Arutro-Uslar-Pietri

El funeral de Arturo Uslar Pietri

Milagros Socorro

Aunque fría, la mañana del funeral de Uslar Pietri fue soleada. De hecho, la caja de madera pulida donde reposaban sus restos parecía flotar en la atmósfera dorada que se cernía en la sala de velatorios, un amplio recinto de altas paredes de hierro pintado de blanco que por no llegar al techo dejan unos muy grandes ventanales abiertos a la brisa de las montañas circundantes.

Los periódicos que el martes de carnaval habían informado de su muerte precisaban que el entierro tendría lugar a las dos de esa tarde. A las once de la mañana, la sala estaba colmada (sin que los asistentes se sintieran apretados) y afuera uno que otro grupito hacía comentarios en voz baja. Se veía un ralo conjunto de políticos, otro de académicos, un puñado de curiosos, algún funcionario de la cultura. Sólo los reporteros de los diferentes medios estaban allí, en auténtico tropel, atentos a las personalidades que llegaban, diligentes guardianes de la memoria de un colega de excepción.

Hacia el final de la mañana el cardenal Velasco se presentó para decir unas palabras muy sencillas, algunas frases de simpatía e inusual dulzura que resultaron inaudibles para la mayoría de los presentes porque por los resquicios de la pared revoloteaban, aventurándose tímidamente hacia el borde interior de la sala, una bandada de torditos que se dedicó a cantar a todo gañote las vitales melodías de la naturaleza. Contra la pared del fondo y de cara al féretro estaba Velasco, vestido de negro, y alguna frase de su discurso se colaba entre la maraña cantarina y jovial de los tordos cuya algarabía desmentía la luctuosa tonalidad de su plumaje. Al lado del cardenal se encontraba Federico Uslar Braun -el único hijo vivo del escritor fallecido-, un hombre taciturno, sobrio y de aire solitario que respiraba con dificultad más por la obesidad que por embates de la tragedia que lo ha alcanzado. Incrustada en la enorme papada que orla su rostro se podía ver la expresión, azorada y perpleja, de un huerfanito a deshora. Y en un rincón, encogida y muy bien puesta, la señora Ana Luisa Braun Kerdel, hermana de la esposa de Uslar. No había nietos ni más hijos. Estaba Uslar en el centro de la habitación y sobre su urna una cruz de flores con una cinta que decía (más bien susurraba): “De su hijo”. Y en la esquina derecha, una corona enviada por la Academia Venezolana de la Lengua. Casi al mediodía llegaron otras dos coronas, una del Ministerio de la Secretaría y otra de la Presidencia de la República de Venezuela, cuyo titular se abstuvo enérgicamente de comparecer.

La misa de velaciones la dio el cura del Cafetal, quien le dispensó una mínima caricia a la caja antes de dar por terminada la liturgia. Inmediatamente después llegaron los expresidentes Luis Herrera y Rafael Caldera, éste último del brazo de su hijo y llevando inusuales lentes de sol que no lograban desviar la atención de su vacilante andadura e impresionante palidez. No hubo más ex mandatarios.

Cuando llegué a mi casa, como soy abstemia e incapaz de brindar por la memoria de los muertos, puse un disco de Billo –en realidad, puse varias versiones del Profesor Rui Rua, sobre todo una, muy bella, arreglada por Alberto Naranjo que incluye un coro de niños- y lloré amargamente para mi sorpresa, para mi alivio, para mi cancelación de un siglo que acababa de ser enterrado.

 

Publicado en El Universal, febrero de 2001

8 comentarios en “El funeral de Arturo Uslar Pietri

  1. Qué hermosa crónica Milagros. Sencillas palabras, sentimiento que se desliza suavemente y se convierte en nudo que aprieta la garganta y nubla los ojos. Justo homenaje.

    1. Que dulce manera de expresar el sentimiento y las emociones que corrieron en Ud., en ese dia. Siempre admiré al Dr. Uslar, hombre con un don para contar y explicar la historia del mundo. Un beso.

  2. ”El indio era aun mucho más incapaz de valorización que el español. Nunca tuvo ni capacidad ni resignación para el trabajo sistemático. AI hablar del indio las palabras pereza y vicio surgen constantemente de la pluma de los cronistas coloniales. La aparición del negro en América fue una consecuencia de la misma incapacidad del indio. El negro, por su parte, tampoco constituye un aporte que pueda beneficiar a la raza. La mezcla resultante no ha superado los componentes originales. Lo que pudiéramos llamar la raza venezolana actual es, en rasgos generales, tan incapaz de una concepción moderna y dinámica del trabajo y de la riqueza, como lo fueron sus ascendientes. (…) Esto quiere decir que si no modificamos grandemente la composición étnica de nuestra población será casi imposible variar el curso de nuestra historia y hacer de este país un Estado moderno”.

    Nunca un ”me equivoqué”, ”era falso”, ”era producto de la época” (germano descendiente, años ’30, aten cabos). NADA. Y que triste pensar que sus ideas, sobre todo “Sembrar el petróleo” (demos el dinero a las élites, ellos van a industrializar y modernizar Venezuela, ellos son chéveres), definieron nuestro modelo de desarrollo.

    Ni un lágrima. Al pasado pasado y ese siglo cancelado, gracias a Dios, con lo bueno y lo malo hay que dejarlo ya atrás y concentrarnos en el futuro.

  3. Lei ese articulo cuando Ud. lo escibio. Excelente memorial. Muy triste y lamentable que este regimen de gangsteres no se hayan hecho eco de la desaparicion de uno de los mas insignes venezolanos del siglo XX. Ni falta que hizo por aquello de que “dime con quien andas y te dire quien eres”. Hubiese sido una ofensa para el Dr. Uslar que alguno de esos bandidos hubiese hecho acto de presencia en su funeral. Ninguno de ellos calzaria las “alpargatas” viejas que botaba el Dr. Uslar

  4. Recuerdo con frecuencia muchas de las enseñanzas del Dr Uslar, pues eventualmente veía su programa “Valores Humanos” donde a través de múltiples reflexiones solía advertir sobre el peligro de caer en la barbarie; dada la viveza criolla de buscar siempre la alternativa mas fácil y la menos laboriosa, parafraseando a Cortazar como podíamos los Venezolanos sospechar que aquello que parecía tan mentira era verdadero. El lobo se vistió de oveja y caímos en ese abismo

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