Complaciente

Complaciente

Milagros Socorro

Que la sombra del fracaso se alarga hasta cubrir a Henrique Capriles y Primero Justicia es el lugar común de los análisis de las elecciones municipales del domingo 8. Prácticamente no hay quien no enfatice el yerro que supuso plantear los comicios locales en términos de un referéndum donde los votantes no solo elegirían las autoridades de sus ayuntamientos, sino que volverían sobre los pasos del 14 de abril para remachar su apoyo a Capriles y al Unidad Democrática en grado tal que superara a Maduro, dejándolo desnudo en su ilegitimidad.

Esto no ocurrió. La coalición democrática no logró movilizar a los votantes ni siquiera en cifra similar a la de la víspera. Y ello ha conducido a los observadores no solo a concluir que la propuesta plebiscitaria fracasó, sino que Maduro se zafó de la chapa de la ilegitimidad.

No se toma en cuenta que la falsificación de Maduro no proviene únicamente de la escueta diferencia con que el CNE lo dio como ganador (después de hacerse el desentendido con la inmensa cantidad de irregularidades que viciaron el proceso comicial y el ventajismo del PSUV, casi tan grotesco como el verificado en esta ocasión). El otro factor de bastardía era el lugar de nacimiento de Maduro y su verdadera nacionalidad.

Concuerdo con quienes han dicho que el asunto de la nacionalidad de Maduro no es lo medular, puesto que una persona nacida en otro país y trasladada a este antes de los 5 años es venezolana de nacimiento. Pero ese no el punto. Lo fundamental es el desprecio de Maduro a lo establecido por la Constitución. A la fecha, Maduro no le ha dicho al país la verdad sobre el lugar de su nacimiento, mientras varios voceros del régimen han apuntado a lugares diferentes. Esto sería un asunto baladí si la Constitución nacional no estableciera parámetros muy concretos al respecto. Una precisión que Maduro y su partido desconocen de manera flagrante.

El régimen y su principal líder le han mentido al país y se han burlado de la Constitución, que es quien lo emplaza a ser claro en punto a su origen nacional.

Y la sociedad les ha tolerado esto como si fuera uno más de sus chistes toscos y machistas. De hecho, ningún análisis de los resultados de las elecciones apunta a observar la cantidad de atropellos, delitos y francas crueldades que el electorado premió. Ciertamente, el liderazgo democrático se muestra siempre indulgente con las masas cuyos desvaríos no tiene el coraje de señalar.

Las masas se muestran complacientes, por ejemplo, frente a los constantes vejámenes y amenazas de Diosdado Cabello, convertido, ante el país bobalicón y acobardado en presencia del energúmeno; al molinillo que degradó las instituciones; a la ultrajante presencia de extranjeros en asuntos axiales de la república; al despojo de competencias del que fue objeto el alcalde Antonio Ledezma, elegido por votos de venezolanos; a la imposición de gobiernos paralelos, con enormes presupuestos sin escrutinio. Y, si esto fuera poco, es evidente que, como ha escrito Alfredo Meza, “parte del buen resultado obtenido por el Gobierno obedece a la simpatía con la que se apreció la confiscación y remate de mercancías”.

No hay un solo desglose de estas elecciones que cuestione, aunque sea de pasada,  la banalidad de la ciudadanía, como si fueran menores de edad o tarados sin raciocinio de quienes no cabe esperar un mínimo de responsabilidad.

Días antes del evento comicial, Globovisión transmitió una “entrevista” entre Vladimir Villegas y Nicolás Maduro durante la cual salió al aire un intercambio que no estaba supuesto a ser difundido. Villegas le preguntaba al poderoso si le parecía que la entrevista iba bien; y Maduro lo hizo objeto de la mayor humillación concebible para este gremio al decirle que “estaba muy complaciente”.

Quedó en evidencia que aquello era un timo. Una representación urdida para estafar a las audiencias. Para engañarlas. Nunca hubo tal entrevista (que es el diálogo profesional mediante el cual un periodista interroga a un determinado vocero para recabar información útil a las audiencias) sino un show vergonzante planificado para embaucar a los televidentes en la víspera de unas elecciones.

Estamos, pues, constreñidos por una cadena de anuencias, en la que deben estar entrampados también los empresarios y comerciantes que no se han defendido de las persecuciones del régimen y de la terrible campaña de descalificación de que este los ha hecho objeto.

A no dudarlo, Capriles y PJ pagarán sus errores. Ruego por que los de la sociedad venezolana, que de tanta dispensa ha gozado, no nos cueste sangre, sudor y lágrimas antes de que se hayan deshilachado los afiches con que los perdedores tapizaron a Venezuela.

 

Publicado en El Carabobeño, el 11 de diciembre de 2013

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *