Xtensiones, la tienda de pelucas

Milagros Socorro

Hay mucho que ver en una tienda de pelucas. Desde luego, son piezas de cabello postizo lo que se vende, pero se trata de una mercancía muy variada; y casi todo el inventario merece ser visto. Y tocado.

También la clientela es digna de interés. El otro día estuve en una tienda de pelucas. Cada vez que iba a la sucursal Beco de Chacaíto o pasaba por esa curva en las marchas de manifestación política, estiraba el cuello para ver la tienda. A través de esas pasadas rápidas me hice la idea de que se trataba de un establecimiento pensado para las necesidades de los artistas de vodevil. Quizá porque en la vitrina se exhiben pelucas azules, verdes, naranja y plata, accesorios que uno asocia con los escenarios. Pero la verdad es que Xtensiones y algo más, que es como se llama la tienda, en el centro comercial Doral, atiende una clientela muy variada.

La mañana que finalmente estuve allí, por cierto, aquella mañana de jueves en  que la juez María de Lourdes Afiuni, fue trasladada, al Instituto Nacional de Orientación Femenina (cárcel de mujeres, INOF), estaba otra juez poniéndose pestañas. Se trata de extensiones hechas con vellitos naturales, de color negro o castaño o con material sintético de acabado bastante natural, de distintos colores, como azul, rosa, morado y café. Cuestan Bs. 350,00 se ponen en 40 minutos y duran de dos a tres meses. Pelito a pelito, se fijan uno por uno con un pegamento especial antialérgico. La juez llevaba una blusa estampada en animal print que evocaba un celaje de cebra, felino y serpiente. Demostró una gran paciencia e indiferencia al dolor, aunque cada cierto tiempo debían interrumpir la labor para que se secara cierta humedad que acudía a los ojos trajinados.

Xtensiones y algo más tiene casi cinco años en ese lugar. Fue fundada por su propietario, Ivo Contreras, quien antes de abrir este local tenía una peluquería en el mismo centro local; y, al parecer, con mucha frecuencia se asomaba alguien para preguntas si tenían pelucas, si ponían extensiones o si, en fin, ofrecían algo que de verdad procurara un cambio radical, más allá de un corte o un tinte de pelo. También venían clientes que estaban recibiendo quimioterapia o que por cualquier otra causa había experimentado pérdidas de cabello y querían subirse el ánimo con un método sustitutivo de la melena perdida. Un día el local quedó vacío y Contreras vio la oportunidad de alquilarlo para abrir la tienda de pelucas, pero tendría que ser algo verdaderamente diferente. Lo es.

La gran mayoría de los expendedores de pelucas se limitan a ofrecer la mercadería importada de China, de los Estados Unidos y algo de Europa (principalmente del gigante asiático, que es el gran comprador de cabello humano del mundo). Xtensiones también acude a los inventarios de esos grandes mercados a aprovisionarse, pero dedica un tiempo preciso a hacer cabelleras a partir de instrucciones específicas de las clientes . Hay, por ejemplo, una peluca de corte asimétrico, diseñada y confeccionada para disimular media cara, afectada por una tumoración.

No todo es tan tremendo, claro está. Las pelucas tienen demasiado tiempo en el mundo para ser patrimonio de un solo grupo. De hecho, cualquier persona puede usar una peluca. Hombre o mujer. Y basta tener un sedoso nido de cabello color miel en las manos para anhelar tenerlo bien instalado en lo alto de la cabeza. En mi caso, tuve que disimular muy bien mi interés personal –que en algún momento afloró- para que no desviara el foco del asunto y se convirtiera en un obstáculo para hacer esta nota.

Bueno, no tendremos que decir que hay pelucas sintéticas. Más aún, la mayoría lo son. Y también son más baratas y más aguantadoras: no necesitan grandes cuidados. Todo lo contrario de esas inquietantes guedejas que conservan la tibieza de la nuca que solían cubrir y, sin duda, han retenido el brillo que ostentaban cuando estaban pegadas al cráneo de una muchacha. Nada se compara a una peluca confeccionada con cabello natural, el que brotó del cuerpo de un ser humano, nutrido de su comida y fruto de un largo recorrido genético. No hay que decir tampoco que las naturales lucen más naturales. Pueden ser cortadas, peinadas, marcadas con permanente y teñidas lo mismo que el propio cabello. Y, si reciben los cuidados apropiados, pueden durar toda una vida. Deben ser lavadas con buen champú y acondicionadas, para luego ser peinadas con mano amorosa (comparten con el pelo normal, el hecho de que reaccionan mal a la humedad y pueden engrincharse si les cae la lluvia).

