra.

El de la estupidez le costó a Venezuela más de 2,5 millones de dólares. Mientras usted hacía colas para conseguir aceite de maíz. ¿Lo encontró, por cierto?

 

Publicado en El Nacional, el 29 de septiembre de 2013

 

Querido Putin, hay unos helicópteros MI-35 que…

Publicado por el oct 5, 2013 en Columnas | 0 comments

Querido Putin, hay unos helicópteros MI-35 que…

Milagros Socorro

Cuando Henrique Capriles preguntó qué pasaba con el avión presidencial (puesto que la república estaba haciendo altas erogaciones al alquilar un avión cubano para el traslado de Nicolás Maduro y su inmensa comitiva), Diosdado Cabello lo cubrió de insultos y terminó diciéndole que el paradero del avión presidencial no era problema de él (de Capriles, líder de una oposición que en el último conteo electoral, aún plagado de irregularidades, demostró tener el apoyo de la mitad de la población). Como si el llamado “avión presidencial” hubiera sido comprado por Maduro con las prestaciones sociales del Metro de Caracas.

La verdad es que tanto Capriles como la sociedad en su conjunto están en el deber de preguntar por ese avión y por todos los haberes del país, así como de inquirir las razones por las que Maduro prefiere rentar una nave extranjera antes de usar el de Conviasa, por ejemplo, que forma parte de una flota nacional, propiedad del Estado. El uso de los recursos y bienes públicos es problema de todos los venezolanos y quien pretenda secuestrar ese derecho no solo incumple varias normas consagradas en la Constitución sino que emite graves señales de pretender mantener en la opacidad lo que debe ser transparente. Dicho en otros términos, cuando el presidente de la Asamblea Nacional hace intentos de oscurecer lo que debe estar a la luz del día, refuerza la idea que se tiene de él, en el sentido de que dispone de las riquezas de la nación como si le pertenecieran y, encima, repele con violencia cualquier iniciativa de escrutinio.

Este lunes, el conocido millonario del Furrial viajó a Rusia en visita oficial para “estrechar las relaciones políticas con el gobierno de Vladimir Putin”. Francamente, no se entiende cuánto más se puede estrechar relaciones con Putin y con Rusia; piénsese que el convenio de cooperación técnico militar de Venezuela con Rusia empezó en 2005 (con la compra de 100 fusiles AK 103 Kalasnikov) y ocho años después, la mayoría de los equipos adquiridos por la FAN son rusos, y no se conoce cuáles son las compras reales, el monto exacto de las negociaciones ni operatividad de los equipos adquiridos. Todo se hace en el secreto y en esa atmósfera de intimidad que han desarrollado los bolivarianos con Putin.

Lo que sí se sabe es que Cabello es portador de una carta firmada por Nicolás Maduro. Muy bueno que el emisario sea el agresivo magnate pesuvista. Eso nos da una oportunidad, por ínfima que sea, de que saque esa garra que exhibe frente a los demócratas venezolanos, también frente al mandatario ruso. Ya es hora de que alguien le pregunte qué van a hacer con los diez helicópteros MI-35 que el gobierno de Venezuela compró para la Aviación del Ejército, y que está parados, sin uso, aherrojándose en el aeropuerto de La Carlota (si no los han remolcado para que no estén a la vista de quien pase por allí).

Adquiridos, como todo lo que viene de Rusia, sin ningún tipo de estudio del Estado Mayor de la Fuerza Armada, ni controles de la Asamblea Nacional, estos helicópteros de combate son una especie de prototipo remendado puesto que, siendo el modelo MI-35, tienen el rotor de cola del MI-28 y, según puede leerse en la página web www.americamilitar.com, “eso ha traído problemas tanto en la pala del rotor como en el botalón de cola, el cual presenta fisuras”. El punto es que la decena de helicópteros MI-35 ha salido defectuosa; y si no ha habido accidentes graves o pérdidas humanas que lamentar con este modelo (como sí ocurrió con los MI-17 y MI-26, que entre 2006 y 2010 se siniestraron en seguidilla causando muertos y heridos, como los registrados en Rubio, Táchira, el 3 de mayo de 2009, donde fallecieron militares y un civil, al accidentarse un MI-17 con las siglas EV-08114; y en Apure, en agosto de 2010, donde diez militares encontraron la muerte al precipitarse otro M-17), si no ha ocurrido una desgracia con los MI-35 es porque están varados y apenas si han movido alguno para un desfile cuya brevedad, han apostado, no daría ocasión a que se manifestara el mal funcionamiento, que, al parecer, surge tras un determinado tiempo de vuelo.

Venezuela fue el primer cliente para los MI-35. En lo absoluto exigente. Ahí están, varados, “sin rotores armados y con fracturas y fisuras”. No pedimos que el potentado Cabello avergüence otra vez al país espetándole las groserías que destina a Capriles, por cierto, su némesis en Miranda. No es necesario que lo llame pazguato. Pero sí quisiéramos que demostrara que tampoco Venezuela lo es y que esperamos que hagan algo con los MI-35 de injerto, que ya el pueblo venezolano pagó hasta el último centavo.

 

Publicado en El Carabobeño, el 02 de octubre de 2013