Antonio-Ledezma

La oficina de Antonio Ledezma

Milagros Socorro

Antonio José Ledezma Díaz (San Juan de Los Morros, Guárico, 1955) ha tenido una vida azarosa. Si se registraran en un gráfico las subidas y bajadas de su peripecia vital, el resultado semejaría el perfil de una cordillera. Nacido en un hogar humilde, en su adolescencia fue miembro del centro de estudiantes del liceo Juan Germán Roscio; en 1968 se incorpora a la militancia en la juventud de Acción Democrática, primero como secretario juvenil por Guárico y luego como miembro del Comité Ejecutivo Nacional. En 1984 ya es diputado, reelegido en 1989. Entre 1992 y 93 es gobernador del Distrito Federal. En 1994 es senador. Nada mal, no llegaba siquiera a los 40 años y ya era senador.

En 1995 es elegido candidato a la alcaldía de Libertador. La línea ascendente de su trayectoria auguraba una carrera deslumbrante sin mayores tropiezos. Pero en 1998 es jefe de campaña de Luis Alfaro Ucero… para terminar apoyando a Salas Römer en las elecciones presidenciales, tras el retiro de Acción Democrática y de su postulante. En 1999 anuncia su candidatura ala Secretaría General de AD, pero al poco tiempo, en vez de estar en la cumbre de ese partido, se encuentra fuera de él. Bueno, palante, funda Alianza Bravo Pueblo (ABP). Y, para colmo, en agosto de 2000, en lugar de obtener la reelección en la Alcaldía de Libertador, pierde con Freddy Bernal, que es como perder dos veces.

En septiembre de 2002, va a parar al Centro Asistencial Urológico San Román a consecuencia de la golpiza que recibió cuando participaba en una marcha de protesta del estado Vargas. Como resultado de la agresión, el ex diputado, ex senador, ex alcalde y ex gobernador presentó traumatismo generalizado, golpes en la frente, abdomen, región lumbar izquierda y testículos, además de dificultades respiratorias debidas a la inhalación de las emanaciones lacrimógenas. Era la primera vez en más de treinta años de activismo político que una refriega pública lo mandaba para el hospital. Pero no sería la última. En mayo de 2007, Ledezma, -para más señas, asmático- regresaría al Urológico San Román, esta vez directo ala Unidadde Terapia Intensiva, tras recibir el brutal impacto de una lata de gas lacrimógeno en el pecho cuando manifestaba contra el cierre de Radio Caracas Televisión.

En las elecciones regionales de 2004 ni siquiera se presenta como aspirante a un cargo. La antigua esperanza blanca se ha convertido en un outsider. ¿Alguien da medio por la carrera de Antonio Ledezma? Y ya que va cuesta abajo en la rodada, se pone en la primera fila de los abanderados de la abstención para las elecciones legislativas de 2005 y las presidenciales de 2006. El 2007 lo encuentra plantado en la opción abstencionista de cara al referéndum constitucional que habrá de producirse el 2 de diciembre, pero en el camino cambia de perspectiva y llama a votar contra la reforma. No perderse el desplazamiento: en mayo está en una cama de hospital, aporreado y con los pulmones espichados, y en diciembre está celebrando con el bando ganador.

El 23 de noviembre de 2008 se vuelve a presentar en la justa porla Alcaldía Metropolitanade Caracas. Va a enfrentarse a Aristóbulo Istúriz, a quien ya había derrotado en 1995. Pero ahora Istúriz es un jerarca del régimen, ha sido ministro de Educación y ha obtenido esa candidatura, por la cual va a encontrarlo de frente, con el 94,42% de los votos de la militancia del PSUV, el mayor porcentaje registrado en esa medición interna. Ahora Istúriz es un duro del partido de gobierno. Uno de los próceres del oficialismo. Por si esto fuera poco, se hace evidente que a Istúriz le sobran los recursos mientras Ledezma tiene que rasguñarlos con gran esfuerzo. A una semana de los comicios, fuera de él y su incondicional esposa, Mitzy Capriles, nadie hace una gran apuesta por su triunfo. El oficialismo se burla de él tildándolo, entre otras lindezas, de fósil y emblema del pasado. Conocidos los resultados, Antonio Ledezma se alza con el 52,41%3 de los votos. Contra todo pronóstico, el publicista de la abstención gana las elecciones. ¡Derrota a Istúriz, que ha tapizad la ciudad de propaganda y que unos días antes había prestado su brazo para que Chávez se lo levantara! Es como ganar dos veces.

La cara de Ledezma, fresca y recién afeitada, al día siguiente, en los programas matutinos de televisión no puede reflejar mayor satisfacción. Está de vuelta. Ha aprendido mucho del Dow Jones de su vida. Y no está dispuesto a que el índice registre una nueva baja. Ledezma está de vuelta. Y viene arrecho.

