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“Vine a ver a la reina”

Milagros Socorro

Los dos ataúdes fueron puestos muy cerca uno del otro. A una distancia que apenas permite el paso de una persona a la vez. El esposo de Mónica Spear, Thomas Berry, se ve guapo y más joven de lo que era (39 años), parece un Romeo adormecido por efecto de un narcótico. Es rubio y delgado; aún así, inmóvil, luce atlético y como listo para emprender una larga y exigente aventura.

Los periodistas de Espectáculos dicen que Thomas Berry, hijo de un profesor de Matemáticas de la Universidad Simón Bolívar, era dueño de una agencia de turismo de aventuras. Ha emprendido su viaje a la eternidad con una camisa de algodón de colores claros y lleva un curioso color de cuentas redondas, rematado al frente por una semilla redonda y negra, del tamaño de una moneda de 25 centavos de dólar. Es lo que en Venezuela llamamos una “pepa de zamuro”, una especie de talismán para que nos libre de todo mal.

A su lado, en el ataúd, está Miss Venezuela 2004. La hermosa muchacha yace como dormida (es lo que todo el mundo comenta). Su belleza intacta. La han maquillado como para salir a escena. Tiene los labios muy rojos y las mejillas sonrosadas. Parece que se hubiera recostado un rato antes de salir a una fiesta o a grabar una escena de una telenovela. Nada indica que su juventud, talento y prometedor porvenir ha sido malogrado por la violencia.

Para su cita con la inmortalidad la han arreglado con colores muy vivos, en tonos de rosas y rojos. Lleva una flor de tela fucsia en la cabeza, muy cerca de la frente. El adorno vibra en contraste con el cabello oscuro de la muchacha muerta.

Tiene un top rosado con rayas púrpura muy ceñido al pecho y al estrecho talle; y, encima le han puesto una chaquetilla ligera como para protegerla de la fresca brisa que hacía hoy en Caracas.

En la funeraria del Cementerio del Este, todavía adornada con flores de navidad, centenares de personas humildes hacen fila para inclinarse sobre los vidrios de los ataúdes y expresar el dolor que han producido sus asesinatos.

Las familias de los dos jóvenes han sido muy generosos. Han permitido que los admiradores de la estrella asesinada entren a la capilla velatoria y se acerquen a ellos. Incluso, pospusieron la hora del entierro (prevista para las 11 de la mañana y fijada luego para las 2 de la tarde) de manera que nadie se quedara sin entrar.

Y la gente no paraba de llegar. Con flores. Con lágrimas. Con comentarios de admiración hacia Mónica Spear y de condena a la espantosa situación de inseguridad ciudadana que se vive en Venezuela, donde el año pasado el hampa cobró 25 mil vidas, y que en esta ocasión segó la vida de una muchacha conocida y respetada por su trabajo como actriz y por su conducta ciudadana.

Los Spear son cristianos evangélicos. El servicio religioso se hizo a puertas cerradas y con muchos cantos que se escuchaban desde afuera.

Es espléndido el día del entierro de la muchacha que en 2004 representara a Venezuela en el concurso de Miss Universe (donde estuvo a punto de alzarse con la corona, puesto que quedó de cuarta finalista). Hace un sol precioso y el cielo está despejado. Sin nubes. La temperatura es agradable. Pero no hay risas. La gente llega en grandes grupos que rápidamente se alinea en la cola para entrar a la capilla.

Entre los asistentes se escuchan testimonios estremecedores. A mi lado está Angela Ruiz, de 65 años. Se la ve angustiada y llorosa. Me dice que está allí porque todas las semanas va al cementerio a llevarle flores a su hija, también asesinada hace 7 meses.

“Hoy vine, como todos los viernes, a visitar a mi hija. Y me quedé para dejarle esta flor a la reina”.

La hija de Angela tenía 39 años cuando la mataron en un atraco a un supermercado, en mayo de 2013. Se llamaba Marcia, como Marcia Piazza, Miss Venezuela 1969.

“Quiero darle el pésame a la mamá de Mónica, porque sé lo que está sufriendo. Sé que ella como estoy yo. Destrozada. Sin consuelo”, dice Angela sin contener las lágrimas.

Ya en el interior de la funeraria, pero fuera de la capilla, hay un grupo de periodistas. Se ven igual de consternados. Una reportera me cuenta que Mónica había terminado su  contrato con Telemundo y que después de grabar la telenovela “Pasión prohibida” estaba pasando unos meses en Caracas, donde asistía a clases de baile flamenco y desde donde salía con frecuencia en viajes al interior del país (que están documentados en su cuenta de twitter @MonicaSpear).

Al parecer, estaba considerando seriamente actuar en una película cuyo guión había leído con interés.

La gente menciona en susurros a Maya, la hija de la pareja asesinada, que viajaba con ellos en el automóvil cuando fueron sorprendidos por los criminales. La figura de la pequeña, envuelta en sombras y alcanzada por una bala que se incrustó en su muslo, arranca suspiros a los venezolanos. Se la nombra con un respeto reverencial. Le llueven bendiciones.

Pasado el mediodía, todavía hay gente en cola esperando para dar un tributo de cariño a quien, mientras estudiaba Arte Dramático trabajara por horas haciendo de princesa en los parques de Universal Studio en Florida.

Pero ya es hora de llevarla a donde reposará por siempre. Cuando los féretros salen de la capilla, la multitud que espera silenciosa prorrumpe en aplausos y gritos roncos de llanto: ¡Viva Mónica!

 

Publicado en Mamás Latinas, el 10 de enero de 2013

 

 

 

 

 

 

2 comentarios en ““Vine a ver a la reina”

  1. Sra. Milagros Socorro, es tanta la tristeza que sentí con todo lo ocurrido a Monica, esposo e hija, que aùn estoy consternada. He llorado tanto por esta lamentable tragedia, que es difícil que no piense en mi hija de 22 años, abogada y que sale a trabajar todos los días,dejo el corazón en rezos y peticiones para que Dios y la Virgen me la protejas de todo mal. Estoy llena de rabia, impotencia y amargura, por tantas cosas que suceden en mi hermoso país que no sè hasta cuando podemos aguantar. La felicito por sus publicaciones tan explicativas (al leerlas, pareciera que uno estuviese viendo la totalidad de la descripción) serè su leal lectora. Gracias por sus palabras tan acertadas.

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