Segunda independencia

Milagros Socorro

Cuando Nicolás Maduro se descarría del caletre suministrado por sus jefes cubanos, suelta perlas como “facebur” (para referirse a la red social) y “hora loca” (en alusión al encrespamiento de los rumores esparcidos como sustituto de la escasa y poco fiable información oficial acerca de la enfermedad de Chávez). Pero estas aportaciones personales son escasas. Por lo general, el Vicepresidente repite, de manera obediente, todo lo que lo ponen a decir, incluidos conceptos y comentarios sobre eventos históricos que él desconoce, lo que queda en evidencia no solo por su inseguridad al hablar sino por sus numerosos disparates, propios de alguien que no ha leído sobre el asunto del que perora, sino que reproduce algo que ha escuchado. Ejemplo de esto es la mención a la Enmienda Platt que en boca del ignaro resultó en “Enmienda Plac”.

Este primero de enero, Nicolás Maduro dio a Telesur una “entrevista” (en realidad, un ardid propagandístico donde la supuesta periodista se disolvía en zalemas y planteamientos complacientes), que versó principalmente sobre la historia de Cuba y cuya finalidad era presentarlo como un individuo de ciertas luces, capaz de sustituir a Chávez porque entona la misma cartilla.

En la aburridísima tabarra –nunca interrumpida por la “periodista”- Maduro afirmó que Chávez había sido el autor de la “segunda independencia de Venezuela”. Pero héte aquí que el sobrevenido líder sindical (es la nueva identidad que le han fabricado a quien siempre fue conocido como un agitador de poca monta), estaba haciendo un acto de lanzamiento como candidato a la Presidencia desde Cuba y con el acento de Luyanó que adoptan los catequizados por los Castro.

La sola dependencia mental (erótica, se diría) de los jerarcas bolivarianos con La Habana echa por tierra cualquier atisbo de independencia. Se trata de una subordinación inexplicable, puesto que la plata es de Venezuela. Pero los hechos demuestran que son los muertos de hambre cubanos quienes dan las órdenes y diseñan el devenir venezolano. El generalato cubano manda en Venezuela, es ventrílocuo de los más altos funcionarios del régimen venezolano… y son aquellos quienes instruyen a estos para que insistan en la tal “segunda independencia”, que no es más que una bofetada para los venezolanos.

La verdad es que Venezuela se encuentra en una bancarrota de su soberanía; y su independencia no es más que una anécdota marchita en los libros de Historia. En unas pocas semanas, tuvimos noticias de los tres grandes factores de opresión que enfrenta la república bajo la hegemonía de Chávez. El primero es el que ya hemos expuesto: El Presidente de la República convalece en Cuba, de donde proviene la fuerza de ocupación que opera en las fuerzas armadas, ministerios y numerosas instituciones oficiales, así como en las individualidades en el poder.

El otro torniquete es el que supone la guerrilla colombiana, principalmente las FARC, que en la actualidad ejerce un imperio de terror en las zonas fronterizas, mediante la extorsión y el secuestro. Los productores del agro y los comerciantes de los municipios Machiques de Perijá y Jesús María Semprún, en el Zulia, son obligados a pagar vacuna a los irregulares que los acosan con sus fusiles. “Impuesto de paz”, lo llaman con todo descaro e impunidad. Para estos venezolanos no hay independencia de ningún tipo, puesto que son obligados a entregar la utilidad de su trabajo a los delincuentes que campean sin obstáculos; y que los ha reducido a la economía de alcabala que aplicaba el rey en la Edad Media como principal forma de engordar la hacienda real.

Si esto fuera poco, de Brasil acaba de llegar un ultrajante recordatorio de nuestra precaria soberanía. La presidente de Brasil, Dilma Rousseff, hizo saber a los herederos de Chávez que, “si no respetan un eventual llamado a elecciones”, serán castigados. Tal como dijo la prensa del vecino gigante, “Brasil está preparando una acción para garantizar la estabilidad en el país caribeño”. Una advertencia que, ciertamente, no se le hace a un país independiente.

Un país humillado por una fracasada dictadura cuya vetusta nomenclatura tiene en sus manos todas las decisiones; castigado por una narcoguerrilla a la que se le ha concedido el derecho de martirizar venezolanos, extraer alimentos y contrabandear gasolina; deshonrado por un vecino de arrogante diplomacia, que nos agita un dedo en la cara, y acusa a las autoridades de estar tentadas a dar un golpe de Estado… un país así, decíamos, es dos veces, mil veces, dependiente.

 

Publicado en El Nacional, el 06 de enero de 2013