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Ignacio Ramonet

“La soberbia mediática es tan peligrosa como la política”

Milagros Socorro

-Fogade, la institución que lo ha invitado, carece de relevancia en el campo del pensamiento. ¿Le sorprende esta invitación?

-Fogade, institución que no conocía, me invitó a principios de enero de este año para participar un ciclo de conferencias organizado con motivo de su aniversario. No me sorprendió que la invitación proviniera de una institución de tipo financiero económico porque como una de mis preocupaciones es la crítica de la globalización, muchas instituciones financieras, hasta bancarias, me invitan.

-¿Conoce usted la trayectoria de Fogade?

-No. Acepté la invitación porque me pareció que no era un ministerio… sé que está relacionada con el Estado, pero no me pareció directamente ligada al gobierno.

-En sus declaraciones en Venezuela usted ha insistido en que el gobierno del presidente Chávez se encamina hacia el socialismo.

-No es que se encamina… he dicho que aquí se está viviendo lo que, desde el exterior, se puede definir como una experiencia de socialismo democrático.

-¿Podría mencionar qué rasgos lo llevan a esa conclusión?

-La preocupación expresada por el gobierno, inscrita en la Constitución, de mejorar la situación de los desheredados en este país; de corregir las injusticias y las desigualdades que pueden existir; desde el plano cultural, desarrollar la escolarización; desde el plano rural, adelantar una tentativa de reforma agraria; con respecto a los excluidos de las ciudades, facilitar el microcrédito. En fin, una serie de proyectos que se están llevando a cabo y que no se pueden definir de otra manera más que como socialismo democrático o social democracia.

-Si está informado sobre Venezuela, sabrá que el actual gobierno adelanta una política económica neoliberal. ¿Cómo compatibiliza usted ese rasgo con la existencia de una revolución socialista?

-No he hablado de revolución. Aquí se habla de revolución bolivariana, una expresión muy local, pero yo hablo de un proyecto de socialismo democrático. No me parece que haya contradicción entre una política económica realista, que pueden conducir las autoridades en el marco de la realidad mundial actual, cuando priva la globalización, y el socialismo. Las instituciones que están gobernando al mundo son los organismos financieros… no creo que haya que exigirle a un gobierno serio, responsable, que rompa con esa lógica sin disponer de soluciones de sustitución. Aquí se trata de llevar a cabo una compatibilidad entre una política que está en adecuación con el movimiento internacional sin que las consecuencias sociales internas de esa política sean las que se han producido en Argentina o en Perú. Este es el sentido de lo que está haciendo el gobierno actual; y yo creo que algunos venezolanos no se están dando cuenta de esto.

-Quizá porque en tres años de gobierno no se evidencia ningún tipo de beneficio popular y, por el contrario, los signos de deterioro económico anteriores a este gobierno no sólo persisten sino que se han acentuado, como ocurre con la pobreza, el desempleo y la economía informal, en un contexto de bonanza petrolera

-Desconozco esas cifras y no tengo cifras diferentes… lo que le estoy describiendo es una estructura general. El gobierno está tratando de construir una política que, respetando las libertades económicas principales y los compromisos económicos internacionales, evite que las consecuencias sociales de la globalización sea el aumento de los excluidos, como ha ocurrido en la mayoría de los países del sur. El objetivo de la política que, por lo menos teóricamente se avanza en Venezuela es ése.

-Admite que hay una brecha entre el discurso que el gobierno postula y sus acciones.

-Es posible. No tengo una experiencia concreta de eso.

-En la edición de Tal Cual del jueves aparece una nota…

-Sí, lo he leído.

Y, en referencia al reportaje publicado en Liberación, el 15 de febrero, donde el periodista Phillip Lançon reseña la conferencia que usted dictara en La Habana, al lado de Fidel Castro, Tal Cual se pregunta cómo es posible que usted hable de libertad de prensa y señale los muy visibles defectos de la prensa en el mundo capitalista, justamente en el país de la prensa única.

