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El cine según… Raúl Stolk @raulstolk

MILAGROS SOCORRO.- Raúl Stolk es escritor venezolano. Narrador, cronista, periodista, abogado.

­–¿Qué estrella de cine persiste en su admiración desde su infancia?

Gregory Peck, que no es una estrella de cine de mi infancia, pero desde muy temprano lo tuve presente por su papel del abogado Atticus Finch en “Matar a un Ruiseñor”. Siempre fue mi referente del hombre justo. Hoy admiro más su rol de padre y la relación con su hija, Scout. Pero Atticus es un personaje ficticio que escribió Harper Lee. Ahora, estrella de cine a quien admire, Tom Hanks. Quizás porque da la impresión de que después de los premios, Spielberg, y los millones de dólares, llega a su casa, y le dan lata porque tiene una semana que no cambia el bombillo que se quemó en el patio.

¿Qué clásico del cine tiene ganada una reputación injusta?

–Yo necesito que alguien me explique por qué “Ciudadano Kane” es el Big Bang del cine. [ojo, comentario 100% libre de sarcasmo, a Orson Welles lo admiro como personaje y como precursor del trolleo moderno].

¿Cuál es la película que ha visto el mayor número de veces?

–Por elección propia: “Buenos Muchachos”, de Scorsese, “El Quinto Elemento”, de Luc Besson, y “Punto de Quiebra”, de Kathryn Bigelow. Y por malas tretas del Universo, una tortura china llamada “27 Vestidos”.

–¿Cuál es el mal actor (o mala actriz) cuyas interpretaciones usted, sin embargo, disfruta?

–Harrison Ford, porque interpreta a dos de mis personajes preferidos del cine hollywoodense. Es muy malo, pero se le quiere como a un tío cascarrabias.

–¿Cuál fue la última película cuya proyección abandonó antes de finalizar?

–Son muy pocas. Pero la última que me derrotó fue “Melancolía”, de Lars von Trier. Hace unos años me habría parecido increíble.

–¿Qué es lo que en verdad no soporta en una película?

–Las fórmulas -que entiendo hasta cierto punto son inevitables- y esta nueva maña de rehacer todo lo que ya se había hecho bien (e incluso no tan bien). Por ejemplo, “Ocean’s Eleven”, de Steven Soderbergh. Frank Sinatra y Dean Martin estuvieron borrachos durante casi todo el rodaje de la original. No había guión. Se grabó en un par de días. Y el resultado fue bastante más pícaro e ingenioso que las tres superproducciones (que además atienden a una misma fórmula) de Soderbergh. Si quería recrear aquello, mejor le hubiese quedado darle rienda suelta a Clooney y la pandilla en las Vegas.

Entiendo que el poso de las ideas se seque. He visto a varios cineastas hablar de un número finito de argumentos. Pero lo que estamos viendo es ridículo. De ahí que la televisión se haya puesto más interesante que el cine, cosa que algunos años atrás no hubiera imaginado, especialmente con la epidemia de reality shows a finales de la década pasada.

Por ahí viene el remake de “Punto de Quiebra”. Edgar Ramírez tiene una responsabilidad paquidérmica al reinterpretar al Bodhi de Patrick Swayze. Lo estamos vigilando.

­¿Ha copiado alguna vez un modelo de vestido, un peinado, un gesto o una actitud de algún actor o actriz?

–Siempre me han dicho que tengo las patillas de John Travolta. Pero no es a propósito. Lo que sí fue adrede, lamentablemente, es que en algún momento, cuando Travolta resurgió gracias a Tarantino en “Pulp Fiction”, empecé a copiar su forma de fumar. No sé por qué lo hice, fue algo que simplemente pasó y terminó degenerando en una especie de soplido forzado y vulgarmente sonoro. Verme fumar es una experiencia desagradable, pero hilarante. Afortunadamente el vicio lo reduje, y rara vez doy el espectáculo.

–¿Cuál es la película con la que más ha llorado?

