Parque Boyacá, un retazo del Ávila amurallado por edificios

El parque y la calle de su acceso abonan a la gloria de la Batalla de Boyacá, comandada de lado patriota por Simón Bolívar, el 7 de agosto de 1819, y fue una de las más importantes de la guerra de independencia de América del Sur. Y antes había honrada por Martín Tovar y Tovar, quien la representó en óleo en 1890.

Milagros Socorro

Entre una casa y un edificio. En una calle de la urbanización El Rosal, de esas que en los últimos tiempos han visto multiplicar su valor y llenarse de edificios suntuosos. Parece la entrada a un colegio: un pasaje encementado que se adentra en… qué será…. es algo imposible de atisbar desde la vía. Pero una vez traspuesto el portón, se ingresa a un lugar maravilloso, incrustado en medio de una rueda de torres. El primer impacto es tremendo.

En la calle Boyacá de El Rosal es difícil encontrar dónde estacionar. La vía es estrecha. Hay torres de residencias. La zona es muy transitada. Quedan pocas casas. Al lado de una de ellas hay una especie de camellón que interrumpe la sucesión de altas fachadas. Es como un mordisco en la calle. Es la entrada al Parque Boyacá. Pero, cómo puede haber un parque en un área de tan densa urbanización. Bueno, el caso es que lo hay. Y no es pequeño; es, de hecho, el más grande del municipio Chacao. Es grande y precioso. Es como un secreto. Un escenario de fantasía.

El 20 de marzo de este año, Emilio Graterón, alcalde de Chacao, inauguró el Parque Boyacá, una tregua de verdor y armonía en el centro financiero del municipio. Era la culminación de un proyecto iniciado por Leopoldo López, el anterior alcalde, una de cuyas primeras iniciativas como autoridad fue el rescate de esos terrenos, que eran de propiedad municipal y estaban convertidos, literalmente, en un pantano rodeado de asentamientos de invasión, lleno de basura, escombros, chatarra, y talleres mecánicos improvisados. Se necesitaba mucha inversión y mucho talento para convertir aquel erial en 5.200 metros cuadrado de terreno de parque, de los cuales2.700 m2son áreas verdes. La recuperación y construcción del nuevo espacio iba a tomar unos seis años.

A propósito de su inauguración. Leopoldo López declararía que: “Este parque es un homenaje a la constancia. Y un oasis en medio del cemento para quienes viven o trabajan en la zona”.

Esa hondonada pide un auditorio

En la entrada hay una pequeña plaza habitada por un rey: un samán. En la pared están claramente indicadas las normas de uso del parque. Al pasar la reja de resguardo hay una caseta de vigilancia con baño para personas con discapacidad. A partir de ese punto se extiende el prodigio. Es una topografía singular: son dos niveles separados por considerable altura y unidos por una caminería de un metro y medio de ancho, concebida para que los usuarios cuenten con una cinta sin obstáculos para el ejercicio físico. Las dos plataformas planas en las que se extiende el parque están conectadas mediante trampas y escaleras en diversos puntos del recorrido.

Además de la caseta de vigilancia al norte de la plaza de entrada, las edificaciones incluyen: una cafetería, que comenzará a funcionar cuando concluya el proceso de licitación para asignar su funcionamiento. Junto a la cafetería  están los baños públicos. En la plataforma baja, entre los dos tramos de caminería, hay tres terrazas con un espacio anexo techado; fueron diseñadas como áreas de usos múltiples, que ya son usadas por los cultores del tai chi y para fiestas infantiles. En la zona este del parque, en el talud entre las dos plataformas, se construyó anfiteatro con elementos de concreto dispuestos en la grama para servir como asientos.

El Parque Boyacá no es una iniciativa aislada ni mucho menos. Forma parte del Plan Maestro de Paisajismo del Municipio Chacao, orientado a desarrollar por etapas la planificación, diseño y programación de las obras de rehabilitación en el ámbito del paisaje urbano. Entre otros muchos proyectos, el Plan Maestro de Paisajismo contempla, según información aportada por la Alcaldía, “rescatar y restaurar plazas, parques y distribuidores, entre otros, para convertirlas en lugares de entretenimiento; convertir las calles ciegas en parques públicos, denominados de Bolsillo; reparar otras áreas para armonizar el equilibrio entre los espacios, en las urbanizaciones y sectores de Chacao; mejorar las aceras para que el peatón y los discapacitados circulen libremente; incrementar la iluminación; adecuar sistemas de drenajes; y construir muros o cercas de fondo para que la comunidad disfrute de espacios humanizados y seguros”.

Para instrumentar ese plan,la Alcaldíade Chacao tiene una Oficina Local de Planeamiento Urbano que ha logrado congregar un brillante equipo de arquitectos y urbanistas. Uno de ellos es el arquitecto Carlos Agell, formado enla Universidad Centralde Venezuela.