Después de un par de días de celebración y declaraciones,  se encamina a la oficina del alcalde. Va a presentarse en su puesto de trabajo, pues. Ah, pero eso no se va a poder por los momentos, ya que el Palacio Metropolitano, según asegura el nuevo alcalde, está hecho un chiquero.

 

Un museo, ¿en su interior o en la fachada?

En enero de 2005,la Alcaldía Metropolitanade Caracas, entonces encabezada por Juan Barreto, anunció que su sede, el Palacio Metropolitano, cambiaría de función para albergar al Museo de Caracas. Según un comunicado oficial, fechado el 28 de enero de 2005, la primera fase culminaría en seis meses. “Tal como lo establecela Constitución”, declaró entonces un tal Gallardo, “invocamos los poderes creadores del pueblo para que sean los verdaderos ejecutores de esta gestión, pues desdela Alcaldía Mayorsabemos que sólo dándole poder al pueblo alcanzaremos un desarrollo cultural endógeno”.

El proyecto de museo quedaba más o menos explicado en los siguientes términos: “Además de exposiciones permanentes de las obras ubicadas en cada una de las oficinas dela Alcaldía, con sede en el Palacio, heredadas desdela Gobernaciónde Caracas, serán exhibidas obras alusivas a la historia de Caracas, proyección permanente de películas y videos y se dictarán talleres sobre formas de organización social”.

Esa primera fase de ejecución del proyecto debía comprender “adecuación de bóvedas para resguardo de obras, previo inventario de éstas, acondicionamiento de salas para exposiciones, diseño de logotipo y equipamiento para sala de cine”.

En noviembre de ese mismo año, Barreto afirmó, en un discurso pronunciado en I Encuentro Metropolitano de Cultura Popular y Tradiciones, que tuvo lugar en Parque central, entre el 2 y el 6 de noviembre de 2005, que los trabajos para la creación del Museo de Caracas habían comenzado “en el área del estacionamiento del Palacio de Gobierno”; y que en un lapso de 15 días se debía producir la mudanza, “para en pocos meses disponer de un nuevo espacio para la cultura”.

Es preciso dejar constancia de que, en la misma alocución, Barreto prometió “la recuperación del Nuevo Circo, que se convertirá en un anfiteatro popular para la cultura y donde los grupos tendrán la oportunidad de desarrollar sus actividades, así como El León de Oro, donde se crearála Escuela Nacionalde Artesanía y la recuperación del Teatro César Rengifo; el Teatro Alameda, en San Agustín de Sur; el Teatro Cristo Rey, en el 23 de Enero”.

Lo que efectivamente ocurrió es que al conocerse el triunfo de Ledezma en las elecciones del pasado 23 de noviembre, diversos “colectivos” acudieron al Palacio Metropolitano, pote de spray en mano, y lo pintarrajearon de manera intensiva. Cuando terminaron de expresarse los poderes creadores del pueblo, la fachada del edificio ostentaba pintas amenazantes, consignas y, en fin, un rayero que había desvirtuado totalmente el lugar. Por dentro la situación no era muy distinta, tal como dice Ledezma, quien no encontró nadie que le hiciera entrega formal de la sede dela Alcaldía. “Lo que hallé me dejó asombrado”, dice. “No daba la impresión de que allí trabajara nadie, y más bien parecía que lo habían destinado a depósito o, francamente, no sé a qué, porque el caso es que estaba todo sucio, evidentemente abandonado y con basura por todos lados”.

El Palacio Metropolitano (antigua Gobernación del Distrito Federal) se terminó de construir en 1935, en la esquina de Principal, centro de Caracas. Según el arquitecto Enrique Larrañaga, “ha debido ser el ala oeste de un edificio destinado a cubrir todo el frente norte dela Plaza Bolívar, con un cuerpo similar en la esquinaLa Torre. Esobra de Gustavo Wallis Legórburu (1897-1979), autor también del teatro Principal, que reconoce la diagonal dela Plazamientras el edificio dela Gobernaciónhabría de reconocer la frontalidad del espacio marcado por la estatua de Simón de Bolívar”. Para el arquitecto y novelista Federico Vegas, se trata de “un valioso ejemplo de art decó a la venezolana”.

Pero cuando se produjo el cambio de autoridades, las nuevas no pudieron instalarse allí, porque estaba, en palabras de Ledezma, “en condiciones sumamente inhóspitas”. Sus primeras acciones como nuevo alcalde metropolitano tendrían que generarse en otro escenario.