Esas pelucas se hacen, sí, con cabello que alguien sintió flotar a su alrededor cuando corría y pesar sobre la espalda cuando lo dejaba suelto; pero no es que pasa de una cabeza a la otra sin visa ni pasaporte. Se trata de cabello que ha sido cortado –en algunos casos, rapado- y luego sometido a un tratamiento de limpieza y otros procesos hasta dejarlo apto para el siguiente paso, que puede ser la costura a una tonsura de látex u otro material capaz de adaptarse a la cabeza, o puede ser su organización en forma de mechones, que son los que se colocan en las puntas de propio pelo para alargarlo y/o añadirle volumen, o también se pueden hacer “cortinas de quita y pon”.

Los expertos – y Edward Santos, encargado de la tienda, lo es- dicen que hay cuatro tipos principales de cabello generalmente usados en la fabricación de las pelucas: chino, indio, indonesio y europeo, este último más fuerte pero mucho menos disponible. Lo que más abunda es cabello chino o indio. En Xtensiones hay pelucas plásticas. Y hay muchas de cabello natural. Comencemos por hablar de las pelucas hechas con cabello natural venido dela India, donde hay muchos templos que bendicen a los feligreses… al tiempo que hacen sonar las tijeras muy cerca de sus  cuellos. Pesa allí la milenaria tradición de entregar el cabello como ofrenda a los dioses, así como en los pueblos de Venezuela las mujeres “prometen” a los santos dejar de cortarse el pelo hasta que se les cumplan tal o cual deseo. De allí quela India sea el principal exportador de pelo natural del mundo, rubro que supone un aporte de unos 300 millones de dólares al año (mientras China encabeza la lista de quienes lo importan para procesarlo). El templo Tirumala, dedicado al dios Venkateswara, es uno de los más famosos del país y el que recibe el mayor número de peregrinos (veinte millones al año). Esto lo convierte en uno de los más ricos del mundo, debido, precisamente, al negocio de las cabelleras, en el que se emplea casi un millar de peluqueros que cortan al ras del cuero cabelludo, lavan, secan, atan, clasifican y depositan en contenedores, según la longitud y color del cabello, ya listo para concurrir a las subastas. El cabello de estos templos es especialmente valorado ya que, por lo general, sus devotas propietarias no habían tenido trato con productos químicos, condición estricta para constituir insumo de pelucas.

La pared del fondo del local está repleto de crenchas de diversas tonalidades. Terminarán amarradas a la cabellera de una caraqueña que habrá de sentirse otra persona con ellas agitándose a su alrededor. Su variedad y cálido destello es punto focal de la notable cantidad de gente que entra a preguntar, a curiosear, a fantasear con la posibilidad de atreverse a usar algo tan vistoso y audaz.

Xtensiones y algo más es, más que una tienda, un concepto creado por Ivo Contreras, conocido en el medio como estilista oficial dela Organización Miss Venezuela. Además de vender pelucas y postizos, incrustar pestañas, y poner extensiones con técnicas de hilos y grapas con queratina (una barra de silicón, que se derrite y se modula para pegar las extensiones al cabello), hacen pelucas para satisfacer encargos específicos de algunos clientes. Para ello compran cabello, casi siempre a liceístas, que se presentan en el establecimiento con la intención de vender su cabellera.

-El cabello a comprar – dice Edward Santos- debe ser largo y que no esté grafilado (corte escalonado), y su longitud debe ser de70 centímetrosen adelante. Las vendedoras suelen ser muchachas que van al liceo militar, donde les exigen ir casi rapadas. Por supuesto, se les corta en la peluquería. Y en retribución se les da entre 600 y 1.200 bolívares (F), según el largo y según la calidad del pelo: no puede ser pintado, no puede tener horquetillas ni estar maltratado. A la semana vienen entre tres y cuatro, algunas son rechazadas por no cumplir con los requisitos; y, cuando es escollo es el largo, vienen después.

