Todas las brujerías se curaron con la vacuna… / Código Venezuela 11-1-2011

Todas las brujerías se curaron con la vacuna…

Las canciones de María Elena Walsh llegaron a Venezuela con las víctimas de las dictaduras del cono sur en los 70.

Milagros Socorro

En 1980 llegó a Maracaibo un antropólogo argentino. Venía huyendo de la represión ilegal desatada en su país por la tiranía militar. Venía con su familia. Su hija mayor, Marta, era música de formación y estupenda cantante.
En los primeros días, tras su llegada, Marta se ponía rígida y se le aceleraba la respiración si veía un uniformado cerca. Daba igual si era un guardia, un policía e incluso un boy scout. Esa fue tremenda: la crispación de la que fue presa cuando topó con un muchachito explorador interrumpiendo el tráfico para dar paso a unos escolares.
Marta, como muchos sureños que vinieron a Venezuela huyendo de las persecución de los “milicos”, cantaba las canciones infantiles de María Elena Walsh. Una auténtica belleza. Llenas de gracia y humor. Sin esa tontería de diminutivos y pendejadas que los malos compositores meten de matute en piezas supuestamente para niños. Es de su cosecha la tonada que narraba la historia de un médico, que llegó a una aldea castigada por los hechizos de un brujo malo, y corrigió los entuertos con la vacuna.
María Elena Walsh (Buenos Aires, 1930) murió ayer en su ciudad, a los 80 años. Poeta, escritora y música, hija de irlandés y de argentina descendiente, a su vez, de andaluces, escribió mas de 50 libros y publicó más de 20 discos (cuyas letras escribía e interpretaba). Muchos de ellos fueron canciones para niños, pero Walsh es la autora del inolvidable clásico “Como la cigarra”, que inmortalizó Mercedes Sosa: “tantas veces me mataron / tantas veces me morí / a mi propio entierro fui…”.
Walsh es la escritora que alguna vez afirmó: “La vida es muy triste sin diccionarios”. La militante de la libertad que, en 1978, en plena dictadura militar, dejó de cantar en público como una forma de protesta.
Su fallecimiento nos produce el doble dolor de su partida y de constatar que en Venezuela la conocimos por la solidaridad de nuestro país y de la democracia de entonces con los perseguidos del sur, mientras que a esta hora, cuando Insulza, secretario general de OEA, afirma que la Ley Habilitante (concedida por la legislatura saliente a Chávez para que impidiera la acción de la nueva Asamblea, a la que ha ingresado una vivificante representación demócrata), en fin, cuando Insulza dice que ya está bueno ya con los zarpazos autoritarios de Chávez, no ha encontrado la adhesión inmediata, contundente, decidida y tenaz de esos países que en los 70 contaron con nuestro apoyo.
En fin, salimos ganando. Conocimos y admitimos en nuestro corazón a María Elena Walsh. Cariño y perpetuidad a su memoria.

Código Venezuela, 11 – 01 – 2011

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