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Chávez, un caso de secuestro

Milagros Socorro Al alborear el año 2012, clave en la historia contemporánea de Venezuela, el Presidente de la República asoma al nuevo año secuestrado por la mafia que él mismo contribuyó a crear. No otra cosa indica el nombramiento de Diosdado Cabello como autoridad máxima del poder legislativo, al tiempo que se desempeña como vicepresidente del PSUV, cuyo equipo de Prensa escribió que Cabello había sido “embestido este jueves como Presidente de la Asamblea Nacional en la sesión de instalación del parlamento correspondiente al año 2012”.

En realidad, son Cabello y la “derecha endógena” quienes se han llevado por los cachos a Chávez y los restos de la quimera revolucionaria. ¿Cómo es que después de 12 años el hombre fuerte de la revolución, el que ostenta los más altos cargos, sea un militar devenido millonario, un magnate enriquecido durante el régimen, que se desplaza en su avión privado o en las aeronaves del Estado, cuyo nombre consta en decenas de denuncias por desvíos de fondos públicos, contra quien solamente en 2009 fueron presentados ante la Fiscalía 17 denuncias de corrupción (que hasta el momento no han movilizado ninguna averiguación)?

Hace dos semanas, el 27 de diciembre pasado, Chávez se declaró “enemigo de la corrupción, sea pública o privada”. Y remató preguntando: “¿Cómo uno va a avalar una estafa?”. Quién puede creer que el pueblo venezolano, incluso la fracción que sigue a Chávez, va a avalar la estafa que supone Diosdado Cabello. ¿Lo cree el propio Chávez? ¿Desconoce Chávez al pueblo hasta el punto de creerlo fiador de Cabello en cualquier cargo? Difícil de creer.

El ascenso de Cabello, epítome del oportunismo y la zafiedad, evidencia que la revolución y el propio Chávez son rehenes del ala mafio-pragmática, la que siempre se ha valido de la popularidad de Chávez y su laxo sentido de la ley para hacer de las suyas. La conjura que ha llevado a Diosdado Cabello a la presidencia de la Asamblea le ha asestado a Chávez un golpe más mortífero que el que le fuera diagnosticado en La Habana. Pecan de ingenuos quienes piensan que fue el propio enfermo quien escogió a Cabello para ese sitial (que podría ponerlo en la senda de Miraflores, en el caso de falta absoluta del primer mandatario y con la ejecución de ciertas movidas diseñadas con ese fin). Todos los indicios apuntan a un proyecto de sustitución de Chávez, que incluye el desconocimiento absoluto de los sectores no comprometidos con el festín de corrupción que ha sido el régimen.

Este evento, unido a los más recientes dentro del chavismo, confirma que los cabecillas de este movimiento, moribundo con su líder, avizoran ya el final de su hegemonía y quieren acumular todo el dinero que les sea posible. Para eso emplazan sus fichas en el corazón de las minas y en los alrededores, para garantizar que nada ni nadie va a impedir el saqueo. La pobre revolución del pobre Chávez no ha sido más que un parapeto anacrónico, fracasado, mentiroso, copado por ignorantes y cínicos, que solo fue útil para quienes se subieron a su carro con el objetivo de hacer dinero. En este grupo está incluido el entorno familiar de Hugo Chávez, bajo cuya mirada alcahueta se ha llenado los bolsillos su parentela hasta remoto grado de consanguinidad.

Y lo otro es que, como aquí no se sabe qué va a pasar y lo único en lo que hay una relativa certeza es en la grave enfermedad que aqueja al jefe del Estado, quienes detentan hoy el poder -y tienen mucho que perder en el caso de un cambio drástico de gobierno- necesitan agenciarse polos de entendimiento. Necesitan ver con quién van a hablar en el intento de salvaguardar lo más posible una vez reemplazado el gobierno o muerto Chávez. Y una de las iniciativas que, con toda seguridad, tendrá que desplegar el nuevo gobierno será el de dialogar con las fuerzas en desbandada. Mal comenzará el nuevo gobierno si sus primeros gestos indican revancha o persecución a los caídos.

Cierto es que no es lo mismo justicia que venganza, pero mientras actúa la justicia es mucho lo que puede ocurrir, incluido el diálogo con el ala pragmática, que aún fuera del gobierno son muchas las vainas que puede echar.

Convendría echar un vistazo al discurso del recién “embestido”. Allí están mencionados todos los individuos y grupos de quienes Cabello se ríe a gritos. Comienza agradeciendo “al Pueblo venezolano y al Comandante Chávez por el apoyo recibido”.

El Nacional, 8 – 1 – 2012

 

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