–“Cinema Paradiso”, de Tornatore. Pero aquí debo hacer una salvedad que es fundamental. A Tornatore le hicieron lo mismo que el padre Adelfio mandaba a hacer con las películas del pueblito del joven Toto: le picotearon todas las escenas emocionantes para hacer una película más corta, que fuera fácil de vender en occidente. El resultado es una porquería insípida. Para la lágrima providencial hay que ver la versión larga, así como hizo Toto —ya viejo— en la última escena, cuando vio la cinta de recortes que le había dejado su amigo en compensación por una terrible traición.

–¿Cuál es la película que más lo ha hecho reír?

–Mel Brooks (88) es un maestro y casi todo lo que ha hecho es de una genialidad estratosférica. Pero voy a mencionar lo único que realmente podría corresponder a mi generación: “Robin Hood Hombres en Leggins” (o algo así). Quizás no sea la película que más duro me ha hecho reír, pero sí el mayor número de veces. Además, es el único Robin Hood con verdadero acento británico.

–¿Cuál es la peor película que ha visto en su vida?

–Iba a decir “Bolívar El Hombre de las Dificultades”, cuyo casting no cuestiono, pero cuya calidad es nivel “Twilight”. Y luego recordé otra película que en una ocasión transmitieron varios medios de comunicación en cadena. Se llama “Insurrección Libertaria”, es algo así como un viaje triposo de Cheech Marin y Tommy Chong por la gesta independentista.

–¿Se ha enamorado alguna vez de un actor o actriz?

–Keira Knightley y Nathalie Portman me desencajaban en una época. Me parecía que evocaban el estilacho de Audrey Hepburn. Para mi vida, afortunadamente, me conseguí una con la avasallante personalidad de la otra Hepburn (Kate).

–¿Qué parlamento de película suele citar en sus conversaciones?

–A Aaron Sorkin le gusta el cliché, y tiene su propia línea de lugares comunes —o Sorkinismos— que aparecen en todos sus guiones. Pero últimamente me he encontrado citando la historia del Maestro Zen —narrada por Philip Seymour Hoffman— en Charlie Wilson’s War.

Va más o menos así:

Era el cumpleaños de un niño, cumplía 14 años, y le dieron un caballo. Todo el pueblo dijo: “¡Qué maravilla! El niño tiene un caballo”. Y el maestro Zen dijo: “Ya veremos”.

Dos años después, cabalgando, el niño se cayó del caballo y se rompió la pierna. El pueblo dijo, “¡Qué mala suerte! El niño cayó del caballo.”, y el maestro Zen dijo: “Ya veremos”.

Luego se desató una guerra, y todo el mundo fue a pelear. Y él no fue porque su pierna estaba destrozada. Y todo el pueblo dijo, “¡Qué suerte!”. Y el maestro Zen dijo… Ya veremos.

Para mí, describe al pelo la dinámica de improvisación en la política venezolana el último par de años.

–¿Quiénes son la actriz y el actor que más admira en la actualidad?

–Cuando pensaba que Al Pacino era mi actor predilecto, en “Perfume de Mujer”, me topé por primera vez con Philip Seymour Hoffman. Con el tiempo me ayudó a descubrir que hay dos tipos de actores de carácter. Los que se representan a ellos mismos de manera fenomenal, y los que actúan. Hoffman lidera el segundo grupo. Lástima por su prematura muerte.

Entre las actrices —y los actores—, pienso que el nivel camaleónico de Cate Blanchett es insuperable. Además de que nos empapa de nostalgia por el Hollywood glamoroso de otra época (antes del reinado de las Kardashian).

–¿A cuál actor o actriz no le encuentra ningún atractivo… a pesar de que su pareja y/o amigos insisten en que es lo máximo?

–Angelina Jolie y Johny Depp (sin pensarlo, ni tomar aire). La Jolie me pareció interesante en “Gia y Hackers”, pero luego se convirtió en un remedo de ella misma. Depp, por su parte, siempre ha sido una caricatura atrapada en un loop. Ha venido haciendo el mismo papel —con algunos ajustes— desde “Edward Scissorhands”.

El círculo cierra con una película donde actúan ambos: “El Turista”. Es como el Arca Perdida: si ven lo que hay dentro, se les derretirá la cara.

–¿Le han propuesto alguna vez que aparezca en una película?

–Una vez, en la Universidad, para un corto. Era un homenaje a la escena de “El Padrino”, donde aparecía una cabeza de caballo en la cama del Productor de Hollywood que había rechazado al ahijado de Vito. Recreamos la escena, pero en vez de un caballo muerto utilizamos un gato vivo lleno de salsa de tomate. Como si Coppola hubiese dirigido a los tres chiflados.

–¿A qué estrella de cine suelen decirle que se parece?

–Cuando era más flaco y cabezón, decían que me parecía al Tom Hanks de “Big” y “Despedida de Soltero”. Con el tiempo, ambos nos hemos ido hinchado, pero cada quien por su camino separado.

Ah, y a Carey Mahoney, de “Locademia de Policías”.

–Cuando se lleve al cine su vida…

–El primer recuerdo que tengo del cine fue haber ido al Teatro del Este con mi mamá cuando tenía tres años. Con los ojos encandilados y la boca bien abierta quedé prendado de esa forma de contar historias. A partir de ahí, mis juegos tenían estructura de guión de cine, y eso eventualmente se tradujo en mi forma de ver la vida: como una película. Padecí la fantasía del cinéfilo. Quise estudiar Comunicación Social porque quería hacer cine. Pero yo no era buen estudiante en el colegio y en aquel momento Comunicación era la carrera que tenía mayor demanda, y la que requería mayor indice: no entré. Entonces me fui a estudiar Derecho. Si no podía ser Gregory Peck, pues sería Atticus Finch.

La escena cumbre sería el momento en que mi vida se vuelve tan interesante como para ser digna de cine, y entonces aparecen los estudios para pedirme los derechos. Gracias a mis destrezas como negociador lograría cerrar con ellos un contrato para escribir, dirigir, y protagonizar una película sobre un abogado que ama el cine y termina siendo escritor, director, y actor; y que gracias a la ruta poco convencional para llegar a su pasión, descubre que, si todo le hubiera salido bien desde el principio, no estaría tan bien. Y mientras termina lo que hacíamos era la escena cumbre y los créditos comienzan a lloverle sobre la cabeza, nuestro héroe descubre que su vida tenía estructura de película porque era una película. Y está atrapado, y el fin es inminente, y nada es real, y él no existe. Y luego Alfred Hitchcock o Red Serling —dependiendo de quién esté disponible— cerraría con una frase digna de lápida.

Meryl Streep y Miguel Angel Landa como mis padres. Julia Roberts, Ana Karina Manco, y Emilia Clarke como mis hermanas. Jude Law en el papel de mi hermano. Para el rol de mi contraparte romántica tendría que ser una actríz con la voz un poco ronca como Scarlet Johanssen o, por qué no, podríamos darle la oportunidad a Jeniffer Lawrence.

–¿Qué película está ligada a su vida?

–“El Retorno del Jedi”, sin duda alguna, el film de la primera escena de mi biopic. Me indujo a la ciencia ficción y la fantasía, que son los géneros que más disfruto.

–¿Cuál es la historia que el cine nacional debe filmar cuanto antes?

–Creo que en este momento cualquier historia que se logre grabar es válida y necesaria porque, en mi no requerida opinión, el cine venezolano está en la placenta todavía y necesita de mucho ensayo y error para definirse. Dicho esto, me gustaría ver dramas, comedias, y películas detectivescas encuadrados en el contexto de los últimos quince años. Sin filtro, censura, ni buffer. Manuel Acedo y Francisco Suniaga hicieron un acercamiento a ese mundo (“Nosotros Todos” y “Esta Gente”) que me gustó mucho porque humanizaron a sus personajes al punto que logran despolitizar la lectura. Creo que ambas se traducirían muy bien a la pantalla. Antes de eso, por supuesto, habría que presentar al Doctor José Alberto Benítez como corresponde, y tendría definitivamente que rodarse la película de “La Otra Isla”. Si yo fuera Suniaga, sería muy celoso con los derechos de esa joya. Por ahí hay mucho director con parche en el ojo.

¿Cuál es la única razón por la que usted no es una estrella de cine?

–Espero mi momento, mi “big break.”

@MilagrosSocorro |  @raulstolk

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