-Si usted alude a Tal Cual como una referencia seria, terminamos la conversación al instante. El texto que usted cita me ha agredido con insultos étnicos, lo que me parece absolutamente escandaloso. No la oigo denunciar eso. Se me insulta por ser gallego. ¿Usted cree que eso es legítimo? ¿Usted cree que es normal que se me insultase por ser judío o negro? Yo no hablé de la libertad de expresión en Cuba. No tiene ninguna referencia usted. ¿Usted ha verificado de qué hablé en Cuba?

-He verificado, con el trabajo de Lançon…

-El trabajo de Lançon está lleno de errores. Y he publicado en Le Monde Diplomatique, hace diez días, una página refutando los errores de Lançon. Y no hablé de periodismo en Cuba, hice la presentación de mi libro Propagandas silenciosas, un análisis de la cultura de masas, que explica los mecanismos de intoxicación de las mentes en todos los países, de derecha y de izquierda. Hice el elogio de la democracia y del mercado, lo que Lançon no ha dicho. Y ese texto agresivo no se puede ni citar, porque si usted considera que eso es periodismo le aseguro que no tenemos la misma concepción del periodismo. He dado muchas conferencias en Cuba y he aludido al periodismo de reverencia que allí se hace.

-¿Se ha referido usted en esas conferencias a las cadenas que hace Fidel Castro, práctica imitada por el presidente Chávez, la última de cuyas alcuciones duró seis horas?

-¿En todos los canales?

-Y todas las emisoras de radio.

-No sabía eso. En Cuba todo el mundo sabe que la información está controlada, de eso no cabe duda. Yo no voy a ir a hablar en Cuba de cómo funciona la información allí, eso es absurdo; primero, porque no lo sé, no tengo una experiencia, para eso hay que vivir allí. Pero hablo de cómo debe funcionar la información en cualquier país y al decir eso, el público inteligente entiende de qué estoy hablando.

-¿Qué opina de las cadenas del presidente Chávez?

-No sabía que sus intervenciones salían en todas las plantas de televisión.

-¿Y qué le parece esta práctica?

-¿La legislación lo permite? Si la legislación lo permite es legal.

-A usted, como estudioso, ¿qué le parece?

-Este país es democrático. El señor Chávez ha sido elegido democráticamente sí o no.

-¿Cuántas veces ha visto usted, en Francia, que un gobernante acapare los medios audiovisuales para difundir mensajes de más de cinco minutos?

-En Francia, desde 1945 hasta 1983, las televisoras eran del gobierno. Y los únicos que se expresaban en la televisión eran los gobernantes, no la oposición. Miterrand, que estuvo en la oposición y que ganó las elecciones en el 81, se presentó a las elecciones del 65, y sólo hasta ese año ningún francés lo había visto en televisión. Y Francia era una gran democracia.

-¿Preguntó, en el canal del Estado venezolano, si allí aparece la oposición? En los canales comerciales sí aparecen los voceros oficiales.

-No he hecho una encuesta sobre eso. No soy un especialista en los medios venezolanos.

-Me parece que usted defiende un gobierno que no conoce.

-Probablemente. Pero no estoy defendiendo al gobierno, usted se equivoca.

-Usted ha dicho que en Venezuela hay una campaña contra el presidente “que no tiene argumentos”.

-Es una campaña escandalosa.

-Usted dice que los medios no tienen argumentos críticos contra Chávez, le puedo recitar de corrido por lo menos diez.

-En Venezuela que hay canales que de la noche a la mañana hablan contra el gobierno. Ayer vi una mesa redonda en la que participaban seis personas y no había ni uno que diera el punto de vista del gobierno. Eso no me parece muy objetivo.

-Muchos productores de espacios televisivos se quejan de que no encuentran voceros oficiales que vayan a defender la gestión del gobierno en los medios. Parece que hay que invitarlos de afuera.

-En la Universidad Central lo dije: no voy a presentar un análisis de la situación venezolana. Doy una impresión. Yo llevo aquí menos de 48 horas. Y le reprocho a los periodistas que a 24 horas de estar en este país me exijan un análisis de lo que está pasando. No quiero hacer eso. Ni quiero ser enrolado de un lado o del otro.

-Cuando afirma que aquí hay una campaña mediática, tiene que saber de qué está hablando. Y cuando agrega que “no tiene argumentos”, está apoyando al gobierno.

