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La medida es contra usted

Cada vez que una dependencia oficial convoca una rueda de prensa y no incluye a Globovisión o, peor, impide el acceso de sus reporteros, está cometiendo una violación al derecho de las audiencias a la información.

En los últimos días, cuando el país ha estado atento a los despachos noticiosos acerca del fenómeno natural convertido en calamidad, las autoridades se han permitido incurrir en un flagrante desprecio al derecho a la información de la comunidad: con todo descaro han ofrecido conferencias de prensas a las que Globovisión no ha sido llamado. Esto lo hacen funcionarios civiles y militares. Y el público se ha ido acostumbrando a ese escandaloso proceder como si fuera normal. No lo es. No es normal. No es legal. No es democrático. No atiende los preceptos de la Constitución vigente.
Ayer, 7 de diciembre de 2010, el gobierno venezolano anunció la confiscación del 20% de las acciones de Globovisión en una operación que, para mayor precisión, se podría calificar de chanchullo y de asalto a la legalidad. Los detalles, que exigen la intervención de abogados para su interpretación, dado lo oblicuo de la medida, están disponibles en Internet.
El pueblo venezolano, con independencia de su adscripción política o ideológica, debe comprender que nadie gana cuando el Estado se convierte en delincuente y violenta las leyes para complacer los dictámenes del Ejecutivo. Nadie gana. Y todos perdemos. Si alguien se ha llamado a engaño y tranquiliza su conciencia pensando que la apropiación indebida de una porción accionaria de Globovisión es desafuero que sólo afecta a unos ricachones o a unos intereses privados en particular, está muy equivocado.
Toda arbitrariedad contra la ley desmedra al colectivo. Y cada vez que un servidor público se atreve a entapujar información a la audiencia de un determinado medio de comunicación está quitándole a ésta su justo acceso al conocimiento de noticias y eventos, que la Constitución le consagra.
Ya vimos el jaez de la cadena audiovisual de ayer: publicidad engañosa con acento soviético. Eso también burla el derecho de las masas a saber qué está pasando, quién está el frente de los problemas que la afectan (si es que hay alguien verdaderamente a cargo y no haciendo el amago frente a las cámaras de documentalistas expertos en propaganda), cuál es la planificación que se ofrece como respuesta a la contingencia traumáticas… La verdad es que de esto sólo habla Globovisión. Y eso hay que encararlo.
Si a usted no le gusta o prefiere otra opción, cambie el canal. No permita que nadie le ponga una venda en los ojos. Porque exactamente eso es lo que hace un régimen autoritario cuando ha decidido convertirse en el tutor de usted y decidir qué perspectiva de la realidad es la que va a administrar.
No seamos ingenuos: el zarpazo contra Globovisión, en realidad, es contra usted.

Milagros Socorro

Editorial de Código Venezuela 8 – 12- 2010

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