Agell estuvo entre los profesionales que diseñaron el Parque Boyacá. “Ese espacio”, explica, “se encuentra en lo que eran unos terrenos municipales que fueron invadidos por sus ‘cuidadores’, unas seis familias . Estamos hablando de unos terrenos de especial belleza , con una vegetación exuberante. La primera vez que lo vi me pareció increíble que todavía hubiera algo así en Caracas: era como un bosque, con muchas lianas y plantas parásitas. Era impresionante. Hubo que hacer una poda para que entrara luz al estrato de abajo, porque era un lugar umbrío. Hacia el este había un pantano de aguas negras. Originalmente, ese lugar era una acequia, un depósito de agua que venía del Ávila. Se almacenaba ahí, en estanques subterráneos de concreto; y esa era el agua que surtía a Las Mercedes. Pero esa acequia se convirtió en acopio de aguas servidas. Una de las primeras iniciativas que tomamos fue canalizar esas aguas negras hacia las cloacas de la ciudad. La parte buena fue que en el sitio quedó una depresión natural, una especie de hondonada que pedía a gritos ser convertida en un auditorio. Como soy músico aficionado, esbocé un pequeño auditorio en el que caben unas 40 personas sentadas y unas 100 de pie”.

El arquitecto Agell ha diseñado más de una docena de espacios públicos. Es un conocedor minucioso de Caracas y de la historia de sus plazas y parques. “En la primera época de la democracia venezolana”, dice, “los parques tenían un sentido distinto al que tiene hoy. Para empezar, no tenían diseño. La vegetación se sembraba de manera aleatoria. Solían ser cerrados y tenían poca iluminación. La verdad es que envejecieron muy mal. Nosotros, habitantes de la urbe contemporánea, decidimos que los parques debían tener un diseño más adaptado a la vida del caraqueño actual. Debían ofrecer caminería para hacer ejercicio. Pusimos sitios para que la gente se pudiera sentar a conversar. Y, muy importante, previmos que estuvieran iluminados de noche y sombreados de día”.

Pinta aquella orquídea

Uno de los aspectos sorprendentes del parque es la diferencia entre las dos plataformas que lo constituyen. “Efectivamente”, constata el arquitecto Carlos Agell, “hay una diferencia muy grande entre los terrenos al norte y al sur.

Todavía la vida hubo una comunicación entre la calle del Juan Sebastián Bar y el parque Boyacá. Eso no se ha habilitado ahora porque hay problemas de servicios que lo impiden. Pero las escaleras para comunicar las dos vías existen. Están ahí. Al lado de la caseta de vigilancia hay unas escaleras que dan a la placita del Hotel Boutique. Esas escaleras dan al camino mencionado. Al subirlas se llega a la placita pública hizo el hotel por indicaciones dela Alcaldía”.

Entre las previsiones sugeridas por las exigencias de la modernidad destaca, como dijo Agell, la iluminación. Es mucha. Y está operativa hasta las primeras horas de la noche, de manera que los ciudadanos puedan pasarse por ahí a hacer ejercicios después del trabajo y antes de regresar a casa. “Por seguridad”, dice Agell, “hicimos todo para que en la parte central no haya lugares donde se pueda ocultar nadie, sino que sea un área despejada donde los usuarios se pueden sentar o acostar con toda tranquilidad y sin aprensión de que pudiera haber alguien escondido por allí con intenciones aviesas”.

-Con el presupuesto del que disponíamos -continúa Agell- pusimos los mejores bancos posibles, las mejoras farolas y los mejores espacios para caminar. La vuelta para caminar tiene 300 y tantos metros, de forma que tres vueltas completan un kilómetro de marcha. En todos los parques que ha hechola Alcaldíade Chacao hemos tomado en cuenta una particularidad venezolana: hemos hecho construcciones techadas con facilidades para hacer piñatas. En éste, concretamente, hay tres kiosquitos con columpios cercanos entre sí para que los niños no se desperdiguen. En los parques infantiles de antes, los elementos de juego de los niños era una rueda, unos columpios, un tobogán… pero eran juegos que siempre estaban separados; a veces, incluso, bastante lejanos. Nosotros los hemos concentrado en una zona, de manera que las madres puedan vigilar a los niños.

“Todo es sentido común. Eso es lo que nos ha guiado. El Boyacá es el primer parque donde hemos hecho un cafetín por toda la regla. Los parques se descuidan cuando los usa poca gente. Una cafetería es otro atractivo para atraer visitantes y lograr que éstos se conviertan en guardianes de un espacio limpio y agradable”.

En una esquina, hacia el final del terreno, hay un lugar reservado para lo que será la escuela de jardinería y el vivero del Parque Boyacá. Agell sueña también con la posibilidad de comprar la casa vecina –que no pudo adquirirse por falta de fondos- para hacer allí una biblioteca y un salón de coincidencia para la comunidad.

En el presente, es un lugar insólito, que parece no haber tenido nunca un pasado distinto a ese vergel poblado de jabillos y bucares decorados de orquídeas y bromelias, cauchos donde se han instalado epífitas, mangos, mamones, diversidad de palmas, jardines alfombrados de grama san agustín, la más apta para dar cobertura y verdor fresco. Todo mimado por un sistema de riego automatizado para ahorrar agua.

Y como si hubiera poco verde, hay dos muros convertidos en inmensos pizarrones para que los niños pinten con tizas de colores.

Publicado en la Revista Clímax, julio de 2010

 

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