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El bloqueo del escritor – Libros que nunca leeremos

Milagros Socorro 

Llega un día en que no se puede cumplir una tarea que hasta ayer había sido rutinaria. El escritor se obliga a arrastrarse hasta su mesa de trabajo y en la ruta –que por lo general no supera los tres metros- se atraviesan docenas de obstáculos: el teléfono, la cama deshecha, las sumas y restas del talón de la chequera, la salida matutina del perro… El caso es que se yergue la imposibilidad de poner palabras en un papel y el silencio se vuelve culpa, frustración, angustia y más silencio. A esto se le llama comúnmente el bloqueo del escritor, una experiencia tremenda para quienes la han padecido en forma temporal e incluso crónica.

Para indagar en las galerías de esta resistencia a la escritura, preparé un cuestionario que hice circular entre un pequeño grupo de escritores. Todos -menos Uslar Pietri- habían padecido alguna vez esta especie de interrupción de la consciencia creativa. El narrador y ensayista Antonio López Ortega reconoció experimentarlo “permanentemente”.

-Lo definiría –propone López Ortega- como el estadio proteico de la escritura. Se vive de manera angustiosa (no creo que haya otra). Y para seguir con la jerga astrofísica, diría que está hecho de anti-materia. El bloqueo es consubstancial a la escritura. Si la escritura es revelación, el bloqueo sería el estadio anterior (o posterior; nunca se sabe) a la escritura. El bloqueo surge cuando el peso del inconsciente puede más que el flujo creador. Suerte de ‘agujero negro’ en el cosmos breve de la escritura, el bloqueo retiene la expresión por su naturaleza fuertemente gravitatoria”.

Para Marco Tulio Socorro, autor de un único libro de relatos, el bloqueo: “Es básicamente una merma acentuada en la productividad que termina en la completa parálisis. Se experimenta acompañado de una absurda sensación de culpabilidad, como si todo el mundo estuviera al corriente del problema, que nace justamente de una idea de pérdida de intimidad entre el escritor y el texto, luego de publicar por primera vez”.

Mientras que el ensayista Miguel Angel Campos lo define como “la incapacidad para acometer la ejecución de un trabajo concebido durante meses o años. Es como la rutinización del engaño. Genera angustia en la medida en que las ideas no se ejecutan y nada puede ser confrontado. La cantidad de excusas para no escribir pudieran ser infinitas”.

Tampoco es una tragedia

El incansable Rafael Arráiz Luca admite haber atravesado también por estos pasadizos, aunque no le atribuye mayor relevancia. “El bloqueo” dice Arráiz “dura el tiempo de nuestras angustias, es casi una regla matemática: a mayor desazón, mayor bloqueo. Cuando nos serenamos, sobre la base de comprender que si no escribimos el mundo ni se enterará, el nudo va cediendo. Puede durar quince días o puede atormentar diez minutos, es impredecible”.

Y la poeta y ensayista Ana Nuño, autora de un poemario publicado hace exactamente diez años, desdeña el tema al asegurar que: “El bloqueo del escritor es un fenómeno tan banal y frecuente como, pongamos por caso, no poder o no sentir ganas de tener un orgasmo. Es sintomático de nuestras sociedades -obsesionadas con el bienestar personal, justificación burda, resumo groseramente, de la inducción al consumo- que la carencia de acción, manifiéstese como apatía, depresión o, simplemente, silencio, haya de ser vivida vergonzosamente, como una falta grave. Cuesta ser consciente de ello, pero es de suma importancia comprender y aceptar que cualquier acción que emprendemos está sustentada en su reverso. Recordemos el verso de Borges en El Golem: ‘y la inacción dejé, que es la cordura’, exclama arrepentido el rabino al contemplar a su criatura, remedo penoso del hombre que sólo conoce un hacer indiscriminado y, por consiguiente, estéril”.

Cómo se enfrenta el bloqueo

Aunque la mayoría reconoce la inutilidad de luchar contra el eclipse, algunos han afilado herramientas para domeñar a la sirena que los induce a dejar el trabajo para mañana. Antonio López Ortega está convencido de que “hay una sola manera de enfrentarlo: leyendo, leyendo insaciablemente y sin límite preestablecido. Sólo la lectura nos muestra que el bloqueo es el no-lugar. Por lo tanto, reencontrarse con el ‘lugar’ de la lectura es rehabitar la escritura misma. La lectura nos señala que siempre podemos volver al lugar que hemos extraviado”.

Miguel Angel Campos, quien, en relación a un asunto específico lo ha padecido por años, le planta cara “desechando tentativamente el objeto de la perturbación y encarando trabajos menores, eso produce el encuentro con la escritura en tanto acto artesanal, se suelta la mano y puede conseguirse algo útil: la expresión misma”.

Marco Tulio Socorro lo enfrenta: “Al principio con vergüenza (ignoro por qué) y luego con una especie de honesta resignación, atribuyéndole el bloqueo a una inapetencia que se sospecha temporal y que tal como apareció puede que desaparezca, o que no lo haga jamás, porque en todo caso la experiencia indica que es inútil luchar contra el bloqueo”.

Y Rafael Arráiz Luca: “Antes lo enfrentaba escribiendo, tocándole la puerta al tema que no se entregaba. Después intenté con éxito otra estrategia: abandonaba el texto problemático y emprendía otro, completamente distinto. Al rato, cuando volvía al del nudo, ya no ofrecía las mismas resistencias. Hoy en día, si el bloqueo toca la puerta, releo alguna joya o me voy al cine”.