“Hay muchas”, sigue Santos, “que no van a ingresar al liceo militar sino que vienen a vender el pelo porque necesitan el dinero. A esas niñas Ivo les hace una especie de moñito, les pone una liga y les deja un corte bonito. De una cabellera normal puede salir entre 8 y 12 de estas colitas [de las que cuelgan en el muro]”.

Como me cuentan que algunas lloran al ser despojadas de su cabello siento el impulso de pedir detalles (una colegiala motilada y sollozante me arroja a la imagen de Juana de Arco sorbiéndose los mocos en Chacaíto), pero en ese momento entra una señora y pregunta “por una peluca tipo cuchita”. Y precisa:

“de las que se peinan para arriba”.

-Nooo –dice la vendedora, con un dejo como de lástima-. No, chica, no tenemos.

-Es para hacerle un regalo a mi abuela –susurra la mujer al darse vuelta para abandonar el local.

En los primeros años 70 se produjo la convivencia de dos modas opuestas: el cabello al aire, sin mayor adorno e incluso sin demasiado peine, al tiempo que el look siempre peinada, algo así como un casco de pelo muy peripuesto (con cachitos y rabitos). Para estar a la altura de este uso lo más adecuado fue una peluca corta, muy coqueta  y pizpireta cuyo nombre comercial era Cuchita. Su jingle promocional, en total apego a su espíritu más profundo, decía: “Cuchita, Cuchita / la más bella peluquita / de quita y pon”. A cada rato lo ponían en televisión. La Cuchita quedó implantada en la cultura nacional porque fue la estrategia usada por la actriz Marina Baura, para caracterizar una de las gemelas, Alicia y Rosalba, que interpretaba en la telenovelaLa Usurpadora, según libreto de Delia Fiallo.

De vuelta a una realidad sin cuchitas, Edward Santos explica que el cabello de esas muchachitas destinadas al uniforme militar o urgidas de dinero va a parar a las cabezas de pacientes de quimioterapia, que atraviesan un momentáneo predicamento de calvicie. También constituyen la materia prima de la peluca que va a remediar un aquejado de alopecia. Hacen pelucas para hombres, así como implantes sin cirugía: una prótesis frontal para tapar las entradas y la calvicie posterior. Es de látex que se pega con un pegamento especial, pero cada mes se debe retirar para hacerle mantenimiento. No se nota la diferencia con un cabello natural y el portador, dice Edward Santos, puede ir a la playa y la piscina. Conviene agregar que, además de las chiquillas de secundaria, es posible que se presenten también a vender su pelo unos tipos de tendencia punk, a quienes llaman los comegato, que de pronto consiguen un trabajo formal y tienen que prescindir del greñero. Entonces vienen a cortárselo y, de paso, a ganarse unos centavos.

Hay gente que tiene poco cabello y se les hace “un rosario”. Llamado así simplemente porque la primera persona a quien se le hizo se llamaba Rosario. Consiste en una semipeluca, una especie de bisoñé, agarrado del cabello de la cliente con una minúscula peineta que ellos llaman clip.

Aunque no es la única tienda de pelucas de la ciudad, Xtensiones es muy singular. Es la mayor exhibición de pelucas de Caracas. La existencia, por lo general, suele ser de unas 200 pelucas, unas mil extensiones y 150 moños. Para albergar semejante montón, hay un depósito en otra parte. El local tiene cuatro sillas reclinables con apoya-pies, un detalle nada nimio habida cuenta de que el proceso de colocación de las extensiones puede durar unas tres horas (y su costo es de Bs. 4.500 en adelante). También dictan cursos para enseñar a “montar las extensiones”. Las clases duran dos días. Venden cabezas con cabello para las prácticas de las aprendices de peluquería. En la decoración destaca un par de peceras (con pocos residentes). Hay un sofá forrado con tela que imita la piel de tigre. En los espacios que no están atapuzados de pelucas, hay fotos de Ivo Contreras con las reinas de belleza, Dayana Mendoza y Estefanía Fernández, ambas con “cortinas” y extensiones de la casa.

De paso, las pelucas rojo escarlata, morado, amarillo pollito y azul turquesa, esas las compran para fiestas.

 

Publicado en la Revista Clímax, abril de 2010