Marta Colomina, la antiestrella

Milagros Socorro 

Mucho antes de que te tocara inscribirte en uno de sus cursos, ya empezabas a temblar. Con Marta Colomina no valían las viejas trampas para saltarse un examen, posponer la presentación de un trabajo o hacer una exposición improvisada. Tampoco era del tipo de profesor paternal que te perdona un disparate, te celebra una salida folklórica o te deja pasar una imprecisión. Con Marta Colomina tenías que andarte derechito, leerte la bibliografía, atender a las clases y rendir un examen impecable. De lo contrario, corrías el riesgo de recibir en pleno rostro la frialdad de su mirada y, lo que era peor, ser borrado de su memoria y que después de terminado el semestre ella no recordara tu nombre.

Todavía me asusto cuando evoco la atmósfera que Marta Colomina imponía en las aulas dela Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia, donde tuve el privilegio de ser su alumna. Por lo general, los estudios de periodismo apuntan a un cierto diletantismo; pocas cátedras están orientadas a la investigación y el rigor, puesto que casi todas las materias son laboratorios diseñados para adquirir pericia en los distintos géneros periodísticos y en cada medio de comunicación. Los estudiantes pasan de una clase de Radio a otra de Fotografía y de ahí a una de Redacción. Con Marta era distinto porque lo de ella era la metralla teórica y podías apostar a que te rasparía sin miramientos si no demostrabas un manejo cabal de los más importantes autores de las Ciencias dela Comunicación.¿No conocías el aparato crítico más progresista de la época? Ay, mijo, tenías un cero asegurado. Y ni que se te ocurriera irle con una excusa o una lloradera. Marta era implacable: aprendías o repetías la materia. Punto.

 

 

En aquella época la faceta personal de Marta Colomina era un enigma para sus estudiantes. Nadie hubiera adivinado que en los zapatos de aquella profesora de aspecto conservador y expresión severa caminaba una futura estrella de la radio y la televisión. Y muy pocos tenían acceso a su entorno íntimo. Todo el mundo la percibía como una mujer muy estricta cuyo estilo estaba marcado por su procedencia catalana.

Marta nació en Barcelona, España, el 12 de julio de 1938. Su padre, Francisco Colomina, era un ebanista que vino a Venezuela a trabajar enla Caribbean PetroleumCompany. Poco antes del estallido dela Guerra CivilEspañola, Francisco, que todavía estaba soltero, regresó a su país a alistarse en el bando dela Repúblicacon el rango de capitán de guardias de asalto, en Cataluña. Y fue allí donde conoció a una chica leonesa que trabajaba como empleada doméstica en una casa de familia. Se casaron enla Barcelonay allí nació Marta.

Después de la guerra –y después de que el padre saliera de la prisión donde fue recluido por su participación en el bando perdedor- la familia, que había crecido con el advenimiento de un hijo varón, se estableció en Maracaibo. Allí cursó la pequeña Marta la primaria pero la secundaria la hizo en España, donde hizo el bachillerato elemental y superior, y simultáneamentela Escuela Normal.En León asistió al colegio de las monjas teresianas, quienes se aseguraron de aprendiera también a bordar, pegar botones y coger ruedos; y tal fue el provecho que sacó de estas lecciones que años después las canastillas de sus dos hijas fueron confeccionadas con sus propias manos.

Contra la voluntad de su padre, quien no tenía en muy alta estima el oficio de reportero, se inscribió enla Escuelade Periodismo de LUZ, en el año 59, y durante toda la carrera trabajó como maestra en el colegio de las Siervas del Santísimo y en el Nazaret. ¿Habrá que decir que fue el mejor expediente de su promoción?

Después de graduarse se fue ala Universidadde Stanford, en los Estados Unidos, donde completó la maestría en Investigación dela Comunicación. Deesa época es el novio norteamericano con quien estuvo a punto a casarse, destino que evitó la fulgurante intervención del poeta Hesnor Rivera, enamorado de ella desde la primera vez que la vio, con quien contrajo matrimonio en diciembre de 1966. La pareja tendría dos hijas, Celalba y Martita, periodista residenciada en Santiago de Compostela, la primera y diplomática de carrera asignada al consulado de Venezuela en Barcelona, España, la segunda.