-También, en una oportunidad reciente, -continúa Arraíz- quedé atascado con una breve biografía de Arturo Michelena. Algo impedía que avanzara con la escritura, ya la investigación estaba hecha. En ese tiempo iba dos veces por semana a conversar con un psicoanalista inteligentísimo que se interesó especialmente por las razones de mi bloqueo con Michelena. Varios nudos descubrimos: el pintor moriría joven (35 años) y a medida que avanzaba en su biografía me acercaba a su muerte y me resistía a hacerlo. Además, mis padres habían muerto con seis meses de diferencia en aquel fatídico año 1996. De modo que mi ensayo biográfico sobre la vida de Michelena no era otra cosa que el encuentro de la muerte, su fatalidad, su desolación. Una vez comprendido el fenómeno, corrí a casa y avancé en la biografía como una exhalación, feliz y sin bloqueos.

Por qué sobreviene el bloqueo

Para Miguel Angel Campos el bloqueo está vinculado a: “Ausencia de presión, lo que conduce a una falta de disciplina y de hábito. Por lo demás, las expectativas del medio reducen la posibilidad de romper con un estado de pasividad propio de quien ha determinado otras urgencias. En relación con el mercado y las editoriales creo que en Venezuela se escribe más de la cuenta. Posiblemente haya un bloqueo subliminal para dar con grandes conflictos y en consecuencia llegar a ejecuciones concluyentes”.

Y Ana Nuño despacha el asunto así: “Lo mismo que con la inacción, que la lógica de la productividad ciega llama ‘bloqueo’, sucede con la manía de la confesión. Foucault escribió páginas elocuentes sobre esta patología cristiana, brillantemente resucitada en nuestro siglo por un genial judío bajo la forma del psicoanálisis. No repetiré sus argumentos, que doy por conocidos. Me permitiré, en cambio, sustituir a las preguntas de la encuesta otras, que son como la sombra que proyectan aquéllas. ¿Cuándo comenzamos a percibir  ‘el bloqueo del escritor’ como un problema? ¿Acaso Proust estuvo ‘bloqueado’ antes de 1908, es decir antes de empezar a escribir las 3.000 páginas de su magnum opus a los 37 años? ¿Y cómo interpretar la incontinencia de este autor, que seguía agregando texto al texto aun en lectura de terceras y cuartas galeradas? ¿No sería más sensato ver en esa postergación obstinada de la clausura de la obra proustiana el rostro ‘verdadero’ de la creación literaria: hacer que la obra se confunda con y acabe por ser la vida misma? Dicho desde otro, muy otro ángulo, la obsesión con ‘el bloqueo del escritor’, ¿no será más bien una obsesión del editor y no del escritor? En la era de la reproducción mecánica, pace Benjamín, ¿acaso no es publish or perish el imperativo número uno del mercado editorial? Creo que va siendo hora de hablar de otro bloqueo, más grave que el supuesto del escritor: el bloqueo del lector, paralizado ante la marea de títulos que barre las mesas y los estantes de las librerías.

 

Julio Miranda, quién lo diría

Autor de 55 libros, de los cuales llegaron a publicarse unos 40 en vida de tan prolífico escritor, Miranda aborda el asunto del bloqueo en esta entrevista, la última que se le hiciera.

– ¿Ha experimentado usted el bloqueo del escritor?

-Sí, he experimentado dicho bloqueo. La primera vez, en 1973, tuvo mucho de decisión: ante el golpe de Estado de Pinochet, que me pareció clausurar la última posibilidad continental de alcanzar el socialismo por vías pacíficas, abandoné la literatura durante tres años, dedicándome exclusivamente al periodismo. Pienso que también el medio lingüístico en que me desenvolvía, viviendo por entonces en Bélgica, influyó: de hecho, vuelta a Venezuela en 1976, recuperé la escritura literaria, lo que –con interrupción incluida- produjo mi poemario Maquillando el cadáver de la revolución.

Un bloqueo de menor duración, ligado igualmente a un medio lingüístico no español, me ocurrió en Italia, en 1983, pero en este caso hablaría de una no necesidad de escribir, dada la plenitud (sentimental, sensual, intelectual: vivencial, en suma) de ese año.

De1991 a1997, más o menos, he estado sin escribir poesía concretamente, pero produciendo bastantes ensayos y algo de narrativa: en este caso, más que de bloqueo hablaría de “especialización”, no voluntario, desde luego.

En este momento, con diez libros inéditos repartidos entre media docena de editoriales, diría que no me anima demasiado ponerme a escribir, sin que (¿aún?) pueda caracterizar la situación como un nuevo bloqueo.

-¿Cómo lo define? ¿Qué es? ¿Cómo se vive? ¿De qué está hecho?

-Mi experiencia, pues, me sugiere que el bloqueo puede tener diversas causas: desde la –cíclica- constatación de que la literatura no sirve para nada, hasta la vivencia plena que no deja fisuras que rellenar con letras, pasando por el ¿hastío? ante lo ingrato de la tarea en términos editoriales, económicos, etcétera.

-¿Cómo lo ha enfrentado?

-No creo que el bloqueo “se enfrente”: se sufre, nada más. Y se espera que pase. Siempre –se sabe mientras se soporta- tendrá resultados higiénicos, aunque el silencio como “purga” pueda al cabo convertirse en destino.

-Cuando se ha sentido bloqueado ¿ha conversado el asunto con alguien? ¿ha experimentado, encima, un bloqueo para hablar de eso?

-Jamás se me ha ocurrido hablar del bloqueo con alguien como un tema ¿a analizar?, pero claro que me he referido al asunto con mis amigos. En general, lo que creo es que el bloqueo se tematiza literariamente con frecuencia (“no puedo”/”no quiero” escribir), lo que lo convierte en poética y prueba, al mismo tiempo, la superación –al menos parcial- del bloqueo.

PAPEL LITERARIO, El Nacional  1998

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