 

Tapa amarilla, le dicen

Antonio Ledezma tiene dos características inusuales en su gremio: es muy ordenado y puntual. Confiesa que su maestro en materia de organización de agenda fue el ex presidente Carlos Andrés Pérez, cuya precisión en materia de reuniones de trabajo es célebre. Ledezma recibe al visitante a la hora exacta en que fue citado; y le dedica, asimismo, el tiempo acordado, que no suele rebasar la media hora.

Imposibilitado para despachar desde el Palacio Metropolitano, Ledezma se instaló en el Centro Financiero Latino, en la avenida Urdaneta, dondela Alcaldía Metropolitanaposee tres pisos, que, tal como explicó, estaban también en un estado calamitoso. Allí lo encontramos, a dos semanas de las elecciones. En una amplia oficina recién pintada, amoblada con un escritorio y una mesa redonda sobre la que se encontraba un ramo de flores sobreviviente de la toma de posesión. La espléndida iluminación proviene en buena medida del ventanal que cubre dos de las paredes del recinto, las mismas a las que están adosadas dos líneas de gabinetes de formica con tope de mármol. Para aquel momento aquellos gabinetes estaban vacíos. Y por doquier reinaba el orden. Detrás de la silla donde se encontraba el alcalde había un montoncito de carpetas coronado por la autobiografía de Clinton. Para llegar a su escritorio era preciso andar con mucho cuidado porque los pisos de madera habían recibido una capa extra de cera y todavía no había llegado el momento de remover el exceso de producto y pulir. Sobre el escritorio, en estricta formación, dos teléfonos celulares, una computadora, una agenda y algunas carpetas. Nada de pilas de cartas, documentos o asuntos pendientes.

-Aquí también encontramos cajas de cartón vacías, pisos mohosos y paredes sucias, pero rápidamente lo pusimos en condiciones para trabajar –dice Ledezma sin varias un ápice la sonrisa que tiene tatuada desde la medianoche del 23 de noviembre.

Y la señora que viene a traer café y vasos de agua completa por lo bajo, mientras el alcalde atiende la única llamada telefónica que se permitió mientras recibía los periodistas, que “la nevera estaba llena de basura”.

El Centro Financiero Latino no estará en el top ten de la arquitectura nacional, pero no hay duda de que es una construcción a todo dar: los ascensores funcionan a la perfección, son silenciosos y tienen todas sus lucecitas en funcionamiento. Los ambientes son amplios, cómodos. Se respira prosperidad, altas aspiraciones, corrección, urbanidad, en suma, pulcritud. Nada que ver con la infraestructura gobiernista, hacinada, oscura, incómoda, pringada de churretes.

-Era la sede del Banco Latino, -recuerda Enrique Larrañaga-. Ahora el Centro Financiero Latino es parte de la “herencia de Fogade”, que tomó el gobierno y asignó entre varias instituciones sin tomar en cuenta el valor de representatividad institucional que algunos consideramos fundamental para dar forma visible a la solidez del tejido social. En mi opinión, es un edificio “tapa amarilla”, creo que producto de un concurso privado entre varias oficinas corporativas, cuando el Latino era parte del Banco Ítalo. Si se quiere categorizar, digamos que forma parte de la arquitectura del boom Caros Andrés I, de una suerte de brutalismo corporativo, que utiliza el concreto obra limpia, pero tan limpio que casi ni concreto parece. Su vecino de enfrente, la sede de El Universal, obra de los arquitectos Bernardo Borges y Francisco Pimentel (y un inglés cuyo nombre no suele recordarse y que, según las malas lenguas, era el verdadero autor), es Premio Nacional de Arquitectura; y un edificio insuperablemente más fino y generoso con la calle. Al Centro Financiero Latino yo lo incluiría en la categoría tapa amarilla de padre desconocido, con ínfulas de grandeza petrolera.

Marco Negrón admite que es un muy buen edificio moderno de oficinas. “Pero no creo que pueda atribuírsele ningún valor excepcional”.

Ledezma, en cambio, le concede todo el valor del mundo: ese edificio es la residencia de su revival. Allí comienza su etapa de madurez, que, como suele suceder, está marcada por la economía de elementos: pocos cuadros, pocos muebles, nada de periquitos sobre el escritorio, no más de una secretaria, cero rumas de tareas atrasadas, nada de triunfalismo, por favor no me cambien la silla, ésa está bien. Hasta que se presente una verdaderamente mejor, claro.

 

Publicado en la Revista Clímax, febrero de 2009

 

Un comentario en “La oficina de Antonio Ledezma

  1. De verdad que leyendo tantas líneas me ciento cada vez mas identificado como guariqueño y amigo de ese gran líder Antonio .Sigue adelante tienes un pueblo que esta contigo y creo que tu deberías ser el próximo PRESIDENTE de todos los VENEZOLANOS

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