El burro con plata

Milagros Socorro El pelotero Oswaldo Guillén (Ocumare del Tuy, 1964) consignó en su cuenta de twitter un comentario acerca de la injusta posposición del ingreso de David Concepción al Salón de la Fama; y atribuyó el desplante al “rasismo”. No contento con la falta de ortografía en la palabra “racismo”, omitió signos de puntuación, olvidó acentos y confundió términos. Así escribió el querido Ozzie: “No creo en rasismo david no esta hay por alguna razon que no sabemos cual es hay que promocionarse mi gente”. Cuando ha debido escribir: “No creo en racismo. David no está ahí por alguna razón que no sabemos cuál es. Hay que promocionarse, mi gente”.

Ante el alud de errores, alguien despachó al atleta calificándolo de burro, intemperancia que, naturalmente, molestó al campo corto de los Medias Blancas de Chicago, quien entonces comenzó a desbarrar en una serie de torpes consideraciones. Molesto por el insulto, Guillén, quien efectivamente merece respeto e incluso afecto por sus logros en la arena deportiva y por el lugar de respeto donde ha puesto el nombre de Venezuela, incurrió en dos graves errores: jactarse de la fortuna que ha amasado con su habilidad, denigrar de quienes tienen oficios menos glamorosos y lucrativos; y restar importancia a la corrección del lenguaje.

Al ser señalado de burro por su desaliño lingüístico, Guillén se apresuró a contestar: “prefiero ser burro con plata que inteligente pelando lo digo por exoeriencia besos a todos”. Y más adelante se preguntó qué hacen quienes quieren corregirlo; aludiendo a que quienes se atreven a ponerse a su altura para enrostrarle su ignorancia, de seguro son gente de menguados recursos y que no se codean con celebridades como Rubén Blades, a quien en la ristra de twitters se refiere como “mi hermano”.

No entraremos a comentar demasiado este punto. El intento de humillar al atrevido recordándole su precariedad económica es evidente. Y muy feo. El propio Guillén está conciente de que el colectivo del que se mofa con la etiqueta de “inteligente pelando” incluye sobre todo a los maestros, cuyo deber es corregir caiga quien caiga. [Dice Guillén (con trascripción ya enmendada): “Apuesto a que esos que corrigen no tienen ni dónde caerse muertos los pobres. Qué lástima los pobres profesores que me siguen”]. Ciertamente, los maestros de Venezuela han sido relegados a los últimos peldaños en la escala social, una tragedia de la que no son culpables. Salta a la vista, pues, que el ataque de Guillén, desde las alturas de su poder y sus cuentas bancarias rebosantes de dólares, a sus connacionales, empobrecidos por la inflación y los infames salarios es…¿poco gallardo? ¿Gesto de soberbia?, más condenable en alguien que sabe lo tremendo que es ser inteligente pelando, puesto que como él mismo apunta, lo dice “por experiencia”.

Pero lo que sí es digno de salirle al paso es la errónea idea de Guillén según la cual solo los maestros de Castellano tienen el deber de acogerse a sus leyes [“Yo escribo como quiera no estoy dando clase de castellano”]. La verdad es que todos los hablantes deben ajustarse a un pacto de uso de la lengua, así como los peloteros están regidos por una intrincada red de estatutos, aún sin ser entrenadores. De lo contrario, el campo sería escenario de un caos.

Guillén, que tanto valora la acumulación de bienes materiales, -y está bien que así sea, puesto que él se ha ganado los suyos sin rasguñar a la Nación-, debería saber que la unidad del Castellano, esto es, el hecho de que siga siendo lengua común para una diversidad de países, es una gran ventaja económica con que contamos los pueblos hispanoparlantes. Es un hecho que vamos hacia un mundo multipolar, lo que supone un paisaje multilingüístico. Para que el español desempeñe el descomunal papel al que está llamado por ser, ya en 2050, una de las cuatro lenguas fundamentales del mundo, debe mantener su estabilidad: si cada quien habla y escribe como le dé la gana, llegará un momento en que será imposible entendernos fuera de nuestros islotes de lengua.

El Guante de oro remata sus mustios twitters diciendo que él representa a los latinos y, con orgullo especial a su país, Venezuela, del que es un ejemplo. Por ser tan cierto esto es que debería hacer un esfuerzo por conducirse apropiadamente en el ámbito público. Y apreciar el hecho de que la ortografía es un factor de cohesión para las lenguas comunes a entornos distintos.

 El Nacional, 15. 01. 2012