-Pero, por favor, ¿usted vio la primera plana del Universal, donde dice que viene una comisión de la OEA a observar la prensa? Pero si aquí toda la prensa critica al gobierno. Si hay que buscar con lupa los medios gubernamentales. ¿Dónde están las limitaciones a la libertad de prensa? ¿Por qué los medios han asumido ser la oposición? ¿Es normal que un director de periódico sea el jefe de la oposición?

-Los medios han asumido ese rol para servir de contrapeso al poder omnímodo del presidente. La democracia venezolana, que usted afirma ser muy legítima, no tiene contrapesos.

-Está el contrapeso mediático.

-Porque se ha tenido que producir un polo de contrapeso al presidente.

-Eso es muy legítimo Es normal que los medios hagan contrapeso al poder político, no que se constituyan en la oposición, que es otra cosa. El problema es que aquí los medios no distinguen entre su papel crítico, legítimo, del gobierno… todo gobierno que asume una responsabilidad en el marco democrático de gobernar se expone a ser criticado y tiene que aceptarlo.

-Este no lo acepta.

-Tiene que aceptarlo.

– Dígaselo a su amigo.

-Pero si esa función es legítima, lo que deja de serlo es asumir el rol político de la oposición. Y ese desliz aquí se practica sin ningún problema. En una democracia moderna, como es Venezuela, el poder nunca está concentrado en un lugar. El poder político lo tienen el gobierno y la oposición. Los medios tienen poder mediático y los empresarios tienen poder económico… en fin, el poder debe estar repartido y es legítimo que haya debate entre ellos. Pero, ¿por qué negarle al gobierno su capacidad de gobernar?, ¿por qué desacreditarlo constantemente? Eso provoca irritación y es normal que parte de la población esté irritada contra los medios.

-El papel de los intelectuales debe ser de vigilancia del poder. ¿Cómo cree usted que es percibida su posición por los intelectuales venezolanos?

-Los intelectuales venezolanos deberían darse cuenta de que tener una actitud crítica frente al poder supone también tenerla frente al poder mediático. La soberbia mediática es tan peligrosa como la soberbia política. Los medios, no sólo aquí sino en muchos países, tienen una arrogancia que los lleva a creer que pueden dominar al poder político. Y aquí el poder político tiene legitimidad democrática porque ha sido elegido, el mediático no.

-El poder político puede perder legitimidad con sus acciones antidemocráticas.

-Se espera a las próximas elecciones y se derrota, pero no se clama al golpe de Estado.

Más que armonioso

Insistente en negar que su presencia en Venezuela estuviera relacionada con la falsa entrevista suya que publicara una revista virtual local y que fuera citada íntegramente por El Nacional, Ignacio Ramonet, (nacido en Pontevedra, Galicia, 1943, y criado en Tánger) permaneció en este país por dos días, en los que pronunció una conferencia en el marco de la celebración del aniversario de Fogade, otra en la Universidad Central de Venezuela, concedió entrevistas para el canal del Estado, tuvo un encuentro privado con el presidente Chávez y accedió, con la amabilidad que lo caracteriza –y que es tópico recurrente en las reseñas de los reporteros que lo entrevistan-, a conversar con este diario. Sin embargo, a lo largo del diálogo, Ramonet, doctor en Semiología e Historia de la Cultura y director de la publicación mensual Le Monde Diplomatique, mostró un talante algo distinto al de “su presencia armoniosa”, “de hablar pausado y expresiones sencillas”, como coinciden los periodistas que lo han interrogado en todo el mundo. Y no porque haya sido descortés o menos armonioso en esta ocasión, sino porque este intelectual, antiguo alumno de Christian Metz y Roland Bartes, puede demostrar, con mucha fogosidad que tiene sangre en las venas y que defiende sus puntos de vista con una pasión que lo hace aún más interesante.

Y él mismo debe estar consciente del excepcional ánimo con que acudió a esta cita porque al finalizar la conversación envió a alguien para solicitar una copia de la grabación donde quedó registrada. Como la respuesta fue negativa, quede pues constancia, casi literal, del debate periodístico sostenido con tan respetable figura de las ideas del mundo.

Publicada en El Nacional, el 07 de abril de 2002

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