Casi / 18 de octubre de 2009

Casi

Milagros Socorro

Tasso Jereissati, relator de la Comisión de Exteriores del Senado brasileño, hasta hace poco proclive al ingreso de Venezuela al Mercosur, dio un viraje a su posición aduciendo que nuestro país no debe integrar el Mercado Común del Sur porque “Chávez gobierna de forma casi dictatorial”.

Y, a renglón seguido, sustenta su posición argumentando que “en Venezuela asistimos a un proceso acelerado de desmantelamiento de las libertades democráticas con el objetivo de perpetuación de Chávez en el poder, militarización del país, promoción de un proyecto político/ideológico regional expansionista y constante intervención provocativa en asuntos de otros países; además de que cuenta con un Congreso totalmente sometido a sus intereses”.

Pese a todo esto, que, sin duda, retrata una dictadura con todos sus perolitos, el senador brasileño extiende todavía una dispensa al régimen de Chávez y lo califica de casi dictatorial. Un regateo que nadie concedió al gobierno de Roberto Micheletti, en Honduras, pese a haberse instaurado por el derrocamiento de un presidente que había violado la constitución. Pero en Honduras hay una dictadura cabal, -que los brasileños no encuentran cómo vilipendiar-, y en Venezuela, donde desde hace una década viene ocurriendo lo denunciado por Jereissati y mucho más, lo que hay es  un “casi”.

 

“Casi” es un lugar. Un cortijo confortable, algo así como un salón V.I.P., donde se instalan los gobiernos que se proclaman demócratas mientras pactan con regímenes autoritarios. La comunidad internacional está arrellanada en el “casi” de Chávez hace años ya; y desde allí campanean un trago, cierran negociados con provecho milmillonario para ellos, contemplan la progresiva destrucción de Venezuela, el militarismo rampante, las persecuciones a los adversarios, el cierre de medios de comunicación, las confiscaciones de fincas, industrias, empresas, edificios y terrenos, todo lo que les resultaría inconcebible en su propios cercados, y luego ponen boquita pro nobis y rematan: “casi”.

Pero no son solo los extranjeros mal informados. Hay muchos venezolanos plantados en el “casi”. Son los que se definen ni-ni (desde mi perspectiva: “ni dejo de cobrar aquí ni dejo de cobrar allá”). Son los codiciosos, carentes de escrúpulos y, por lo general, de talento, que se arriman al gobierno represor y a sus testaferros, porque, según ellos, el gobierno es ineficiente, corrupto y despilfarrador de los recursos de Venezuela, pero, en lo otro, es “casi”.

El propio régimen se repantiga en ese emplazamiento ambiguo, porque le basta para mantener una mínima ficción de democracia, al tiempo que despliega su autoritarismo e ilegalidad; esto es, lo que rodea al “casi”, que es un territorio vasto. Es todo. No hay nada en la conducta del régimen de Chávez que merezca ser abordado como “casi” dictadura. Ahí está el reciente ejemplo de la expropiación violenta del Margarita Hilton porque al mandón le molestó que el hotel estableciera las normales condiciones de un establecimiento de ese tipo, cuando tocó dar albergue a su comparsa de reyezuelos africanos. Vete a saber qué capricho le negaron o qué norma pretendieron hacerle cumplir a él, que es el dueño de Venezuela y como tal dispone de todo sin límites y sin réplicas.

 

A esta hora, con diez años contemplando desde el dolorido silencio de nuestros balcones, el incendio que consume a nuestro país, ya sabemos que es muy poco lo que podemos esperar del extranjero y de los venezolanos que se han arrojado a las botas de Chávez para lamerlas, a cambio de contratos, cargos y asesorías. Esos chapotean encantados en el “casi”.

Lo grave es que la oposición haya levantado también su carpa en el “casi”, lo que se deduce de su comportamiento, que no evidencia el compromiso, premura y seriedad que impone una dictadura. Como no vemos que las fuerzas opositoras se hayan alineado en una unidad que las atraviese desde el liderazgo hasta las bases, y desde las convicciones hasta la más pequeña acción, deducimos que están pastando en el “casi”; que están creyendo que porque le enrostramos a Chávez que es un dictador despreciable, ruina de Venezuela y vergüenza de su historia, estamos en un “casi”. Pues no. Ese “casi” es mera retórica de aprovechadores. Venezuela resiste bajo un régimen dictatorial; y esa tragedia nos requiere del todo organizados, determinados y resteados. La hora es de todo. Todo por el país al que todo debemos. No de “casi”.

 El Nacional, 18 de octubre de 2009

 

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