La disyuntiva Benavides / El Nacional 12 – 09 – 2010

La disyuntiva Benavides

Milagros Socorro

En un régimen caracterizado por los entaparados, el secretismo y la falta de veracidad en sus balances y anuncios, es de reconocer la franqueza del general Antonio Benavides, quien ha expresado sin ambages su idea del “destino final de los delincuentes: la cárcel o bajo tierra”. Por fin, una declaración oficial apegada a la realidad.
La oferta del general Benavides no prefigura lo que los trasgresores tienen en su futuro, sino lo que, de hecho, el gobierno ha ofrecido en más de una década no solo para los delincuentes en particular, sino para los jóvenes pobres, en general. La verdad es que la “revolución” no ha contemplado para los jóvenes más posibilidad que la moto china, la pistola y las parpadeantes misiones, siempre impuntuales y ahora en franco declive, ineficaces para paliar la miseria y, mucho más, para satisfacer las grandes expectativas de consumo, insufladas por un Estado rico, manirroto y demagógico. Por ese camino, muchos de esos muchachos de escasos recursos y nula atención por parte del Estado se ha visto emplazado a la disyuntiva que el comandante del Core 5 admite con toda crudeza: celda o tumba. Socialismo o muerte, pues.
Benavides ha mostrado un arrojo que no le conocíamos y que, francamente, no le atribuíamos, dado el temor que manifestó ante la muchacha armada… con un micrófono, que se acercó a él hace exactamente un año para recoger la perorata que el entonces coronel se lanzó, megáfono en mano y escoltado por guardias, para denigrar de la oposición venezolana y tratar de “payasos” a los trabajadores de Globovisión que estaban allí cubriendo la marcha de protesta contra la Ley Orgánica de Educación. En esa oportunidad, el oficial de la GN esperó la manifestación opositora con parlantes que tronaban canciones de Alí Primera y, siempre rodeado de soldados, barbotó un discurso de militante del partido de gobierno, sólo interrumpido por las advertencias, con el brazo estirado, a las reporteras, de que no se le acercaran.
En esta ocasión, Benavides no se mostró huidizo. Ofreció pena de muerte para quienes “andan desorientados, en malas andanzas, consumiendo drogas y cometiendo atracos”. Porque eso es lo que hay. A falta de liceos, espacios deportivas y empleos, lo que tiene la “revolución” para millones de jóvenes es la disyuntiva Benavides: cana o plomo.
Los datos del estudio de Pobreza, de la UCAB, arrojan que de cada 10 personas que inician el bachillerato, sólo cuatro lo terminan. Según cálculos de Mariano Herrera, director del Centro de Investigaciones Culturales y Educativas, CICE, 50% de los muchachos de 15 años, en Venezuela, están fuera de la educación. Por muchos motivos. Uno de los más resaltantes es la simple falta de liceos.
“Para el año 2007”, explica Nacarid Rodríguez, “calculábamos un déficit de 6.833 secciones en el 7° grado; actualmente, podemos decir que 18.306 escuelas ofrecen cursar hasta el 6°, pero sólo 11.144 tienen el primer año de secundaria. ¿Quiénes se quedan fuera? La respuesta es sencilla, aquellos cuyos padres no pueden pagar, aquellos que más necesitan ir a la escuela. Se requiere incorporar unos 850.000 niños y jóvenes entre 12 y 17 años”.
En 7º grado, dice Nacarid Rodríguez, además de la insatisfacción con la calidad de la educación oficial, los padres se enfrentan al problema de la escasez de cupos, debido a la falta de secciones para atender a los alumnos egresados del 6°. Las opciones son: ir a la escuela privada o quedarse fuera del sistema.
A esos padres que no pueden financiar la migración de sus hijos a las escuelas privadas, en procura de una enseñanza de calidad, de un calendario que cumpla los 180 días reglamentarios de actividades anuales, es a quienes el general Benavides recomienda que, si no quieren un desenlace fatal para sus hijos, “sáquenlos de ese mundo de la delincuencia”. Y con esto el Estado se desentiende de su principal problema: la falta de opciones para el recurso más importante que tiene Venezuela: sus jóvenes.
Por lo menos se acordaron de los representantes, detalle que no tuvieron el pasado 12 de abril, cuando se instalaron las guerrillas comunicacionales en tres liceos de Caracas, por orden de Chávez y bajo la dirección de la entonces ministra de Información, Tania Díaz; en presencia del entonces ministro de Educación, Héctor Navarro, y de la jefa de gobierno del Distrito Capital, Jaqueline Faría. Ningún padre fue consultado antes de usar a los liceístas como vector de violencia e instrumentos de propaganda al servicio del Presidente.

El Nacional, 12 de septiembre de 2010

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