Entrevista con Mari Montes

Mari Montes:

 “Si el béisbol fuera una religión, sería la católica, porque existe el paraíso y se juega en catedrales”

  Milagros Socorro

 En febrero de este año salió de los talleres de la editorial Alfa un libro titulado “Mis barajitas – Crónicas de béisbol”, escrito por la reconocida periodista caraqueña –y caraquista- Mari Montes. El volumen, dedicado, entre otros, al fallecido escritor trujillano Adriano González León, por regalarle a la autora “la imagen de Omar Vizquel como príncipe medieval”, alcanzó en mayo una edición. No es por nada. Como dice Ibsen Martínez, en el prólogo, “Mari nos habla de los más recóndito rincones de nuestro parque de pelota, a los que pocos fanáticos han tenido acceso jamás,  lo hace como un espeleólogo hablaría de la Cueva del Guácharo: ella conoce este genuino «campo de sueños» desde que su padre, legendario jugador de caimaneras de alta competencia, la llevaba al estadio de niña”.

La propia Mari Monte apunta, en su introducción, que su obra: “No es un libro de estadísticas, no es histórico ni un almanaque. Son mis historias de béisbol, la bendición divina de haber podido disfrutarlo desde siempre y conocer a sus estrellas más brillantes”. Es la compilación de unas cuantas escenas memorables del deporte y de la vida que florece a su alrededor, visto por una mujer de extraordinaria sensibilidad y sentido del humor, cuya pasión por la pelota surgió en 1975, cuando descubrió “la alegría que podía producir un hit o un doble play que parecía imposible”.

-¿Cuándo empezó a ver beisbol y cuando empezó a escribir?

-No podría precisar cuándo empecé a ver beisbol, pero podría decir que la Serie    

Mundial de 1975, entre los Medias Rojas de Boston y los Rojos de Cincinnati                   es un nítido recuerdo de la primera vez que me senté por decisión e interés propio a ver un juego y no simplemente para acompañar a mi papá.

Empecé a escribir de beisbol en 2003, un articulo semanal para el diario el Mundo y luego en El Universal, hasta el sol de hoy.

-¿Cómo fue el proceso de escribir este libro?

-Inicialmente escribí una crónica llamada “Mis Barajitas”, fue un cuento que quise contarle a César Miguel Rondón, a propósito de un viaje que había hecho para ver el retiro de número 13 de David Concepción. Rondón se había sentado a ver pelota con su hija menor, María Antonieta, y me dijo que la muchachita había disfrutado mucho y por eso él se imaginó que así debí ser yo chiquita. Entonces quise regalarle mis recuerdos de esos juegos que veía al lado de mi papá y también lo especial que fue para mí acompañar a uno de mis peloteros favoritos en un momento tan importante. Así surgió la primera crónica que hasta ese momento era la única. César Miguel se empeñó en que siguiera escribiendo en el mismo tono. Me quedé con la idea dando vueltas, pero no hice nada más que pensar cómo podía seguir. A los meses, a mi papá le encontraron metástasis ósea de un cáncer que empezó en la próstata. Entonces, empecé a escribir para él. Puse en orden en mi cabeza los personajes de los que tenía algo que decir y luego me senté a contar todo lo que recordaba de cada uno de ellos. Fue imposible que la nostalgia no se instalara conmigo esas tardes y noches. Y no quise echarla. Escribí un poco apurada porque, según el diagnóstico de los médicos, el desenlace de la enfermedad de papá estaba cerca, así que me concentré y al mes ya el texto completo estuvo listo.

-¿Su padre leyó el original de este libro?

-Afortunadamente sí. Pudo leerlo en el original y se conmovió muchísimo. Pudo verlo listo con su foto en la portada, admirado por la calidad de la imagen de una fotografía de 60 años. Se supo protagonista.

-¿Qué autores lee o han sido importantes en su formación como escritora?

-Rómulo Gallegos, Gabriel García Márquez, Alfredo Bryce Echenique, Julio Cortázar, Adriano González León, Julián Marías, me gusta cómo cuenta Oscar Yánez y los cronistas de beisbol Juan Vené, Humberto Acosta e Ignacio Serrano.

-¿Qué tiene en común la gente “que quiere el béisbol”, como usted dice en su libro?

-El gusto por lo impredecible, lo inesperado y la justicia. El beisbol castiga a quien lo hace mal y premia a quien lo hace bien. Nos hacen felices los batazos y nos gusta compartir hazañas y héroes.

-¿Y la que no quiere el beisbol?

-Creen que es un juego en el que no pasa nada y que los jugadores no son atletas. Diría que lo desconocen y no lo entienden.

-¿Le interesa otro deporte?

-No como el béisbol. Me interesan otros, como el tenis y futbol, pero no los sigo con igual pasión.

-¿Hay algo que le interese tanto como el béisbol?

-Además de mis afectos, como familia, amigos y el país… no. Me gusta mucho la música, pero he sido capaz de no ir a ver a Elton John porque el mismo día  jugaba el Caracas.

-¿Cuáles son los grandes mitos del beisbol?

-Que existió la maldición del bambino. Que existe la maldición de la cabra. Que Babe Ruth alguna vez señaló la dirección en la que se iría un jonrón. Que hay un libro que leen los manager y que dice, entre otras cosas, cuando tocar la bola o dar un boleto intencional. Que en el Universitario de Caracas hay un tractor enterrado.

-¿Si el beisbol tuviera una religión cuál sería?

-El beisbol también es una religión, tiene sus propios mandamientos, como ese que dice que “al que o hace le hacen”, es pecado poncharse parado, tiene ritos, dogmas y Dioses, recompensas, castigos y una feligresía más bien conservadora y muy creyente. Pero podría ser la católica, porque existe el paraíso y se juega en catedrales.

-¿Por qué el softball de mujeres no lleva gente al estadio ni de tener      

grandes figuras?

-En la Segunda Guerra Mundial surgió la Liga de Beisbol de Mujeres y mucha gente fue a los parques a verlas jugar beisbol, hay incluso una película de esos años. Con el softball femenino pasa lo mismo que con el masculino, que no es beisbol y por ello no emociona tanto y no atrae igual.

-¿Cree usted que el beisbol tiene un costado moralizador o moralizante?

-Es moralizador. El beisbol  no tiene como objetivo dar lecciones, pero del  propio juego y sus protagonistas se desprenden enseñanzas definitivamente moralizadoras. En el beisbol hay que respetar las reglas, además del talento, la disciplina es esencial, el sacrificio es una jugada, el trabajo en equipo es ineludible, el optimismo una rutina, saber ganar y perder es obligatorio y la constancia es la base de todo.

-¿Hay un cuerpo de pelotero?

-Se supone que hay un cuerpo ideal de pelotero. Se habla de una estampa de pelotero, Derek Jeter, sior de los Yankees es un buen ejemplo. Un hombre alto y de contextura atlética, fuerte, tiene más chance que un muchacho bajito, flaquito o gordito, porque hay que cumplir con demasiadas exigencias que necesitan un físico. Pero hay excepciones, como Omar Vizquel, quien a pesar de tu estatura mediana, tiene 21 años en las mayores, porque se hizo un cuerpo a lo largo de toda su vida, que le permite tener unos brazo fuertes y piernas ágiles, condiciones básicas para un short stop. Ahora mismo hay un muchacho, Tim Lincecum, un fuera de serie, tiene una estampa tan contraria a lo que es un pelotero, que la primera vez que llegó al estadio lo paró seguridad creyendo que era un muchachito que se había equivocado de puerta… tuvo que aclarar que era el pitcher.

-¿Podría hacer el Frankenstein del mejor pelotero criollo de todos los tiempos?

-La disciplina de Omar Vizquel. La fe y valentía de Andrés Galarraga. El talento innato de Miguel Cabrera. La paciencia de Bob Kelly Abreu. La voluntad de Melvin Mora. La humildad de Alfonso Carrasquel. El deseo de ganar inagotable de Oswaldo Guillén. La viveza de Víctor Davalillo. La inteligencia de Luís Aparicio. La habilidad de David Concepción. El sentido de oportunidad de César Tovar. La cobertura de Franklin Gutiérrez. La alegría de Pablo Sandoval. La fuerza de Antonio Armas. La sabiduría e intuición de Henry Blanco. La constancia de Camaleón García, la entrega de Robert Pérez. La serenidad de Johan Santana y la pasión de Carlos Zambrano. Las piernas y glúteos de Roger Cedeño. El torso y el brazo derecho de Omar Vizquel y el izquierdo de Johan Santana. Los ojos de Alfonso Carrasquel y la sonrisa de Andrés Galarraga.

-¿Y el Frankenstein de las Grandes Ligas?

-La disciplina de Cal Ripken. La fuerza de Babe Ruth. La Valentía de Mickey Mantle, la voluntad y entrega de Lou Gherig, el talento innato de Ken Griffey jr. La habilidad de  Willy Mays. La cobertura de Bernie Williams. La sabiduría de Johnny Bench, la inteligencia de Jim Palmer. El inagotable deseo de ganar de Bob Gibson. La entrega de Randy Johnson. La humildad de Jackie Robinson. La alegría de Ozzie Smith, el aplomo de Gregg Maddux y la pasión de Pete Rose. Las piernas de Ricky Henderson, el torso y los brazos de Derek Jeter, los ojos y la sonrisa de Jim Palmer. (La construcción física de los dos peloteros obedece, estrictamente, a una perspectiva femenina, nada técnico).

-¿De verdad Chávez es pelotero, sabe de beisbol o le interesa?

-Depende,  Isaías “Látigo” Chávez fue pelotero, Endy Chávez lo es, igual que Raúl… Chávez. Ahora, el otro Chávez siempre ha dicho que fue pelotero y se sabe jugó en el equipo de la Academia Militar y pronto cambió las caimaneras por la conspiración. Presume de un pitcheo llamado rabo e’cochino, que no es otra cosa que un garabato que busca engañar. No se conoce de alguna hazaña beisbolera de este zurdo con ese “recurso”, ni sus adulantes han podido decir algo así, porque el beisbol se traduce en números y no es posible inventar cualidades y talentos. Las veces que ha jugado frente a la televisión no se le ha visto nada en la bola. No me atrevería a decir si sabe o no de beisbol, pero si le interesa porque sabe que el juego es perfecto para conectarse con mucha gente. En Venezuela hasta los que no saben de beisbol han estado en 3 y 2 y los han agarrado fuera de base.

-¿Cómo anunciadora de los Leones tuvo algún modelo?

-No exactamente, pero Juan Carlos Ramos, mi predecesor, era un excelente anunciador y oírlo me hizo saber que lo más importante era informar al público, esa parte del trabajo estaba clara porque él fue un buen ejemplo…lo demás surgió mientras transcurrían los juegos.

-Una pregunta evidente: ¿ha tenido una historia de amor –pasional- con un pelotero?

-No, de ése no. Lamento desilusionarte.

 El Venezolano, diciembre de 2009

2 comentarios en “Entrevista con Mari Montes

  1. jajajaja… No sé si Milagros Socorro sabrá de béisbol, pero le pichó muy bien a Mari, que bateó de todas todas.
    ¡Qué simpática la entrevista! Dos mujeres inteligentes y superexitosas. Cada uba en lo suyo, ¡admirables las dos!

    @abezeta

  2. Dos de mis periodistas preferidas, como preferidos fueron Enzo y Remigio, y Ozzie y Norman alrededor de la segunda.
    Las felicito a ambas!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *