Etiquetas

Noticias relacionadas

Compartir esto

Un fascistoide banal / El Nacional 8-8-2010

Un fascistoide banal

Milagros Socorro

El nuevo libro de Teodoro Petkoff se titula El chavismo como problema. Mañana mismo comienza a circular, con el sello de Libros marcados, la editorial que dirige Fasto Masó. Se trata de un repaso a lo que ha sido el gobierno de Chávez, antes incluso de ganar la elecciones de diciembre de 1998; puesto que, en su afán por cuestionar la naturaleza izquierdista del régimen y del propio líder, el autor deja dicho desde el principio que, aunque en los 80 Chávez había tenido esporádicos contactos con “grupúsculos residuales de la izquierda insurreccional de los 60”, el foco de sus acciones era “un proyecto militar golpista al cual dotó de una cosmogonía bolivariana”.
La pesquisa de las marcas propias de un discurso de izquierda es uno de los leit motivs del libro de Petkoff, quien, como buen conocedor de los resortes de la narrativa, va a esperar hasta el final de su relato para recordarnos que, aunque carente de una teoría e, incluso, de un proyecto alternativo al petroeconómico, a partir de 2008-2009 comienzan a hacerse notar en la retórica de Chávez “algunos clásicos estereotipos marxistoides, que lo pintan como un converso de reciente data”. Y más adelante, establece que el presidente se proclamó “marxista” el 15 de enero de 2010. Sin embargo, el libro es una demostración de que ni Chávez es marxista ni su “revolución” es tal. Una precisión que interesa especialmente a Petkoff por sus antecedentes, pero, sobre todo, por el rédito internacional que Chávez ha obtenido de la impostación.
El chavismo como problema es, básicamente, un gran reportaje. Es la exposición, documentada y prolijamente analizada, de hechos recientes que vuelven a contarse y a ponerse en contexto. ¿Es un libro para extranjeros?, cabe preguntarse. Creo que sí: exige inmediata traducción. Pero es, más que nada, un libro para el extranjero en que nos convierte la desmemoria y ese aturdimiento al que nos empuja la vertiginosa sucesión de hechos, a cual más impactante y escandaloso.
Teodoro Petkoff se da a la tarea de evocar lo que ha ocurrido desde la irrupción de Chávez en la escena pública. Cada episodio merece una indagación de la categoría que le cuadra, porque las palabras no son intercambiables. El texto está movido por la búsqueda de la verdad en el contexto de la “terrible polarización de la sociedad venezolana”, a la que, desde luego, el propio Petkoff no es inmune. “El afán de precisión”, apunta, “no es mero preciosismo intelectual sino muy concreta necesidad política”. Los lectores de sus editoriales en TalCual saben que hay una línea que enhebra todas sus entregas y es, precisamente, ese tanteo en la quincalla verbal para dar con las frases que mejor describen el devenir venezolano. A veces se decanta por giros coloquiales, otras veces echa mano de su acervo marxista y, en general, de la teoría política; pero siempre trata de llamar las cosas por su nombre para esclarecerlas, aún cuando esto le acarree los ataques de los extremistas que solo aceptan diagnósticos que desahucien al otro.
Como sabemos, Petkoff se mantiene en su posición de llamar al régimen de Chávez, cuasi dictadura. Su libro establece las diferencias entre ésta y los Estados terroristas, torturadores y asesinos selectivos. Pero no por ello es precisamente favorecedor el retrato del régimen, en palabras de Petkoff, autoritario, autocrático, no existe separación de poderes, militarista, con vocación totalitaria, burocrático, “el más incompetente de 1900 para acá”, incapaz de exhibir obras de infraestructura, un fracaso estrepitoso en vivienda… En suma “aquí no ha habido lo que ha sido denominado ‘destrucción creadora’ sino destrucción por afán simple y llano de destruir, escudándose en la coartada sedicente revolucionaria”.
En cuanto a Chávez, le atribuye elementos psicopáticos, talante “primitivo, chocarrero y agresivo”, personalista con vocación absolutista, “ignorancia oceánica, auspiciar un ambiente de adulación y temor en su entorno, manipulador de la historia, permisivo con la corrupción administrativa al tiempo que lleva un récord minucioso de la actuación delictiva de cada uno de sus subalternos… Para resumir, “En su discurso y en su comportamiento hay muchos elementos fascistoides, de derecha […] ese que hunde sus raíces en la psiquis social”.
Una curiosidad: jamás lo alude como Chacumbele ni como Atila. Le atribuye una cierta originalidad y le augura una salida democrática precedida, claro está, por una reducción a la minoría. Con todo, es un libro optimista.

El Nacional, 8 de agosto de 2010