La falsa imparcialidad

Milagros Socorro 

La caricatura publicada por Edo, al día siguiente de la marcha de los universitarios, mostraba tres dinosaurios que en vez de cabeza tenían una pantalla de televisión, que, a su vez, no mostraban imágenes sino barras de color. “Esa marcha no pasó por aquí”, decía uno. “Ni por aquí”, confirmaba el otro. “Menos por aquí”.

El amargo chiste de Edo aludía al vacío que de la marcha hicieron las televisoras, las cuales optaron por fingir que nada estaba pasando o, quizá peor, un simulacro de imparcialidad que consistió en dividir su cobertura entre la protesta de calle de los universitarios y la contramarcha montada por el Gobierno. Era, a todas luces , una estratagema para acatar las instrucciones del régimen de “enfriar la calle”.

El silenciamiento fue presentado como una operación de “objetividad periodística”, con base en una parcialidad tramposa basada en omitir la exposición de los hechos en su contexto (esto es, que la marcha era parte de una serie de reclamos expresada en el cese de actividades acordado por 18 universidades nacionales, agrupadas en la FAPUV, Federación de Asociaciones de Profesores Universitarios de Venezuela, donde se adscriben más de 40 mil docentes) e ir directamente al enjuiciamiento de la protesta, a través de descalificaciones por parte de los voceros oficialistas.

No es imparcial ocultar la vista aérea de la marcha, imagen que ha sido tradicional en Globovisión, por ejemplo. Esta negligencia no es aislada: esta planta ha dejado de hacer transmisiones en vivo desde la calle o desde donde se esté produciendo la noticia, en beneficio de notas revisadas y quién sabe si filtradas por el lápiz rojo que toda dictadura venezolana trae en el morral.

Separar los hechos de su evaluación crítica no es imparcial, es faltar al deber periodístico. Si no se incluye entre los datos que, además de la docencia, la universidad tiene el mandato de producir conocimiento y apoyar a las comunidades con sus labores de extensión; y que al serle disminuidos los recursos, esas misiones no se pueden cumplir, se adultera la verdad. Es mentir abiertamente si no se informa de que, como ha dicho Jorge Palencia, rector de LUZ, la debacle de la institución, es “provocada por años de desatención, es producto de un presupuesto completamente insuficiente y un mecanismo de entrega (de recursos adicionales) pernicioso, que hace imposible el manejo eficiente de la administración universitaria. Y si eso no cambia, el deterioro será imparable. Si el Gobierno cumpliera con su responsabilidad, los universitarios no estarían en la calle”.

Y es degradar la opinión pública que, en el momento en que la manifestación se desplegaba por la avenida Victoria, en vez de mencionar que esa gente estaba allí porque, como establece el informe presentado por el Dr. Javier González-Estévez, UNET, San Cristóbal, Táchira: En 1983, un Profesor en la categoría Instructor podía cubrir el costo de la canasta básica, (su sueldo era equivalente a 2,5 canastas básicas), y el del Profesor Titular cubría 5,2 veces ese monto. Mientras que en 2013, el sueldo, sumado al bono de alimentación, de un Instructor no es suficiente para la canasta alimentaria (es de apenas 0,7), lo que emplaza a ese docente en la pobreza, “situación nunca registrada en la historia universitaria venezolana”. Pero no. Lo que sí estaba era un vociferante con gomina, un tal Robert Serra, cuyo discurso evidencia que dedica a su peinado muchas más horas de las que ha tributado en toda su vida al estudio. Cualquier periodista sabe muy bien el peso que tiene la selección de las fuentes (y la exclusión de otras).

Para cubrirse con un velo de objetividad, alguna televisora informó de la presencia de líderes de oposición en la marcha. Pero se cuidaron muy bien de explicar que esa comparecencia marcaba un hito en el actual conflicto universitario, hasta ese momento desmarcado de la política extramuros. Acallaron los hechos y faltaron al deber del oficio. La universidad había recibido el apoyo de la sociedad, representado en figuras que hace unos pocos meses obtuvieron inmensa votación, pese a los abusos conocidos.

Eso es noticia. Como también lo es que las bibliotecas están desactualizadas, los laboratorios sin insumos. Que hay cursos de 80 y hasta cien estudiantes. Que la democracia sufre un agravio más cuando traicionamos lo que aprendimos en las aulas.

 

Publicado en El Carabobeño, el 3 de julio de 2013

 

 

 

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