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La luz que falta en Venezuela /El Nacional, 27 de diciembre de 2009

La luz que falta en Venezuela

 Milagros Socorro

 Llegamos, pues, a la navidad de 2009 sin que se sienta en el país ambiente tal. Lo experimenta la ciudadanía, lo comentan los taxistas en curiosa unanimidad corporativa, lo sentimos todos: este año la navidad dio un rodeo a Venezuela y pasó de largo.

Muchos factores influyen en este desdén. Destaca entre ellos la falta de un ornato público especial para estas fechas, se echan a faltar las avenidas iluminadas, las alegorías navideñas armadas con luces, los enormes arbolitos y guirnaldas emplazados en calles de gran circulación; y, peor aún, hay tramos enteros de la vialidad que ni siquiera cuentan con el alumbrado habitual, ya porque están completamente a oscuras o porque están encendidas parcialmente. Un país en tinieblas no ofrece mucho aire navideño que digamos. Y el caso es que estamos ante un gran problema de sequía que ha afectado a extremos alarmantes las fuentes hidroeléctricas de energía, origen mayoritario de electricidad en Venezuela, lo que ha desnudado la falta de planificación y de inversión, esto es, una flagrante improvisación en asunto tan crucial para la vida nacional. La navidad nos encuentra con los cauces secos y la previsión gubernamental en cero, así como los planes para enfrentar la emergencia. No es, ciertamente, para celebrar.

Por camellones de irresponsabilidad aún más dolorosa, la reciente prosperidad acarreada por el alza de los precios del petróleo se disipó ante nuestros ojos, dejándonos más pobres y perplejos en medio de un río amargo de facturas por pagar, promesas incumplidas –e incumplibles-, sueños desbaratados, inflación, devaluación y, en suma, ateridos frente a la realidad. Este diciembre habrá menos “estrenos” que el anterior, una mesa menos colmada que entonces y no más que calderilla en la faltriquera. La navidad es chévere, pero alguien tiene que pagarla.

No hay atmósfera de navidad. Cómo va a haberla si en absolutamente todos los hogares de Venezuela hay un luto reciente por la violencia y su correlato, la impunidad; si en tantas casas falta alguien que consideró canceladas sus oportunidades en este país y decidió buscarlas en el extranjero; si en cada familia alguien ha sido víctima de un robo, un secuestro, una violación, una injusticia, un arrebatón de sus derechos, su salario, sus reivindicaciones sociales, y hasta el nombre de ciudadano, que a muchos se nos pretende escamotear tildándonos, desde escenarios que deberán ser los más altos de la república, de escuálidos. Qué navidad va haber en un país donde muchos gremios tienen presos políticos, como los periodistas, que comemos hallacas de sal porque Gustavo Azócar cumple hoy 150 días preso y sin sentencia judicial definitiva. Desde luego, hay también periodistas que han debido extrañarse del país porque no tienen ninguna confianza en la justicia y sí muchos motivos para considerarse objeto de ensañamiento del gobierno. Mal podemos, pues, saborear aceitunas y pasas los periodistas, jueces, militares, policías, sindicalistas, empresarios y dirigentes políticos y estudiantiles que tenemos colegas en las cárceles de Chávez y en el exilio.

Espacio de melancolía ocupará, seguramente, el pesebre en las casas de los venezolanos que han perdido sus puestos de trabajo por los cierres de medios de comunicación, por la confiscación de empresas, por la invasión y destrucción de fincas, por el estrangulamiento al sector productivo nacional y el consiguiente estímulo a la industria extranjera; por la reducción de las exportaciones estrictamente al rubro petrolero y la multiplicación hasta el vértigo de las importaciones.

 Todo eso abruma el corazón de la venezolanidad. Pero lo que nos ha arrebatado la risa y el villancico es la división del país, la falta de avenimiento entre hermanos, los insultos atizados desde tribuna que debería abonar para la unión. Ya estamos cansados de eso, avergonzados por lo que cada uno de nosotros ha podido contribuir al encono. Resultó que la polarización era lo contrario de la sensatez… y de la navidad. Qué ambiente de pascua va a haber en la patria escindida; qué alegría, donde se cultivan las desavenencias. Podemos con todo, con el arbolito en sombras y el regalo pospuesto, pero no podemos con estos silencios y estas bocas torcidas.

Esa es la luz que falta en Venezuela, la del abrazo, la del diálogo, la del perdón. La luz de la esperanza.

El Nacional, 27 de diciembre de 2009