El matrimonio Rivera-Colomina no fue exactamente idílico. Marta no era la mejor candidata para lidiar con el espíritu bohemio de Hesnor y esto provocaba constantes rencillas. Hoy, años después de divorciados, son grandes amigos. Rivera permanece en Maracaibo adonde ella viaja con frecuencia para visitarlo y atenderlo cuando ha estado delicado de salud. Pocas personas saben que ella es una mujer muy cariñosa, atenta y una estupenda anfitriona. Es, además, una mujer de grandes lealtades y afectos permanentes. Hesnor Rivera afirma que: “Lo importante es que, más allá de las peleas, hoy somos grandes amigos. Y cuando ella tuvo problemas, cuando fue perseguida por todos, injustamente, por su gestión en el canal 8, sólo halló solidaridad en mí, que siempre he creído en ella. Para mí muchas imágenes del amor ideal están, todavía, relacionadas con ella”.

 

 

Marta Colomina fue profesora de LUZ por más de veinte años. En esa casa escribió sus famosos libros El huésped alienante (1968) el primer análisis que se hacía en América Latina sobre el contenido y los efectos de la radio-telenovela sobre las audiencias; y La celestina mecánica (1976), que le valió el Premio Nacional de Periodismo en Docencia e Investigación.

Moraima Guanipa, su alumna, hoy profesora dela UCVy destacada periodista dice que: “Como profesora de Opinión Pública recuerdo de ella su lucidez y su humor; a veces tenía unas salidas con una gracia que me gustaría escucharle ahora en la radio. Era muy enfática en sus puntos de vista y a la vez respetaba las opiniones de los estudiantes, aunque no coincidieran con la perspectiva que ella favorecía, siempre que las argumentáramos. Marta fue de los pocos profesores que nos enseñó a pensar como profesionales”.

En 1986 su vida dio un giro tremendo. Dejó la universidad y su casa en Maracaibo, que había adquirido, según cuenta Hesnor Rivera con los ahorros de los dos (“porque ella me quitaba mi sueldo y lo ahorraba”) y se marchó a Caracas a ocupar la presidencia del canal 8, por consejo que Simón Alberto Consalvi le diera al entonces presidente Lusinchi.

“La conocíamos”, dice Simón Alberto Consalvi, “por sus investigaciones académicas sobre la televisión. Marta entiende a cabalidad la función del periodista, está preparada como profesional, tiene una gran capacidad de trabajo y destaca por su claridad de análisis. Tiene la característica de que le concede a cada quien lo que le corresponde, no niega de manera intransigente virtudes y méritos, aunque pueda discrepar en otros aspectos.

En la actualidad, Marta Colomina es una de las figuras más prominentes en la nómina de los formadores de opinión. Su columna dominical, Feedback, en El Universal, es una de las más leídas del país. Su voz es conocida en todo el territorio nacional donde es difundida a través de Unión Radio y sus emisoras asociadas. Y a las seis y media de la mañana es masivamente sintonizada en Televen donde realiza, desde septiembre del 96, sus entrevistas, “otra forma”, dice ella misma, “de romper el molde, porque a mi edad y con mi apariencia física, soy el antiparadigma del modelo femenino de televisión”.

En la opinión del periodista Roberto Giusti, “Marta es en público lo mismo que en privado; es una persona muy auténtica, no tiene poses. Y si en la radio o en la TV parece que estuviera dando clases también en el trato personal es así. Su estilo tiene la marca de la profesora. Ella inspira el respeto que se siente hacia los auténticos maestros, debe ser por eso que el presidente la llama Señora Marta”.

Elides Rojas, jefe de redacción de El Universal coincide: “Marta está todo el tiempo está enseñándote algo. Y no lo oculta, es así. Por eso inspira un respeto reverencial: aunque tengas amistad con ella, nunca superas esa distancia que produce el respeto y que impide gastarle bromas. Con ella uno empieza a actuar como si fuera otra persona, casi adoptas una actitud diplomática. Es lo que te pasa con Uslar Pietri, por ejemplo”.

Si Elides supiera que Colomina es una consumada bailarina de flamenco. Hesnor Riversa jura que “ella es capaz de describir en el aire las más graciosas y complicadas piruetas”.