Tocar no es entrar

Milagros Socorro

-No, no, disculpe. Usted está equivocada.

Estoy al teléfono y apenas si entiendo lo que me dice la bibliotecóloga Anny Mejías, encargada del Archivo de la Cadena Capriles. Me habla desde el asiento trasero del carro. Su voz revela inquietud y premura.

-Esas fotos no son de Héctor Rondón –dice.

Con un gesto desecho la información. He visto las fotos y no me queda duda de que se trata de las imágenes tomadas en el sector La Alcantarilla de Puerto Cabello, el 9 de junio de 1962. Ahí está el párroco Luis María Padilla sosteniendo al subteniente Luis Antonio Rivero Sanoja en trance de muerte. Detrás está la carnicería, en primer plano el sacerdote mirando a los lados a ver de dónde vendrá la bala. O la tregua piadosa. Son, por tanto, las imágenes de Héctor Rondón.

-No –insiste Anny Mejías-. Las fotos que usted tiene fueron tomadas por José Luis Blasco, que era reportero gráfico de la Cadena.

Esa mañana del Porteñazo llegaron muchos periodistas al lugar de los hechos. Desde el día anterior, el gobierno conocía los detalles de la inminente rebelión de la Base Naval de Puerto Cabello. De manera que los muchachos de la prensa llegaron pisándole los talones a las fuerzas leales.

El Porteñazo, ha escrito  Manuel Felipe Sierra, fue “la operación más sangrienta y prolongada que se registra en la historia militar de esos años. Cálculos conservadores estiman las víctimas fatales entre 400 y 700”. Al clarear el alba ya había allí un estruendo de plomo. Los periodistas se emplazaron en el comando de operaciones establecido por el Ejército en espera de la ocasión de meterse en la candela.

Enrique Aristiguieta era entonces diputado por Carabobo al Congreso Nacional. Oriundo de Puerto Cabello, consideró un deber apersonarse en las arenas de la tragedia. Allí vio al Batallón Carabobo distribuirse en pelotones de 30 hombres, cada uno de los cuales debía esconderse detrás de los trece tanques que entrarían al Puerto. Medio siglo después de los hechos, Aristiguieta me cuenta que vio un fotógrafo colarse entre los uniformados. “Vi cuando un hombre vestido de civil y llevando una cámara se pegó a un pelotón. Recuerdo haber pensado: ‘hay que ver ese tipo sí tiene riñones’”.

Por la descripción de Aristiguieta, el hombre era José Luis Blasco, quien tenía estampa europea (había emigrado a Venezuela desde España y había sido testigo de la II Guerra Mundial) y mayor que Rondón, de 28 años en ese momento. Sin detenerse a considerar los riesgos, y contra las advertencias de los militares, Héctor Rondón hizo lo que solemos hacer en este oficio, donde los novatos imitan a los veteranos: secundó la acción de Blasco, ya una leyenda del periodismo.

Héctor Rondón había sido enviado por el diario La República. El 10 de junio de 1962, transcurrida una semana de los hechos, La República publicó un suplemento especial sobre El Porteñazo. Allí puede leerse el testimonio de Héctor Rondón: “Era como un cuarto para las siete. Junto a mí iba otro fotógrafo, Blasco. Cuando el último tanque, donde yo iba junto al otro fotógrafo, llegó a la esquina de La Alcantarilla, empezaron los disparos. […] Disparaban hasta granadas. Los tanques se fueron, finalmente, dejando a los muertos, Entonces fue cuando vimos que venía un cura por la acera derecha. […] El cura trató de socorrerlo, lo levantó, trató de cargarlo. Yo tomé la foto. Era un escena horrorosa y a la vez tan humana. Blasco y yo le gritamos que saliera de ahí porque lo iban a matar”.

Cuando Héctor Rondón da estas declaraciones, ignora que van a lloverle los más altos reconocimientos reservados a los fotógrafos en todo el mundo. Sabe que ha tomado una foto excepcional y sus colegas lo han colmado de felicitaciones. Pero no tiene idea del vuelco que va a dar su vida. Como puede verse, todo el tiempo menciona a Blasco y deja ver la circunstancia de que estaban hombro con hombro en el instante de fotografiar al cura y al soldado agonizante. Pero fue la foto de Rondón la que sería distribuida por la Associated Press.

Los dos tocaron la puerta de la gloria. Y esta solo se abrió para Rondón, quien, en 1962 obtuvo los premios a la Mejor Fotografía de Prensa del Año y al Reportaje Fotográfico del Año, otorgados por la organización Word Press Photo, con sede en Holanda. Y un año después se convirtió en el primer latinoamericano –y único venezolano hasta la fecha- en obtener el premio Pulitzer.

Publicado en El Nacional, el 22 de julio de 2012