Remajunche comprobado / El Nacional 2.10.2011 oct05

Etiquetas

Noticias relacionadas

Compartir esto

Remajunche comprobado / El Nacional 2.10.2011

Los precandidatos que, según las mediciones hasta el momento, tienen más posibilidades de abanderar la opción democrática en 2012 tienen varias condiciones en común: son hombres, civiles, con formación universitaria, menores de 45 años, no están vinculados a partidos tradicionales, exudan salud y vigor físico, y se han labrado una posición de liderazgo mediante el ejercicio de mandatos locales exitosos.

Con excepción de la exclusividad masculina, es la marca de los tiempos. Los regímenes militares se sacuden en sus últimos estertores. El autodidactismo ha revelado las escandalosas lagunas que puede propiciar. La juventud (en términos de edad) es sinónimo de sintonía con las nuevas tecnologías, con el espíritu globalizador y con la prescindencia de viejos paradigmas, a la cabeza de los cuales se encuentran las nociones de derecha e izquierda, totalmente rebasadas por el reto planetario de acabar con la pobreza, un mandato de Naciones Unidas (y no de los catecismos ideológicos). En cuanto a la fortaleza física, es un aval indispensable en un país cuyas vías de comunicación han sido destrozadas por el régimen incapaz y corrupto de Chávez, inepto comprobado en las mil calamidades que se nos impone a los venezolanos. Sobre todo, a los más pobres.

Y aquí topamos con otra característica compartida. Los precandidatos de la Unidad Democrática que, al corte de hoy, aparecen en el tope de los sondeos, han decidido no enfrentar al autócrata ni enrostrarle sus errores y delitos. Todos andan en el plan de no tocar a Chávez ni con el pétalo de una rosa, al tiempo que se dejan insultar mansamente por el gorila.

Esta singular conducta deber haber sido aconsejada por los asesores electorales o algún fabricante de santones. No hay que ser uno de ellos para saber que la estrategia apunta a no molestar a los seguidores de Chávez que ya están hartos de sus estupideces y tropelías, pero que siguen abonados a su culto. Para ser presidente de Venezuela es preciso cortejar a aquellos sectores que saben que Chávez y sus cómplices han sido nefastos, que han destrozado el país, que han vuelto leña las instituciones, que han armado un aparato de corrupción sin precedentes (con la familia Chávez a la cabeza), que han pactado con todos los criminales del planeta, que han dispendiado los recursos de Venezuela en el extranjero… de esto están perfectamente conscientes los chavistas y los llamados ni-nis, devenidos pivote de la campaña y delicadas rosas a las que no se puede ofender.

Los precandidatos aluden a la inseguridad ciudadana, al desabastecimiento, la inflación, la angustiosa pérdida de valor adquisitivo del bolívar, en fin, a la desesperanza que vivimos, como si fueran floraciones espontáneas de la naturaleza o un sino que Venezuela debe pagar por dictámenes del destino. En ese guabineo han dejado a Antonio Ledezma solo en sus corajudos reclamos a Chávez. Ledezma no es partícipe de la idea de dejarlo solo en sus errores, “que se hunda en su propio lodazal”. Con esto no solo evidencia seriedad y valentía sino que no tiene rabo de paja.

No sé si es propio de candidatos, pero de seguro no es de hombres dejarse insultar; y menos por esta manifestación póstuma de una fase de la evolución.

Llegada este punto, permítanme los lectores de El Nacional que arrime el ascua a mi sardina. Este jueves mi cuenta de twitter fue intervenida por delincuentes cibernéticos. Esto ocurrió mientras seguía la rueda de prensa para dar fe de vida del convaleciente presidente.

Tras ver al ministro Izarra acusar, con voz histérica, a la periodista Andreína Flores de burlarse de la “investidura” de Chávez (en realidad el comentario se mofaba de la vestidura del propio Izarrita), observé que había que ser muy mediocre, muy cobarde y muy adulador para conducirse de esa manera. Y, ciertamente, el pequeño esbirro tiene estas dotes en grado sumo. Iba a escribir que aquella exhibición de estulticia era otra demostración del vacío de poder y de la estampida que se ha producido en la burocracia oficialista, de la que Izarra es emblema, cuando mis cuentas quedaron fuera de servicio.

Experimenté el gran alivio de no tener electores sino lectores. Eso me deja en el derecho y en el deber de echarles en cara, al remajunche y a su Mujiquita de a locha, su degradación y el breve remanente de su hegemonía. Será un placer reseñar su salida de la escena.

 

El Nacional, 2 – 10 – 2011